CARLOS STENERI
Es imposible resistir la tentación de opinar sobre un tema que centra la atención tanto internacional como nacional y que fue tratado ya en este suplemento. Me refiero a la aparente paradoja del estancamiento, o a veces hasta deterioro, de la distribución del ingreso en tiempos de crecimiento económico.
REFERENCIAS EXTERNAS. Tomando como referencia a Estados Unidos como la economía más dinámica del mundo, excluyendo a China, la realidad muestra una paulatina concentración del ingreso a pesar de haber surcado durante casi dos décadas un periodo de crecimiento permanente sin parangón. Todos suben, pero hay algunos que suben más rápido que otros. Como es natural, eso desvela a distintas administraciones, y por supuesto fue tema de debate en los periodos electorales. La academia también dio sus sentencias, aunque nunca llegó a presentar consensos finales. Sólo logró explicaciones parciales, lo que muestra la complejidad del tema. Y, por ende, surgieron recomendaciones de política que actúan como paliativos pero no resuelven el tema de fondo.
Para comenzar, y con un viso de razón considerable, están quienes dicen que el indicador relevante es el grado de cobertura de las necesidades básicas de todos los habitantes y no la distribución del ingreso de por sí. Argumentan que en una sociedad de innovadores que agregan valor al acervo social con nuevas ideas, su accionar lleva a que acumulen rentas extraordinarias. Eso empeora la distribución del ingreso, pero no necesariamente el bienestar de la sociedad. Quizás todo lo contrario. Como ilustración ponen el ejemplo siguiente. Supóngase que sube a un ómnibus Bill Gates, epítome de la innovación y considerado uno de los hombres más ricos del mundo. A partir de ese momento la medición de la distribución del ingreso entre todos los pasajeros empeora, pero no necesariamente su bienestar. Más aún, la aparición de ese personaje con gran acumulación de riqueza refleja un cambio estructural beneficioso: la generalización de la informática, que mejora la calidad de vida de toda la sociedad.
Otra forma de explicar el fenómeno, es a través de los efectos de la globalización. En este caso, el diferencial de costos entre países corregidos por productividad lo soporta con mayor intensidad la población menos calificada. El capital, en este caso las fábricas, emigran hacia las localizaciones donde la mano de obra es más barata. China, con su enorme masa laboral de origen rural, actuó de imán preferido. Eso implicó el cierre de líneas de producción enteras, ciudades devastadas y la aparición de miseria. Basta con mirar la aniquilación del sector textil y actividades conexas norteamericano, y el dedicado a las autopartes para tener idea de la magnitud del problema. La potencia del fenómeno, afectó incluso a la industria maquiladora mexicana, que fue desplazada en buena parte por la oferta proveniente de China. Tomando esta interpretación de los hechos como correcta es que hacen caudal los lobbies proteccionistas, incluyendo a los sindicatos.
Una tercera visión reposa en la calidad inadecuada de su sistema educativo, lo cual va restando movilidad vertical y adaptación a circunstancias nuevas a los segmentos de más bajos ingresos de la población. En las comparaciones internacionales, los resultados obtenidos en las pruebas en las áreas pobres de la sociedad están muy por detrás de la mayoría de los países asiáticos, e incluso cercanos al de muchos países en desarrollo. Como ejemplo basta decir que en la región metropolitana de Washington, la educación pública presenta resultados comparables con los mejores del mundo, en tanto que en sus áreas pobres, donde coexisten hogares desintegrados y criminalidad asentada en la droga, los resultados son desalentadores. Y eso ocurre en la capital del país más rico del mundo. Ahí todos coinciden que no es un problema de recursos sino de gestión inadecuada para resolver un problema que trasciende el educativo. En ello también opera una dinámica demográfica insoslayable: la tasa de fertilidad de ese segmento de la sociedad es más alta que la del resto, lo cual agranda el problema y presiona a actuar con premura.
Emparentado con esta visión, están quienes centran el diagnóstico y también la solución en lo inadecuado del gasto publico sea porque está mal enfocado o porque es escaso. El desafío entonces es generar la capacidad de zurcir una trama social desflecada por hechos diversos, pero que siempre confluye hacia generaciones de niños sin hogares formales establecidos, escasamente educados y con posibilidades limitadas de escapar de la pobreza.
El debate sobre cuál es su verdadero origen y las políticas adecuadas para resolverlos aún sigue abierto, tanto en el ámbito político como académico. Recientemente, el Profesor Rajan autor de un libro premiado sobre la crisis financiera reciente (1), señala que uno de sus orígenes fue el intento del presidente Bush de revertir el deterioro de la distribución del ingreso mediante la instrumentación de una política generosa de otorgar crédito hipotecario prácticamente sin garantía. Su resultado fue una burbuja inmobiliaria que se esparció por toda la sociedad, cuyo estallido distribuyó pobreza, arrastró a la insolvencia a entidades públicas y privadas dedicadas al negocio inmobiliario y que alimentó los inicios de la crisis financiera.
LA MIRADA LOCAL. Salvando las diferencias de escala, prácticamente todo lo previo es aplicable a explicar nuestra realidad en materia de distribución del ingreso. Debe recordarse que a lo largo de la última generación, es decir tres décadas, nuestro país enfrentó cambios estructurales profundos. Pasó de centrar su dinámica económica basada en la sustitución de importaciones -modelo fallido- hacia un modelo exportador. Y eso aunado a una apertura comercial considerable, en particular con sus socios regionales. Su resultado fueron grupos de la sociedad que perdieron su capital humano específico al pertenecer a actividades que se contrajeron por la competencia externa, que no tuvieron la posibilidad de reconvertirse y captar luego los beneficios de la expansión exportadora. En consecuencia, la masa de trabajadores no calificados aumentó y, por ende, su nivel de ingreso relativo. Y ese fenómeno sigue actuando, independiente de su signo, por la alta interdependencia de Uruguay con la región. Si es valor entendido que Uruguay no puede tener un tipo de cambio real muy diferente al vigente en el resto de la región, también corresponde aceptar por una cuestión de equivalencia macroeconómica que el salario real medio tiende a arbitrarse con el vigente en el Mercosur. Y esto elimina un grado de libertad para actuar en la materia.
El tema educativo, sobre todo a nivel primario y técnico, confirma una vez más su importancia. Además de ser un gran creador de capital humano, es el recomponedor de estructuras sociales lesionadas. Hay demasiados indicios que muestran que parte del deterioro social, donde la caída del ingreso relativo es sólo una faceta, es por falta de capacidad de aprovechar cabalmente las oportunidades o crear nuevas.
CONCLUSIÓN. Sin duda que en la resolución de estos problemas se entremezclan una diversidad de visiones éticas, filosóficas y políticas. Pero en lo que no puede haber disenso es en que se trata de un tema complejo, que no se arregla con fórmulas mágicas. Si se piensa que su resolución va exclusivamente por el lado de la llamada justicia tributaria, se transita un camino fácil del punto de vista administrativo, de buena imagen pública pero escaso en resultados. La cuestión es ir al corazón de un problema de génesis compleja, que necesita de una batería de medidas centradas en una política educativa adecuada.