Estado delicado

Un informe revela altos niveles de insatisfacción de los anestesistas con su trabajo. Otro advierte la falta de especialistas para llevar adelante la reforma de la salud. Ángulos escondidos de un conflicto de perfil alto.

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Paula Barquet

Hay tres puertas en esta edición ficticia de El Show del Mediodía. En vez de números, en las puertas del juego se leen pequeñas pistas. Los jugadores, unos 300, se muestran bastante seguros de cuál será su opción. Más adrenalina se siente en la tribuna que entona "qué será, será, será lo que deba ser".

En las pistas de la primera puerta se anuncian contratos de alta dedicación horaria y sueldos de 90 mil pesos en la mano. Sin embargo, los que juegan sospechan que detrás de ella se esconden operaciones mal coordinadas, higiene e infraestructura insuficiente, descanso casi nulo, casos más graves que en ningún otro lado y todo por un salario que es casi la mitad de lo que pueden obtener en las otras opciones. La eligen apenas un par de jugadores.

La siguiente puerta vende los mejores sueldos en las mejores condiciones, pero en Chile o España. Quizá la desventaja sean los miles de kilómetros lejos de la familia. Optan por ella unas decenas.

Por último, la tercera puerta promete contratos de pocas horas en distintas instituciones del país, guardias a piacere y estabilidad laboral, sumando sueldos de 150 mil pesos o más. La puerta, que eligen casi todos los jugadores, genera gran decepción en la tribuna que empieza a abuchearlos y gritar a coro: "anestesistas, vergüenza nacional".

En realidad no es un juego. Se trata de la peor crisis de recursos humanos en salud que ha enfrentado Uruguay. Tanto que el presidente José Mujica la denominó "emergencia sanitaria" y no dudó en disponer millones del codiciado presupuesto quinquenal para solucionarla.

Cuatro mil operaciones suspendidas: cuatro mil personas con la salud en vilo. Unos 300 anestesistas protagonizan un conflicto complejo, multicausal y de larga data, reducido a maniqueísmos y símbolos de pesos.

Dos documentos a los que accedió Qué Pasa muestran aspectos de esta historia que han pasado desapercibidos. Uno, interno de la Escuela de Graduados de la Facultad de Medicina, advierte la falta de profesionales no solo en anestesia sino en 10 especialidades más, y augura serias dificultades para la implementación de la reforma sanitaria.

El otro, una investigación de la Cátedra de Anestesiología, demuestra los altos niveles de insatisfacción con los que trabajan los anestesistas en Uruguay y explicita una imperiosa necesidad de tomar medidas para retenerlos en el país.

faltan especialistas. "Existe un déficit general de disponibilidad de recursos humanos, y ese déficit muestra tendencia a incrementarse en el corto y mediano plazo", se lee casi al comienzo de un informe con fecha 14 de noviembre de 2010, titulado Criterios para estudiar el estado de situación y el proyecto prospectivo en recursos humanos en salud a 20 años.

"Si no se establecen medidas correctivas -prosigue el documento- es de prever la reiteración de situaciones críticas y fuertes dificultades para la construcción del Sistema Nacional Integrado de Salud (SNIS) y el desarrollo de las empresas de salud que lo componen".

No es una situación nueva. De hecho los conflictos con los anestesistas podrían remontarse a la década de 1990, cuando bajo la administración del ex ministro de Salud blanco, Carlos Delpiazzo, los anestesistas acordaron cobrar por acto médico (en concreto, anestesias aplicadas) y no por jornada laboral.

Ya eran pocos médicos de esta orientación -la Anestesiología como especialidad empezó a reconocerse como tal hace 50 años- y sus servicios comenzaron a ser cada vez más necesarios porque la anestesia se fue volviendo indispensable para procedimientos que antes no lo era. La Sociedad de Anestesiología del Uruguay (SAU) defendió la formación y fue desterrando la idea de que otros médicos o incluso enfermeros los sustituyeran en la supresión del dolor de los pacientes.

El deterioro del sistema público. La presión por mejores salarios. La crisis de 2002. Pocos cupos para la formación de aspirantes a Anestesiología. La decisión del Ministerio de Salud Pública que permitió evitar los gastos de seguridad social aunque arriesgándose a no contar con ellos. La reforma sanitaria que aumentó la cobertura de salud y abrió las puertas de las instituciones privadas a quien quisiera ingresar. La renuncia al sector público de 50 anestesistas en 2007.

Todo eso conforma el entramado de un conflicto que este año alcanzó dimensiones sin antecedentes.

La Facultad de Medicina se incluye en una autocrítica que, según sus autoridades, debe realizar todo el sistema de salud: "No hemos planeado a mediano y largo plazo. Porque no sabíamos que el mundo iba a cambiar (...) Nunca tuvimos una crisis de este tipo", opinó Ángel Ginés, director de la Escuela de Graduados (ver entrevista en páginas 7 y 8).

Según Ginés, y tal como menciona el documento antes citado, la implementación de la reforma sanitaria agrandó la brecha entre la demanda de servicios asistenciales y la oferta de médicos disponibles. Además, el jerarca de Medicina opinó que en uno de los tres pilares del SNIS "no se avanzó nada": la gestión de los recursos médicos. "La reforma marchó más rápidamente en la equidad y el financiamiento", pero lo otro es "lo que puede responder al crecimiento", dijo.

Qué Pasa intentó comunicarse con las autoridades actuales del MSP y con las anteriores, que fueron las que instalaron el SNIS, pero no obtuvo respuesta.

Una fuente de la Administración de Servicios de Salud del Estado (ASSE), reconoció cierta "falta de planificación" con la reforma, pero en defensa del gobierno anterior argumentó que "planificar es ideal, pero te pasás tres años haciéndolo y después no hay una política de Estado porque cada cinco años es una incertidumbre".

Agregó que el equipo de salud del gobierno de Tabaré Vázquez podría haber esperado que se formaran los médicos especialistas necesarios antes de implementar el SNIS, pero que "son cuestiones político-partidarias": "no se sabía si el Frente iba a tener un segundo período".

Según el documento interno de la Escuela de Graduados, Anestesiología no es la única especialidad con demanda insatisfecha: hay 10 más en esa situación (Pediatría, Traumatología, Urología, entre las más urgidas). Además, el informe incluye una lista de 13 especialidades con "demanda insatisfecha a futuro próximo" (Cirugía General, Geriatría, Neurocirugía, entre otras).

Así, 24 de las 50 especialidades que hay en el país están en problemas. Y eso que para 2009 el Parlamento aprobó un aumento de los cupos de residentes, de 200 a 300 por año. El aumento fue de 40% para el promedio de las cátedras, y de 70% para Anestesiología en particular.

Medicina ha tomado otras medidas para paliar la falta de anestesistas: aunque hay solo una cátedra, es una de las más numerosas de la facultad, y además ha descentralizado sus servicios de docencia y asistencia en los principales hospitales públicos (no solo en el Clínicas).

De todas formas, la Universidad no tiene más potestades que la formación. El resto (distribución, gestión, eficiencia) compete a las instituciones de salud y al MSP, que es el organismo rector de las políticas. Hace unos meses el directorio de ASSE trazó un mapa de las localidades con mayores carencias en recursos humanos y materiales, previendo su fortalecimiento. Aún no se han visto resultados.

Desde mediados de este año delegados de Salud Pública y las facultades de la Universidad vinculadas a la salud se reúnen con el objetivo de instalar un observatorio nacional de recursos humanos en salud, pero todavía no hay nada operativo.

De todas formas, Uruguay es el país de América con más médicos por persona (Cuba forma más, pero parten al exterior en brigadas como la de oftalmólogos). Según Hugo Burgstaller, dirigente de la SAU, no se trata de que falten anestesistas. Incluso destacó que la mayoría de los hospitales públicos e instituciones privadas no tienen problemas con ellos. Según el anestesista, el quid de la cuestión no es el dinero sino las condiciones de trabajo.

faltan condiciones. Detrás de la simbólica puerta número uno de aquel Show del Mediodía ficticio hay tres hospitales públicos en concreto: el Maciel, el Pereira Rossell y el Pasteur. En estos centros de salud, según el vocero del gremio de anestesistas, se dan las peores condiciones laborales, sumado al salario de ASSE que es casi la mitad de lo que pagan los prestadores privados.

Burgstaller explicó que en los hospitales públicos más grandes de Montevideo el 50% de los pacientes proviene del interior. "Son los casos más críticos, que se derivan (a la capital) por requerir procedimientos extremadamente complejos".

Además, la coordinación de operaciones en esos centros de salud suele hacerse en función de los cirujanos y no de los anestesistas. "Es una falla en quienes organizan el trabajo", consideró.

El especialista se quejó de la "imposibilidad de mantener un minuto de reposo, higienizarse, tomar un café o comer algo, que son condiciones mínimas indispensables".

Esas constituyen, según Burgstaller, las principales razones por las que el contrato que ofreció ASSE a los anestesistas en Montevideo obtuvo solo cuatro candidatos para los 30 cupos que necesitaba llenar el prestador público. En el interior, en cambio, se postularon 34 personas para la misma cantidad de lugares. Pero allí las condiciones son distintas: no hay tantos accidentes de tránsito como en Montevideo, los casos más críticos se derivan, y se permite a los médicos hacer guardias en sus casas, dadas las cortas distancias.

Está demostrado científicamente a nivel mundial que los anestesistas son los médicos con mortalidad más precoz.

Un estudio de la Cátedra de Anestesiología que será editado en el número de diciembre de la Revista Médica del Uruguay analiza los datos de encuestas realizadas por la empresa Opción Consultores a anestesistas uruguayos en 2008. Los resultados del documento Situación laboral de la anestesiología en el Uruguay y percepción de los anestesiólogos; análisis y propuestas, corroboran en gran medida los comentarios de Burgstaller.

En el 54% de los encuestados se registra "insatisfacción" respecto a la "organización del trabajo". Entre los motivos se destacan la "desorganización del ejercicio de la especialidad, la sobrecarga laboral y la incertidumbre con los días y horario de trabajo".

También presentan altos niveles de disconformidad entre los anestesistas las "condiciones locativas": el 51% está insatisfecho y el principal motivo es la "falta de áreas de descanso adecuadas".

La remuneración, según 49% de los encuestados, "no es acorde a la responsabilidad ni al estrés del trabajo". En el mismo sentido, 98% considera necesarias "normas de control y de regulación relativas a la calidad y seguridad de la práctica profesional". Dos de cada tres estima que el ejercicio de la anestesiología "entraña riesgo legal muy alto".

La encuesta también preguntó sobre "planes de emigrar para trabajar fuera del país en los últimos tres años", a lo cual uno de cada cuatro respondió que sí, que lo ha considerado.

De hecho la anestesia es la disciplina médica que más marcada tiene esta tendencia. Entre 2004 y 2007 se registraron 40 solicitudes para homologar el título en Facultad de Medicina. El informe advierte que "no es posible descartar una nueva ola migratoria vinculada a la reforma de salud en Estados Unidos", y llama la atención respecto al perfil demográfico de los anestesistas uruguayos: el 37% tiene más de 65 años de edad, "lo que los hace poco proclives a aumentar su carga laboral".

La Cátedra de Anestesiología concluye, así, que los resultados son "altamente preocupantes". Y advierte: "el aumento del número de anestesistas a formar, aplicado en los últimos años, no será suficiente si no se toman medidas para retener ese recurso humano altamente calificado".

El informe culmina con una serie de propuestas entre las que no se encuentra decretar emergencia ni obligar a los especialistas a destinar 20% de su tiempo para los hospitales públicos. En cambio, se apunta más a la organización de la salud y a la mejora de las condiciones laborales.

Afortunadamente, por ese camino y no por el de una pulseada violenta que podría convertirse en un círculo vicioso de presiones y concesiones, parece andar el ánimo de estos últimos días. u

n El proyecto de ley que declara emergencia sanitaria por falta de anestesistas fue aprobado en 24 horas pero su promulgación fue suspendida por una eventual solución negociada entre el gobierno y los especialistas.

EMERGENCIA suspendida

Residentes. Para 2011 concursaron 80 aspirantes a Anestesia. Había 30 cupos previstos y fueron llenados.

92%

de los anestesistas trabaja en dos o más instituciones. El 25% ejerce en dos departamentos.

25%

ha considerado trabajar en el exterior. Entre 2003 y 2007 hubo 40 solicitudes de emigración.

200.000

pesos por mes aspira a cobrar el 4% de los anestesistas. La mayoría espera entre 75 y 100 mil pesos.

54%

está insatisfecho respecto a la organización del trabajo, entre otras cosas, por la sobrecarga.

Emigran. Entre 2004 y 2007, 40 anestesistas se fueron a trabajar al exterior. El 25% lo ha considerado.

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