El sector exportador no es rentable

| El aumento de los precios internacionales se concentra en unos pocos rubros; los restantes no pueden compensar aumento de costos internos

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El nivel de actividad se enlenteció en el segundo trimestre del año. Medido en términos desestacionalizados, el PIB había crecido 2,1% en el primer trimestre respecto a los tres meses anteriores, lo que equivale a una tasa anualizada del 8,6%. Sin embargo, el dato del segundo trimestre arrojó un aumento de 0,5%, tasa que si se anualiza asciende al 2%.

Al analizar el desempeño por componentes del gasto, surge claramente que tan marcado enlentecimiento responde al desempeño del sector externo de la economía. De hecho, los cambios en el ciclo económico del país, cualquiera sea su signo, se inician a través de sus relaciones con el resto del mundo y luego afectan al resto de la economía.

El saldo de las cuentas externas del PIB (exportaciones menos importaciones de bienes y servicios) fue negativo en 4,6 puntos en los últimos doce meses finalizados en junio del presente año. Un año atrás el déficit se situó en 0,6%. Tal deterioro se explica por el aumento de las importaciones en un contexto en el que caen las exportaciones.

Estas mediciones son agregadas y procuran medir las magnitudes físicas involucradas. En la presente nota analizaremos con mayor detalle la evolución del sector externo, pero centrándonos en el intercambio comercial de bienes, del que se divulgan mensualmente estadísticas expresadas en dólares corrientes. Ello puede mostrar algunos resultados que aparentemente podrían lucir como contradictorios, pero que responden a un tema de precios y no de cantidades. Ajustadas las cifras por la evolución de precios, concretamente los de exportación, se verá que tal contradicción no es tal.

PRECIOS. La balanza comercial al cabo de los doce meses finalizados en julio de este año fue deficitaria en casi US$ 2.900 millones (dólares corrientes). Si se la compara con el resultado registrado un año atrás se constata un fuerte deterioro, ya que en aquel momento se ubicó en US$ 1.400 millones.

El mayor déficit responde a un crecimiento más acelerado de las importaciones (38,5% en los últimos doce meses) que el de las exportaciones (19%).

La tasa de crecimiento nominal de las exportaciones no es nada despreciable; por el contrario, en otro contexto sería excepcional. Sin embargo, se ve distorsionada por la evolución de los precios promedio de exportación.

El índice que elabora la Cámara de Industrias del Uruguay muestra que, considerando años móviles, en los últimos doce meses los precios promedio de exportación aumentaron 28% medidos en dólares corrientes. Tal incremento supera al de las ventas totales al exterior, por lo que se concluye rápidamente que en términos físicos, las exportaciones están cayendo. En el primer semestre del año disminuyeron 7,4% con respecto a igual período del año anterior. Desaparece la aparente contradicción y se confirma el descenso de las exportaciones, tal como se muestra en el Gráfico N° 1.

Es interesante comparar el comportamiento actual de las exportaciones con el que registraron entre fines de 2008 y principios de 2009 cuando se desatara la crisis financiera en Estados Unidos. En aquel entonces cayeron los valores corrientes, pero no los volúmenes exportados. La evolución de los precios relativos puede ayudar a entender esos desempeños. Entre 2009 y 2008 los precios promedio de exportación cayeron 22%, pero como el tipo de cambio aumentó en esa misma proporción, la rentabilidad no se vio mayormente afectada.

Hoy día la situación es al revés. Ante un aumento tan importante de los precios (ver Gráfico N° 2), que más que compensa el deterioro del tipo de cambio, cabría esperar un aumento de las ventas externas, ya que estaría aumentando la rentabilidad de las empresas. En tal sentido llama la atención el descenso físico de las mismas.

Este interrogante comienza respondiéndose cuando se constata que las exportaciones de la industria cárnica cayeron 23% en términos físicos en el primer semestre del año con respecto a igual período de 2010. Tal descenso es el fruto de la menor faena (-15%), por lo que parte de la disminución de las ventas externas se explica por problemas de oferta.

RENTABILIDAD. Pero esto es tan solo una parte de la historia. Si se analiza con mayor detalle la evolución de los precios de exportación, no ya globalmente, sino por grupos de productos, se constata que el fuerte aumento que experimentó el índice global no se distribuyó homogéneamente entre los distintos rubros que lo componen.

Los precios promedio de exportación de Alimentos, bebidas y tabaco (25%) y Textiles, vestimenta y cuero (31%) evolucionaron por encima del promedio. Pero los restantes rubros registraron tasas de crecimiento más moderadas. Si se completa el análisis incorporando la apreciación del peso en el semestre (2,4% respecto a igual lapso del 2010) y los aumentos salariales promedio que se concedieron en la industria manufacturera (9,6%), se constata que a nivel de esos sectores la rentabilidad es nula y en algunos casos negativa como en Madera, papel e imprentas y Productos metálicos, maquinaria y equipos, tal como se muestra en el Gráfico N° 3.

Se concluye entonces que el descenso de las exportaciones responde a problemas de oferta, concretamente una menor disponibilidad de animales para faenar y bajos rendimientos en el sector agrícola. Pero hay un problema de fondo más importante, relativo a la rentabilidad de las empresas que, en varios sectores, enfrentan precios relativos que les son desfavorables.

Es importante destacar que los números que se están analizando en esta nota corresponden al primer semestre del año, cuando todavía no se había desatado la crisis internacional, y si bien el mundo desarrollado no se mostraba dinámico (lo que se traducía en una menor demanda), todavía no generaba las incertidumbres que provoca en la actualidad.

Lamentablemente, las perspectivas para el sector exportador en el corto plazo no lucen favorables. A los problemas ya señalados hay que añadir los que derivarán del mayor proteccionismo que amenaza expandirse globalmente como respuesta ante la gran incertidumbre reinante y debilidad del dólar.

En lo que refiere a Uruguay, son preocupantes las medidas que han adoptado nuestros vecinos, mercados muy importantes, fundamentalmente para aquellos sectores que son los que más sufren el deterioro de los precios relativos.

Brasil es el principal destino de nuestras exportaciones y es el único mercado frente al cual la competitividad de los productos uruguayos es elevada. Las distintas acciones que se han adoptado en las últimas semanas en ese país tendientes a mejorar la competitividad de su sector industrial dada la coyuntura internacional, determinaron que el real se devaluara 20% frente al dólar en cuestión de días. Que ese fenómeno sea permanente o transitorio no es fácil discernirlo aún (bajo ningún concepto hay que descartar la posibilidad de que en Europa se arribe a un acuerdo aceptable respecto a su crisis financiera y en pocos meses vuelva la tranquilidad a los mercados).

Pero lo cierto es que, en el corto plazo, tal ventaja se erosionó parcialmente. Si sumamos a ello las medidas de carácter proteccionista que están aplicando y el enlentecimiento que ya está experimentando esa economía, el futuro inmediato para las exportaciones uruguayas no luce muy promisorio.

Distinto es el comportamiento que muestran las ventas a China, el gran comprador de productos agrícolas del Uruguay. El gigante asiático ya es el segundo destino de las exportaciones del país. En lo que va del año las mismas se incrementaron 64% respecto a igual período de 2010, explicando por sí solas más de un quinto del aumento total. El elevado nivel de precios que muestran los commodities es la única noticia positiva que está recibiendo el sector exportador en estos momentos.

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