Desde hace casi diez años Argentina definió y aplica una política social y económica, que los argentinos validaron en las elecciones presidenciales de 2011. Esa política puede o no parecernos adecuada, pero es una cuestión de decisión de los argentinos.
Sin embargo, la política comercial argentina se aplica incumpliendo con los compromisos asumidos en el Mercosur y con otros países, y se orientan a un manejo discrecional del comercio, según países y empresas. Brasil (1), Paraguay y Uruguay optaron por convivir con esta política y aceptaron que las licencias no automáticas, las Declaraciones Juradas de Necesidad de Importación (DJNI) y otras prácticas utilizadas para profundizar la sustitución de importaciones, tengan como objetivo utilizar el comercio exterior como una fuente relevante de ingresos fiscales.
La situación actual de Argentina, enfrentada a incumplimientos comerciales, financieros y de inversiones, va a seguir adelante y se va a profundizar. A mediano plazo es posible que la experiencia permita racionalizar la aplicación de las medidas, pero siempre en un marco de administración discrecional del comercio.
A su vez, el manejo del comercio exterior y el sistema cambiario están condicionados por la situación de caja de su gobierno, que le ha llevado a echar mano de fuentes de liquidez y a tratar de incrementar el superávit de cuenta corriente.
En ese contexto, Brasil, Paraguay y Uruguay buscaron resolver los efectos de las medidas argentinas sobre el comercio recíproco mediante negociaciones puntuales y bilaterales. Esa actitud condenó al Mercosur a la inoperancia, ya que un sistema de integración cuyos miembros aceptan la vulneración unilateral de compromisos básicos, deja de ser relevante como instrumento de desarrollo y resguardo de derechos adquiridos.
En diciembre de 2011, en la reunión de Presidentes del Mercosur, se planteó la preservación del libre comercio en el Mercosur, pero Argentina bloqueó cualquier decisión en ese sentido ya que no puede cambiar sus reglas para el Mercosur por el peso que tiene en sus importaciones y porque -salvo que se establecieran normas para impedirlo- las exportaciones de los otros miembros del Mercosur sustituirían parcialmente a las importaciones desde el resto del mundo.
Las estadísticas muestran que a pesar de las trabas, las exportaciones uruguayas a Argentina crecieron en 2010 y 2011, y en el primer cuatrimestre del presente año bajaron ligeramente (alrededor de un 5%) respecto de igual período del año anterior. Una interpretación lógica es que de no aplicarse trabas las exportaciones uruguayas hacia Argentina hubieran crecido y se hubiera reducido el déficit comercial bilateral. También se aprecian distintos comportamientos sectoriales, lo cual sería normal, si no fuera porque están determinados por las decisiones sobre las DJNI y las licencias no automáticas. Más allá de las estadísticas, la suerte de muchas empresas uruguayas que dependen del mercado argentino, se define no por su competitividad y capacidad comercial, sino por decisiones burocráticas de funcionarios argentinos.
La negociación uruguaya en lo comercial apuntó a tratar puntualmente la liberación de licencias y de DJNI pero ignora todo un sistema de presiones, para desalentar la importación, que incide sobre un volumen de comercio que se pierde antes de entrar en el sistema. Esa parte previa es interna, no transparente, y queda fuera de la negociación. Lo único que podemos esperar es que la necesidad argentina de contar con algún apoyo en el plano internacional, flexibilice temporalmente la cruzada proteccionista.
El gobierno planteó explícitamente a los exportadores que dependen del mercado argentino, que debían diversificar sus ventas, y los orientó a buscar posibilidades en el Brasil. Esta es una señal de que no se esperan cambios significativos en la aplicación de las trabas a la importación. Pero también deja en claro que quienes definen la estrategia del país, no tienen una idea cabal de las dificultades que implica diversificar las exportaciones que hasta ahora se destinaban al mercado argentino. Las exportaciones a Argentina no solo no pagan aranceles aduaneros, tienen costos de transporte mucho más bajos y facilidades logísticas mayores que cualquier otro destino. La penetración en un mercado nuevo tiene costos importantes, requiere tiempo y no siempre es posible. Desde el gobierno se manifestó que los exportadores no tenían un "plan B", pero el gobierno es el que no tiene un "plan B". Probablemente, los exportadores incurrieron en la ingenuidad de invertir y diseñar planes de negocio creyendo en el Mercosur y pensando que las gestiones de nuestro gobierno para abrir el acceso al mercado argentino darían resultado. Pero el gobierno se ató de manos: la diversificación de mercados requiere acuerdos con socios confiables con los que existan oportunidades comerciales, pero esos acuerdos no pueden hacerse sin el Mercosur y el Mercosur no negocia.
En suma: seguimos dependiendo de las posibilidades de apertura de Argentina y la suerte de nuestras empresas del humor de sus funcionarios; pero lo cierto es que no hay un conflicto entre argentinos y uruguayos, hay políticas diferentes, intereses contrapuestos y principalmente una distinta valoración de los compromisos asumidos internacionalmente y el cumplimiento de las reglas del país.
La prepotencia reactiva no es una opción diplomática para el más débil. Pero las sonrisas y demostraciones de afecto, tampoco hacen parte de la diplomacia, y menos aún las actitudes mendicantes, que solo le dan a la otra parte más seguridad en sus posiciones.
Uruguay entregó sin reciprocidad la posibilidad de reclamar sus derechos en el Mercosur, se convirtió en abanderado de la causa de la soberanía argentina sobre las Islas Malvinas, y no aplicó ninguna medida que pudiera afectar las importaciones originarias de Argentina.
El acuerdo tributario es un obsequio, inoportuno e innecesario, que junto con los proyectos sobre sociedades que están en el Parlamento generan perjuicios potenciales que va a tener que soportar el Uruguay. ¿Por qué no utilizar los plazos dados por la OCDE y regalarle a Argentina la posibilidad de castigar a sus ciudadanos que optaron por invertir en el Uruguay, creyendo en nuestro respeto por las reglas de juego?
¿A qué le tiene miedo el Gobierno? ¿Piensa que Argentina trataría de impedir el turismo, que reduciría aún más el acceso a su mercado, que seguiría dilatando las decisiones sobre los dragados? La sumisión no asegura que esos temores no se hagan realidad. Los miedos son malos consejeros en la política y la diplomacia, y la historia muestra que los intentos de apaciguamiento son interpretados como muestras de debilidad y terminan alentando a las agresiones.
El Gobierno se equivoca. Pero la oposición no puede dejar de reclamar transparencia y de defender la dignidad nacional. En la negociación con Argentina hay que poner mucho realismo, firmeza, transparencia en la información, y especialmente, profesionalismo. Hay mucha confusión, incoherencia y debilidad de gestión.
La conducta comercial de Argentina aparece como irreversible, por lo que la actitud de diseñar estrategias que presupongan el respeto argentino a sus compromisos, es parte de una historia reiterada de incumplimientos que debe asumirse.
(1) Brasil y Argentina llegaron a acordar un sistema de salvaguardias, denominado Mecanismo de Adecuación Competitiva, que no se aplicó en la práctica.