Dicen que uno es dueño de sus silencios. En tal caso, muchos medios de comunicación pueden respirar tranquilos. Luego de omitir durante años la palabra "dictador" cada vez que se mencionaba al líder libio, hoy pueden usarla a sus anchas. Un poco más complicado es explicar cómo es que se pasa de líder "moderado" -tan así que a nadie le llamaba la atención las enormes inversiones que Gadafi hacía en la Unión Europea- a dictador en menos de un año. Más complicado aún es comprender la voltereta de algunos gobiernos europeos -España, Francia y, sobre todo, Italia-, que hasta ayer nomás aceptaban petroeuros sin fijarse en cosas tan molestas como la corrupción de la familia Gadafi, la falta de libertades y el nepotismo rampante de la gestión pública. Dicen que los intereses son eternos y que las amistades van y vienen. En tal caso, poco podemos esperar de un orden mundial que hoy parece haberse olvidado de aquella gesta aliada y que derivó en, entre otras, cosas, la Declaración Universal de Derechos Humanos.