POR DIEGO FERREIRA
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El monte, el puerto y la obra en construcción eran mundos reservados exclusivamente para el músculo y la tenacidad masculina. Eran. La mujer se está incorporando a áreas de trabajo que nadie habría imaginado hasta hace unos años: ver hoy a una dama fratacho en mano o en una grúa es una imagen propia de estos tiempos donde la división del trabajo discrimina (un poco) menos por el género, no sólo por la igualdad de capacidades de los dos sexos sino también por la necesidad de aquellas mujeres que tienen que salir a trabajar para proveer al hogar del que muchas veces son jefas.
De hecho, la tendencia de algunas multinacionales instaladas en Uruguay es incorporar más mujeres siguiendo las directivas de sus matrices, al menos tímidamente.
Pese a esta innovación, la mujer está lejos de encontrarse en una situación de igualdad de oportunidades en estas industrias. Representan apenas el 3,8% de la población ocupada en la rama de la construcción y el 20,1% si se suman la agricultura, minería y pesca, según datos de Inmujeres del Ministerio de Desarrollo Social (Mides). En cambio, como es tradicional, ellas dominan en la enseñanza (78%), la salud (76,3%) y el servicio doméstico (92,5%).
Convivir en un ambiente laboral históricamente dominado por los hombres es una barrera inicial a superar para las que piensen en hacer el intento de dedicarse a estas áreas inusuales.
"Te tenés que adaptar y ser uno más de ellos, siempre con respeto. Que seas mujer no quiere decir que te van a basurear por cosas de machismo", remarcó Marcela Chiozza, una ama de casa que desde hace cinco años trabaja como estibadora en la empresa Río Estiba, que hace fletes para UPM.
Para Chiozza, de 41 años, divorciada y con una hija de 16, el Puerto es su primer trabajo pago. "El sueldo del que en ese momento era mi marido no daba, entonces tuve que salir a trabajar cuando la nena ya era más grande", explicó. Tras un cursillo de capacitación, comenzó a trabajar enganchando los fardos de celulosa que las grúas depositan en los camiones con destino a la planta.
Además de estibadoras, en la empresa hay "guincheras" (operadoras de grúas) y camioneras. Dentro de una plantilla de 150 funcionarios, son 35 mujeres haciendo tareas operativas.
Otra integró personal femenino fue Effa Motors. En su plantilla de 350 trabajadores hay 80 féminas cumpliendo tareas de administración, supervisión y armado de autos, informó el gerente de Recursos Humanos, Roberto Lamas. Son operarias "perfeccionistas, minuciosas y tratan de cumplir de manera eficiente y eficaz".
FINEZA QUE APORTA
De a poco, ellas comienzan a hacer las tareas antes "vedadas". En la construcción se aprecia su fineza en trabajos de terminación en pintura y restauración, aunque también hay herreras, carpinteras, mujeres albañiles y electricistas, detalló Ignacio Otegui, presidente de la Cámara de la Construcción. Se estima que son unas 300 las trabajan en las obras, y llegan a 2.000 sumando las administrativas en una industria que ocupa en total a unas 60.000 personas.
En el rubro logístico, se valora su mayor poder de concentración, su serenidad, su meticulosidad y el apego a las normas de seguridad laboral, resumió Eduardo Fazio, director de Grupo RAS, que tuvo operadoras de autoelevadores.
El sector forestal es proclive al empleo femenino por la posibilidad que existe de combinar el empleo con una vida familiar sana. En los viveros de UPM Forestal Oriental que se encuentran cerca de centros poblados, trabajan entre un 40% y 45% de mujeres, por la cercanía y facilidad de traslados además de su trabajo manual y meticuloso, indicaron desde UPM-Forestal Oriental.
En la industria de la madera ellas "rinden bien en tareas que requieran manualidad, concentración, observación, aquellas con rutinas y las que demandan calidad como el vivero", resaltó Mara Pisano, gerente de Recursos Humanos de Weyerhaeuser.
La firma tiene en Uruguay un 17% de su staff en el área industrial integrado por personal femenino, entre ellas una operadora de maquinaria pesada y una electricista. Tomando el área forestal y la industria, en total la empresa cuenta con 20% de féminas.
CONTRA EL ESTEREOTIPO
Si bien las mujeres se están abriendo paso en la industria pesada, aún persiste el estereotipo del "sexo débil" para muchos empleadores que optan por protegerlas de esos esfuerzos, analizó Luciana Fainstain, coordinadora del Departamento de estrategias transversales de género del Mides.
Otra de las trabas que frenan el acceso femenino a estos trabajos es cultural: esa irrupción llevaría a que en el lugar de trabajo se tenga "que cuidar más el lenguaje", por ejemplo, entonces para no distorsionar el ambiente ya generado optan por no contratarlas, arguyó Fainstain.
En otras ocasiones, las empresas aducen la falta de infraestructura para hacer baños o vestuarios separados y descartan la idea. También señalan que es "muy difícil seleccionar mujeres porque no hay una concurrencia masiva" cuando se hacen llamados, comentó Andrés Fostik, directivo de la Cámara Metalúrgica. Para el empresario, el estereotipo todavía juega fuerte en las propias mujeres cuando eligen un trabajo.
Además de la consabida falta de capacitación, las mujeres -junto a los jóvenes los sectores de más difícil inserción laboral- padecen muchas veces el problema de no tener con quién dejar a sus hijos. En respuesta, la Cámara de la Construcción suscribió convenios con tres centros CAIF en Montevideo para que cuiden a los hijos de las trabajadoras y en Weyerhaeuser crearon una sala de extracción de leche para sus empleadas. El resto espera la creación de un Sistema Nacional de Cuidados, en agenda del gobierno pero aún pendiente.
El cliché del sexo débil, la falta de capacitación y de un sistema de cuidados frena el ingreso de más trabajadoras a puestos "masculinos"
Algunas firmas se han puesto a tiro para mitigar las barreras de ingreso del personal femenino, por ejemplo, solucionando el cuidado de los hijos
Carolina, pionera en el trabajo de monte
Carolina Canabé fue una pionera en eso de abrirse paso en un mundo de hombres. Con 24 años, fue la primera operadora forestal de Uruguay. Como tal, manejaba una Harvester, la mole que apea, descorteza y corta troncos a medida en el monte. "Fue en el año 2000 y la empresa donde trabajaba (Forestal Oriental) quería comenzar a insertar personal femenino en cosecha. Me propusieron, lo acepté como un desafío, me gustó y estuve seis años como operadora", relató. Nunca se imaginó trabajando en esa industria pero era la única opción que tenía en su pueblo, Bellaco (Río Negro). Desde su ingreso pasaron 11 mujeres en el área cosecha; hoy sólo quedan dos como efecto de las crisis que afectaron a Uruguay. Desde hace cinco años, Canabé es instructora forestal: "Enseño lo que hacía en su momento", concluyó.