Por: Mariel Varela
Nada de Abracadabra. Las palabras mágicas de Omar Varela están lejos de la fantasía: "Vengan al teatro", pide.
Sabe que los niños están un poco alejados de las tablas: TV cable, Play Station y computadoras robaron espacio al cine, teatro y Parque Rodó, los clásicos paseos de las antiguas vacaciones de julio. "Ahora los chicos tienen en su casa todo lo que quieren para poder divertirse. Pero el teatro sigue vivo y a los chicos les encanta", declara.
Algo sabrá porque desde que realizó su primera obra infantil, El cuento de Catalina (1979) no paró. Y sigue apostando al género. Este sábado 25 de junio estrena Palabras mágicas en el Teatro del Anglo, con funciones diarias en vacaciones de invierno a las 16:00 horas.
Hará debutar a Karina Vignola (la madre) y Ximena Barbé (Julieta, la hermana celosa y peleadora). Ambas destacan el aval que supone la trayectoria del director para animarse al desafío: "Omar está en todos los detalles. Entonces estoy tranquila y segura de que todo lo que haga va a estar bien", comenta Karina.
estrategia. Se acercó a los protagonistas para entrar en su mundo y comprender su lenguaje. Omar escuchó hablar a sus sobrinos, los hizo dibujar y se sentó a ver dibujitos animados con ellos. "Se prende la televisión y es como si les dieras un chupete, quedan paralizados, no mueven un músculo", se sorprende.
A raíz de esa observación se le prendió la lamparita y elaboró una estrategia: contar la historia en formato de sit-com americano con su estética, música y efectos. "La idea es que el niño sienta que está viendo un programa de TV. Tomé esa decisión por la forma en que se relacionan con los medios", reflexiona.
La magia que tiene el teatro no la tiene la pantalla. Aún así, la parafernalia técnica no es algo menor y exige aumentar el nivel sobre las tablas para equilibrar.
-¿Cómo se compite con los dibujitos animados?
-Lo más importante es tratar de llegar al lenguaje del chico. En mi caso personal, trato de buscar cierta poesía para quebrar un poco esa cosa tan fría y técnica que tiene la televisión y los dibujos animados. Trato de buscar por el lado de los sentimientos para que los chicos se incorporen al mundo de los personajes, que se divierten, sufren, se ríen. Trato de hacer algo que los conmueva y les provoque algo más que la euforia que les puede llegar a generar un juego de Play station.
técnicas. Leyó el guión de Julio Morère, le gustó, visualizó la historia y decidió trasladarla a las tablas. "Si no me pasa nada con una obra de teatro escrita por otra persona, no la hago", sentencia Omar Varela.
Palabras mágicas cuenta la historia de una clásica familia integrada por el papá (Gustavo Casco) la mamá (Karina Vignola) y sus dos hijos: Fabricio (Yoni Kurlender) y Julieta (Ximena Barbé). El varón recibe como regalo de cumpleaños un juego de magia, "hace lo que dice la caja pero no le sale nada. La madre, conmovida y un poco sintiéndose culpable por el regalo, le hace creer que la convirtió en perro", cuenta Omar.
A Karina, entonces, le tocó acercarse más a sus mascotas que a su pequeña Luana. "Más que a mi hija tuve que mirar a mis caniches", bromea.
El componente de magia queda a cargo de Campanita, una payasa que hace figuras con globos -perros, palomas, triciclos, la Pantera Rosa-. "Los chicos viven momentos de magia" con la aparición de esta reconocida artista.
Apelar a la naturalidad, espontaneidad y no hablar a los niños "como gansos". Así apuntaló el director a su elenco. "Es casi como ver un programa de TV. La técnica es la misma que cuando los están filmando", indica Omar. "La idea no es hacer personajes infantiles que hablen aniñados, sino hablar con voz de adultos con un texto dirigido a ellos. La actitud y el vestuario también dan otra connotación", complementa Ximena.
A ella le divirtió el ejercicio de volver a la infancia. El truco que le dio Omar para encontrar su personaje fue jugar con las voces de los dibujitos animados. "Miré desde Discovery Kids hasta Los increíbles. Como mi personaje es un poco ácida y peleadora traté de agarrar a la villana de Aventuras en pañales. Y mi fijé qué cosas o la repetición de qué frases le causaba gracia a mi hijo Matías", cuenta.
A Omar le entusiasma llegar al ensayo y que los actores aporten su cuota inventiva. "Me gusta que hagan propuestas porque sino es un embole. Me gusta que participen y den su punto de vista", afirma.
Karina no conocía esa faceta del director y al principio no quiso arriesgarse para evitar quedar como entrometida. "Decirle algo a Omar Varela, qué atrevida yo. Pero cuando lo conocés, ves lo simpático y generoso que es, no sentís que estás con Omar Varela, sino que es un compañero más. Ahí me empecé a animar", cuenta quien pidió permiso para agregar toques de humor a su personaje. Y Omar agradecido: "Karina me sorprendió muchísimo. Es muy dúctil, propone, se divierte mucho", halaga.
"Los más terribles". Omar no cree llevar un niño adentro pero esta experiencia lo retrotrae a sus años de infante. "Me hace acordar a lo insoportable que era yo cuando era espectador porque me metía en todo. Creo que los actores de las obras que fui a ver cuando era niño me deben de haber odiado porque intervenía sin parar", recuerda.
Guarda viva esa imagen; está latente y presente cada vez que se propone armar una obra infantil: "Los espectadores más terribles son los chicos".
Una enseñanza: "El público más exigente y espontáneo es el infantil. Además, es el público que más se preocupa por saber qué está sucediendo y que disfruta más de lo que pasa", dice.
-¿Qué sentimientos te despierta pensar en el público infantil?
-Me da pánico. Me genera un poco de miedo, pero por otro lado, me da mucho placer porque voy a poder provocarles interés en algo.
-El público infantil es algo más exigente que los adultos, ¿cómo se preparan para enfrentarlos?
-Karina: A los adultos si no nos gusta algo, aplaudimos igual por respeto; nos vamos y defenestramos la obra. A los niños, si les gusta, bárbaro, sino lo van a demostrar en el momento. Ellos son lo más realista que hay y a mí me encanta. No me tira para bajo ni me da miedo, al contrario, para mí es todo un desafío y me gusta que sea así.
Ximena: Es lo único que me pone más nerviosa y me estresa porque con Yoni tenemos un juego con los niños del público y hasta el día del estreno no sabemos cómo van a reaccionar. Además, todos los días cambian los niños: hay unos que te siguen más y otros menos. Lo importante es ser clara y divertida para que se enganchen y después ver qué pasa".
Un consejo: "Si alguien interviene, los actores tienen que responderle porque sino el chico queda trastornado", dispara el director.
Hacer teatro para chicos no es para cualquiera: "Hay una cantidad de actores que no se animan y otros que, aunque quieran, no pueden porque son amargos. Precisás gente divertida, simpática, que quiera ser feliz y estar contenta. Si conseguís todo eso, te va bárbaro", asegura confiado Omar Varela.