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Recorre el mundo llevando el tango desde Uruguay. Cumple 30 años en esos bailes. Se presenta en la Sala Zitarrosa el 26 de noviembre con un nuevo espectáculo.
Para Nelson Pino treinta años son muchos viajes y cientos de tangos cantados. "Este año viajé mucho", dice. "Europa, Colombia, Estados Unidos y Brasil. Es como una cosecha de todos los años". Pero el cierre es en Montevideo. Pino se presenta el próximo sábado 26 de noviembre en la Sala Zitarrosa con un espectáculo nuevo donde celebra las tres décadas. Con él habló Sábado show sobre el festejo y su trayectoria.
-¿Cómo te acercaste al tango?
-Mi padre toca bandoneón y escuché toda la vida ensayos de orquesta y me fui metiendo en el género. A mí me encanta toda la música, pero hasta más del bolero no voy. Me encanta la música romántica y me encanta el rock porque tengo un hijo adolescente pero la mayor influencia es la de mi padre. Empecé a los 9 años a cantar música folklórica y música melódica de la época y a los 20 me decidí y monté una orquesta.
-¿Y los viajes cuándo empezaron?
-Esto empezó en 1991 cuando un amigo me dijo que tenía que cantar en el exterior, en Estados Unidos. Él, que no era del ambiente musical, se llevó material y se lo dio a un empresario y ahí empezó todo. Empecé a ir a Toronto muy seguido y a Montreal y a tener muy buena prensa allá. Después pasé a Estados Unidos y luego a Japón y a Sudamérica y sigo yendo a Canadá, ya fui como 11 veces. Ahora ya me llaman porque mi nombre suena. Al principio me contrataban para eventos particulares, pero ahora desde hace dos años que viajo en representación de Uruguay por el Ministerio de Relaciones Exteriores. Cuando voy a Estados Unidos voy a la embajada de Uruguay a cantar, pero desde hace poco también me envían en representación del país, a Colombia por los festejos del Bicentenario, a Finlandia a la Cumbre Mundial del Tango, a Brasil fui con la gente del Ministerio de Relaciones Exteriores en una gira fronteriza: Rivera, Santa Ana, Artigas, Cuaraí, Río Branco, Yaguarón, Pelotas, Porto Alegre y todo Río Grande.
-¿Cómo es la recepción en el exterior?
-Lo que tiene de interesante es que yo muchas veces fui a cantar a lugares pura y exclusivamente de latinoamericanos y se colaba alguna persona del lugar. Ahora es al revés, yo voy a cantar con una orquesta sinfónica que se llama la Orquesta Sinfónica Panamericana, que tiene sede en Washington y actúa todos los años en la Universidad de Washington, y ahí va sobre todo público norteamericano y algún latinoamericano. Eso para mí es interesante. Está bueno hacerle sentir nostalgia a la gente que emigró hace muchos años pero es también lindo que te conozca gente de otros lugares. Como en Japón, yo fui en el 93 y 94 y en esa época vi 2 uruguayos, eran todos japoneses, les encanta, bailan y tocan muy bien
-¿Qué transmite?
-Lo sienten hasta más que nosotros, es tremendo. Yo actué cuatro años en la casa de Matos Rodríguez, el autor de La cumparsita, en Nueva York y Yaguarón y va mucha gente sobre todo japoneses y se ponían a llorar por la emoción por el tango, por La cumparsita. Yo no sé, les viene algo, es inexplicable. Ellos no entienden las letras, cantan por fonética. Es la magia del tango. El tango tiene mucha fuerza, si no salís de aquí no sabés la dimensión que tiene el tango.
-¿Y en Uruguay cómo ves el tango?
-No me gusta el tema de las fusiones. Me gusta escucharlo pero no lo reconozco como tango. Me encanta escucharlo, unos temas preciosos. Pero no tiene la base del tango, tiene otro ritmo, tiene electrónica. El tango cuanto más acústico mejor. Y no te estoy hablando de la guardia vieja. Yo te admito el tango hasta Piazzolla, pero más allá, no. En cuanto a los jóvenes, cuando yo era joven y comencé con el tango mis referentes eran los que estaban en ese momento. Ahora esta generación no nos tiene a nosotros como referentes porque tienen otra concepción del tango. Mucha gente se metió en el tango porque el tango es moda, gente que no tiene nada que ver con el tango. Y hay mucha gente que está imitando eso.
-¿Qué balance hacés de estos 30 años?
-Sumamente positivo. Es todo a base de esfuerzos, pero no tuve grandes fracasos y fue una sumatoria de trayectoria que hoy recojo los frutos pero que fue toda a base de trabajo, no fui ni soy moda. Fue una permanencia de 30 años, que acá es difícil más si no tenés cuña. Yo me siento orgulloso de mi carrera. Me están saliendo cosas maravillosas que hace 30 años ni imaginaba.








