LEONARDO CARREÑO
Una buena opción en Marilyn, el coffee bar asociado al Complejo Alfabeta de Hoyts en Pocitos, es la "lágrima". Se calienta la leche en un jarrito o en una taza, dejando que la espuma crezca bastante y luego se le agrega un chorrito de café. Eso es, el opuesto del cortado. Tiene que ser bien suave y saber poco pero a buen café.
Es que de eso se trata la propuesta del lugar. La asociación de delicadezas a la hora del té y antes de cenar con el entretenimiento de lo novedoso, y en donde la característica es lo singular, tanto en la cartelera de estrenos como en la carta del café. También en el formato físico en que ambos se fusionan y complementan.
No hay otro emprendimiento como este en Montevideo, en donde cine y cafetería compartan el mismo horario, de la primera a la última función, y el mismo espacio, un ala del hall conteniendo las mesas del café.
Los socios en el coffee bar se inspiraron en el modelo de negocio de Starbucks, obvio, y en el de los líderes argentinos, Café Martínez y Havanna, y la propuesta calzó en esa parte de la ciudad. Al público que visita los cines de Alfabeta no lo caracteriza su avidez por el pop y los refrescos, y rehuye a los films que arrastran muchedumbres.
Igual que Marilyn, único en lo suyo. Privacidad entre amigos y consumo dilecto. Y se puede ingresar a la sala con packs dulces o salados, cafetería involcable o individuales de Don Pascual.