Mis días entre las vuvuzelas

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Por: Miguel Bardesio

Cuando Sebastián Beltrame regresó de Sudáfrica, le pasó algo raro. "Llamé a varios amigos para invitarlos a ver los partidos de Uruguay conmigo, pero ninguno quiso. Al final los miré solo", se ríe el comunicador. La razón es muy sencilla: el conductor pasó toda la primera fase en tierra africana, y a la vuelta, nadie quería sumarlo al sillón para mirar por la TV los partidos celestes. En tiempos de cábalas, un recién llegado puede arruinarlo todo.

Sorprendido y encantado por los decibeles de alegría que ha despertado la campaña celeste, Beltrame pisó tierra charrúa hace unos 10 años después de dos semanas de trabajar (y alentar) en Sudáfrica. Él mismo grabó, entrevistó y editó decenas de horas de un material que se vio en parte en distintos espacios de Canal 4 (Telenoche, Buen día Uruguay), pero la mayor parte queda reservada para un ciclo de programas especiales que se verán próximamente.

"Fui con una visión itinerante; mostrar Sudáfrica como país, más allá del circuito turísticos y además, registrar el aliento por Uruguay", comienza a describir el conductor de En foco (Canal 4, sábados a las 9:30). Beltrame estuvo en la tribuna en los primeros tres encuentros de Uruguay: "Fue increíble; muchos uruguayos nos encontrábamos antes, hacíamos la previa en el centro y después salíamos al estadio. Había un ambiente impresionante. Y en el festejo nos pasábamos horas, de repente el partido terminaba a las seis de la tarde y no salíamos hasta las ocho del estadio; dos horas festejando", relata.

Como muchos, Beltrame no esperaba tan buen desempeño celeste y fijó la vuelta una vez finalizada la serie de grupos. Quiso quedarse, pero por estos días está por embarcarse hacia tierras centroamericanas junto con el buque Capitán Miranda y debía ajustar estos preparativos.

En medio entre un viaje y otro, Beltrame se hizo un rato para conversar con Sábado Show sobre lo vivido en tierras sudafricanas.

-¿Qué fue lo que más te impactó?

-Yo hice un recorrido atípico; todo por tierra. En general, como son distancias de 1.000 o más kilómetros o más entre ciudades, la gente lo hace por avión, pero nosotros preferimos tomar las rutas. Nos fuimos quedando en pueblos en el medio y ahí me di cuenta de que Sudáfrica tiene dos caras muy marcadas. Una cosa son las zonas turísticas o residenciales donde ves Ferrari, mucho lujo y dinero. Ahí son todos blancos, los únicos negros son los empleados. Saliendo de ahí, tomás la ruta y en el medio campo te encontrás con grandes ciudades de lata, que son la periferia de las ciudades pero no como en América Latina donde hay conexiones. No. Está la ciudad, hay campo y luego la periferia. Allí viven los pobres y no vi ningún blanco. Esto es lo más me llamó la atención: estuve 15 días, recorrí todo el país y vi rubios re blancos de ojos celestes y negros re negros, pero no me encontré con ningún mulato, como que no hay casi conexión entre las razas. El apartheid habrá terminado, pero las diferencias siguen siendo muy importantes.

-Has viajado por muchas partes, ¿a qué te hizo acordar?

-Depende. En el campo, por ejemplo, encontrás pueblitos que son como de la campiña inglesa. La Iglesia anglicana, las casitas. Esos son ganaderos y también son blancos. Las zonas costeras tiene un parecido a los balnearios uruguayos; Port Elizabeth se parece a Piriápolis. Otros me hicieron acordar a La Barra, por ejemplo. El clima es el mismo que el nuestro, solo que allá hay montañas y muy altas. En esas zonas tiene un aire al norte argentino.

-¿Qué porcentaje de la gente que hablaste sabía qué era Uruguay?

-Muy pocos. Y los que sabían era porque compartíamos el grupo con Sudáfrica. Pero ni así. Les importa poco y nada el fútbol. Les gusta más el espectáculo de ver los partidos, los colores que la competencia en sí. De hecho, cuando les ganamos, muchos sudafricanos vinieron a felicitarnos por lo bien qué les habíamos ganado.

-¿Se formó una especie de comunidad uruguaya para alentar?

-Sï, nos encontrábamos antes y después festejábamos juntos.

-¿Seguías alguna cábala?

-No, pero un amigo que sigue allá sí. Para todos los partidos se ponía los mismos calzoncillos. Terminaba, se lo sacaba y lo guardaba en una bolsita ziploc. No lo lava desde las Elminatorias (risas)

-¿Hiciste un safari?

-Sí, estuvimos en un parque nacional. Y justo coincidimos con la selección; ahí vimos lo que mucha gente dice y que es cierto: hay un muy buen ambiente entre ellos. Hicimos el safari casi juntos: los parques nacionales son áreas protegidas adonde entrás con un guía y podés entrar solo con tu auto, hay caminos y te vas encontrando con animales salvajes.

-¿Lo que menos te gustó?

-Y... lo que a todo el mundo. Las vuvuselas se vuelven insoportables en un momento. Originalmente, era un cuerno zulú que se usaba para comunicarse en las distancias. "Vuvu" quiere decir hacer ruido y eso hacen. Pero han transformado la vuvusela en un deporte, todo el tiempo la tocan sin ninguna causa. No es que festejen algo, simplemente la tocan y a veces te enloquece, pero te adaptás con los días.

-¿El nivel de hospitalidad?

-Como muchos pueblos de África, los sudafricanos son muy amables. Siempre reciben muy bien a los visitantes, te agradecen que hayas ido, te ayudan en todo lo que pueden. Son muy hospitalarios y tienen una cultura de alegría, que compararía con algunos países centroamericanos. Siempre están sonrientes, alegres.

-Y a las sudafricanas, ¿en qué lugar las ubicarías en la escala de belleza?

-Mmm, en el medio. No son ni muy hermosas ni muy feas.

-¿Una comida sudafricana que recomiendes?

-Como nosotros, son muy carnívoros, pero tienen más variedad. Además de carne de vaca, comen mucho avestruz, impala, sping box, que es un ciervo africano. Es muy común que las casas tengan un parrillero idéntico al nuestro para hacer carnes asadas. La condimentan mucho: le ponen una salsa agridulce y mucho picante; tanto que para nosotros es intragable. Si pedís sin picante, igual pica. No hay que olvidarse que Sudáfrica está en la ruta de las indias, los portugueses que llevaban las especias a Europa, entonces como que quedó esa cultura. En los kioscos venden unas bolsitas como de snacks, pero de trocitos de carne seca. Me traje una de avestruz.

-¿Te hiciste de algún amigo?

-La verdad, no tuve mucho tiempo. Fueron 15 días muy intensos, no estábamos más de dos o tres días en algún lugar y salíamos de nuevo. Grabamos mucho material. De hecho, llegué acá y dormí como dos días de corrido.

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