El sacrificio es la clave

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Por: Mariel Varela

Dos horas y media de viaje por la Interbalnearia y un par de peajes separan a La Clave de los tablados capitalinos y el Teatro de Verano. Se trata de la única murga del Interior que se traslada desde San Carlos cada noche para concursar en los escenarios montevideanos. Practican esta rutina desde 2009 pero los orígenes del conjunto se remontan a 1997.

En los noventa eran un grupo de jóvenes unidos por un vínculo generacional y espacial (San Carlos). Compartían el liceo, el cuadro de fútbol y el gusto por la fiesta popular de febrero. "Las dos semanas de carnaval local nos privaba de alguna etapa en el Teatro de Verano, pero siempre nos hacíamos una escapada, o veníamos a ver la ronda de ganadores", cuenta Álvaro González, director y fundador de La Clave. Por eso se juntaron, para hacer el carnaval que les gustaba.

La televisación cambió esa historia y dio vuelta la torta. "Antes para ver una murga de Montevideo tenías que trasladarte o pedirle a un vecino que te prestara un cassette. Hoy los medios de comunicación acercan muchísimo", comenta.

Hace tres años el cuenta kilómetros del ómnibus que los traslada durante todo el carnaval aumentó y aumentó. ¿La razón? Después de diez años obteniendo primeros puestos en concursos de Maldonado y San José, y recorrer tablados en el interior del país, se atrevieron a dar el gran salto. Se presentaron a la prueba de admisión en Montevideo, la pasaron, y el 2009 los encontró jugando en primera. "Somos carnavaleros de toda la vida. Siempre nos gustó la murga, y quién no quiere jugar en el Estadio Centenario", compara en términos futbolísticos.

Del staff original se mantienen apenas cinco componentes. Cada uno de estos muchachos supo ser simpatizante de alguna murga montevideana (Colombina Che, la Reina de la Teja, Araca la Cana, Curtidores de Hongos). "Es como en el fútbol, Peñarol y Nacional son de Montevideo pero tienen hinchas en todo el país", vuelve a hacer una analogía futbolera.

Debutar el primer día de la segunda rueda no los tenía muy contentos: "Seguimos pagando eso de ser lo nuevos y siempre nos toca abrir. Veníamos un poco desconformes por ese lado", asegura Álvaro. La noche del 18 de febrero se movilizaron entre 300 y 400 personas que hicieron ciento y pico de kilómetros para ver a la murga de sus pagos. Para rematar el trago amargo de inaugurar la ronda, la lluvia sorprendió en la mitad de la actuación de Araca la Cana, cuando ya estaban maquillados, con la escenografía pronta y la adrenalina a mil para salir al escenario.

La etapa de esa jornada quedó suspendida. "Se perdió muchísima plata que no tenemos y muchísimo tiempo de sacrificio de los integrantes, los utileros, la gente. Un trago amargo. Pero si lo separás de ese contexto, al concurso le vino bárbaro porque no es lo mismo cantar el primer día que el penúltimo", comenta el director de la murga.

Hubo revancha el lunes 28 de febrero. Tuvieron que retomar el boca a boca para avisar en el pueblo. Organizaron nuevas excursiones, llamaron a las radios del departamento para difundir, mandaron mensaje de texto a los amigos para que acompañaran. El ómnibus volvió a estacionar en la puerta del Ramón Collazo a las 22:30 y la pregunta del millón mientras alguien se dedicaba a pasar lista en la entrada fue, cómo está esto de gente. "A pesar de que el teatro no estaba lleno, que eso perjudica bastante, se disfrutó. La mitad de la gente era de Araca y la otra de La Clave, y la gente de Araca se quedó. Era un público lindo para cantarle", asegura el director.

Álvaro González conversó por teléfono con Sábado Show la tarde siguiente a esa actuación en el Teatro de Verano. Eso sí, el director y fundador de La Clave tuvo un único reparo para acceder a la entrevista: que la llamada fuera después de las 14 horas porque recién iba a llegar a San Carlos y apoyar la cabeza en la almohada a las cinco de la mañana, y necesitaba recuperar el sueño.

esfuerzo. Los muchachos de La Clave combinan el gusto por el carnaval con sus jornadas laborales porque la murga no les da de comer. Se las ingenian y se adaptan a la realidad de la zona geográfica que habitan. "En febrero estamos en plena zafra turística. En Montevideo la gente empieza a tomarse la licencia a partir de diciembre, pero en Maldonado es al revés, se intensifica el trabajo. Hay gente capacitada artísticamente que no se dedica al arte porque no le da el tiempo".

-Viven en San Carlos y se trasladan todas las noches, ¿cuesta el sacrificio?

-Es la parte más dura. Todos trabajamos y volvemos a eso de las cuatro de la mañana. Al otro día hay que cumplir un horario normal de trabajo. Es bravo. Una cosa es un día, una semana, pero después de 20 días se complica, y el no dormir te va desgastando. Es un sacrificio extra pero no nos quejamos porque lo disfrutamos.

fernandinos. El ómnibus parte de la sede (el Club Peñarol) dos horas y media antes del primer tablado. Se toman precauciones respecto al tiempo porque pueden surgir inconvenientes a último momento: "Los domingos se tranca todo. Nos hemos encontrado con paros en los peajes. El otro día había una manifestación por los semáforos. Estamos enterados de todo lo que pasa en la ruta", cuenta.

El viaje de ida es pura motivación. Se utiliza para comer, tomar una, leer notas alusivas a la murga y reírse de sí mismos. La vuelta tiene otro fin: descansar. "Salimos de Montevideo, se apagan las luces y dormimos. Hay muchos compañeros que los días en que hay muchos escenarios, las únicas horas que duermen son las que pasan arriba del ómnibus", relata Álvaro.

-Las murgas tienen hinchada, ¿los seguidores de La Clave son de San Carlos, de Montevideo o es público compartido?

-Es muy difícil hacerte un lugar en Montevideo donde hay conjuntos con muchísima historia. Nosotros tenemos tres años en el carnaval de Montevideo. La gente que nos acompaña es de San Carlos y yo creo que los que nos acompañan de Montevideo son esos que no dejan de ser hinchas de su conjunto pero de repente les cae en gracia el espectáculo de La Clave o sienten simpatía por una murga que viene desde allá y toma el carnaval de otra manera.

La noche que les tocó actuar en la segunda rueda, los murguistas notaban que el carnaval se había "enfriado" por la cantidad de etapas suspendidas. A La Clave le tocó calentar la garganta sin mucha gente que acompañara en las canteras. Pero el diálogo con un tachero, que había dejado su taxi estacionado, bastó para dar aliento.

-Tachero, viniste. Faltaste la primera rueda pero hoy estás al firme.

-Y bueno, tengo que hacer plata también. Mucha suerte.

festejos+plus. La noche de fallos es una tradición. Se cierra la calle del Club Peñarol en San Carlos y arranca el ritual. Se invitan orquestas para que la gente "la vaya llevando", se prende un fueguito, y se comparte con familiares y amigos. "Ahí va toda la gente que estuvo con la murga en muchísimos aspectos. Es el momento que tenemos para agradecerles y compartir con ellos lo que no se puede durante todo febrero porque vamos y venimos", indica el director.

El debut en 2009 vino con premio. Salieron quintos en la categoría y fueron galardonados como revelación del carnaval. El acontecimiento fue tal que hubo caravana en el pueblo. "No sabíamos ni si pasábamos la prueba de admisión y de ahí a lograr todo lo que se logró... No es que uno no crea en lo que hace pero es un gran mérito ver a la murga con los conjuntos históricos del carnaval y estar en el medio", asegura.

-El quinto puesto les abrió las puertas para ingresar al mercado argentino, por ejemplo.

-Gracias a eso surgió todo lo demás. Lo que pasa es que el carnaval de Montevideo es una vidriera muy grande (la TV, internet).

-La Clave fue la primera murga en actuar en el Centro Argentino de Teatro Ciego, ¿cómo surgió la chance?

-Un productor de la Editorial Perfil en Buenos Aires es amante de la murga uruguaya y se toma vacaciones para venir en febrero. Saca los abonos y va todas las noches al Teatro de Verano. Le llamó la atención nuestra murga, tuvo que hacer una producción en Punta del Este, se enteró de que estábamos cerca y fue a ver un ensayo. Después lo vimos otra vez en el Velódromo y en el Teatro. Cuando terminó el carnaval, nos llamó, se presentó, y nos dijo que era productor y quería llevar la murga a Buenos Aires. Y así llegamos.

-¿Cómo vivieron la experiencia en el teatro ciego?

-Increíble, es todo sensaciones. Fluye la comunicación con la sonrisa, el aplauso del público, la voz de tu compañero. Cuando termina, prenden la luz de golpe y estás totalmente perdido. Incluso hicimos toda la puesta en escena y los movimientos porque vimos que después de que el espectáculo está hecho, no es lo mismo cantar parado que en movimiento.

Recompensa. Álvaro no recuerda detalles del primer tablado en Montevideo. Pero sí tiene patente las peripecias que atravesó la murga en sus primeros escenarios. "Lo más difícil era llegar a los tablados. Si bien conocíamos Montevideo, una cosa es tener idea del barrio y otra encontrar la esquina. Esa parte estuvo brava pero con la ayuda del GPS y los mapas, logramos dar", cuenta riéndose.

-Imagino que el primer Teatro de Verano sí lo tendrás en tu memoria...

-Inolvidable. Si hubiera sido mujer, hubiera sido como un cumpleaños de 15. Es una de las cosas hermosas que pasan en el carnaval y por las cuales vale la pena pasar por esas penurias, para vivir esa noche. Cuando bajás y te preguntan, "¿qué sentiste?", la respuesta sería "no sé qué sentí, pero todo el sacrificio que hice valió la pena por este momento".

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