Una nueva agricultura

JULIO PREVE FOLLE

Para los que están en el tema quizás este artículo no les resulte novedoso, porque voy a pintar con tres o cuatro pinceladas el extraordinario cambio que se vive, de una intensidad insólita, en la agricultura. Pero, también para ellos, vendrá muy bien recordar cuánto de este desarrollo viene de fuera, y cuánto deriva de políticas adecuadamente implementadas en su momento. Una vez más me voy a apoyar en la información que divulga la eficiente Dirección de Estadísticas del MGAP en su encuesta de setiembre.

ALGUNAS CIFRAS. Una primera, la más impactante, es la que da cuenta de lo ocurrido con el área de secano en los últimos diez años, es decir excluido el arroz cuya superficie permanece sin grandes modificaciones. En el año 2000 la superficie de chacra era de 426 mil hectáreas, cifra que trepa a un millón cien mil en el año 2010. Triplicar el área total en diez años puede llamar la atención. No obstante el cambio es todavía más fuerte si se observa lo que se llama el índice de intensificación agrícola, que mide la cantidad de cultivos que en un año se desarrollan en el área agrícola. Dicho de otra forma, se trata de la suma de las áreas de cultivos de invierno y de verano, dividida por el área total dedicada a la agricultura. Este índice que hasta el año 2000 y desde siempre era prácticamente igual a uno, ahora trepa a casi 1,6, lo que significa que en ese millón cien mil hectáreas se cosechan un millón seiscientas mil, es decir que en más de la mitad del área hay más de un cultivo por año. En definitiva que pasamos en diez años de 400 mil a 1:6 millones de hectáreas.

En los rubros el que más destaca es la soja, que de 12 mil hectáreas en el año 2000, pasa a 863 mil en la última campaña, un incremento del 7.000%; y el trigo de 128 a 488 mil. Caen la cebada y el girasol, se mantiene el sorgo, y se duplica el maíz aunque desde áreas modestas lamentablemente. La soja y el trigo son pues las estrellas de este proceso.

Otro punto que impresiona es el papel que el arrendamiento tiene en esta expansión. Hay que recordar que hasta la reforma de la ley 14.384 en 1991, y por los famosos plazos de estabilidad que podían dejar al dueño sin tierra, contra su voluntad, por diez años, el arrendamiento estaba poco extendido. Para escapar a sus disposiciones absurdas, se habían desarrollado una cantidad de formas accidentales de tenencia de la tierra que los defensores de la ley querían evitar: pastoreos de once meses, contratos por una sola cosecha, todas formas de eludir al arrendamiento. Convertido ahora en un mecanismo normal de acceso a la tierra bajo el imperio del contrato, esta modalidad ofrece un traje jurídico adecuado para la expansión agrícola: de aquel millón cien mil de hectáreas de chacra, que se corresponden a más de un millón seiscientos mil de agricultura, más de la mitad -el 54%- se realiza en régimen de arrendamiento. Esto solo ya debería servir para llamar a la prudencia de quienes al ver subir los valores de las rentas, quieren quedarse en los campos por disposiciones legales, destruyendo así este proceso.

También se destaca el tamaño creciente de las empresas agrícolas, 195 de las cuales (en un total de 7.563) explotan el 72% del área. Entre éstas el porcentaje en arrendamiento es todavía mayor, evidenciando así la importancia de los llamados pools de siembra.

Otro cambio relevante: a partir del año 2002 empieza a predominar la agricultura de verano -soja básicamente- sobre la de invierno, lo que nunca había ocurrido. Y un hecho muy llamativo: el área de cultivos de invierno que se sembraba asociado con pasturas, en un enfoque pastoril y agrícola ganadero, cae del 32% a menos del seis en un área mucho mayor, lo que habla de una rotación totalmente diferente, con menor importancia de las pasturas. Esto significa una nueva agricultura, pero también una nueva ganadería, más cercana ahora al grano como forma de alimentación, el que lo encuentra a lo largo y a lo ancho de todo el país.

LOS CAMBIOS. Sobre la base de precios favorables, sostenidos por una demanda mundial de alimentos que no para de crecer desde países enormes que abandonan la pobreza -por ejemplo China e India-, se han dado otros desarrollos que permiten entender este proceso. En primer lugar un cambio técnico que además de permitir llevar la agricultura a zonas impensadas, lo hace en una forma de gestión muy simple compuesta de siembra directa -sin laboreos- glifosato, semillas transgénicas y buena logística.

A esto hay que sumarle una gestión nueva a partir de grandes empresas que no compran tierra, y que poseen una enorme extensión territorial dentro y fuera del país. Esto -además del cambio técnico- les permite mitigar el riesgo climático y, con un buen desarrollo financiero, minimizar también el riesgo de los precios a través de diferentes coberturas.

Es natural pues que semejantes modificaciones en el modo de producir, de gestionar, hayan cambiado el paisaje productivo de todo el país, con agricultura en lugares hasta ahora impensados, con ganadería alimentada con estos granos, con empresarios de servicios multiplicados en rincones recónditos, etc. Y es correcto también que entre otras preocupaciones más humanas, se piense en el cuidado del suelo.

MEMORIA. Pero a la vez hay que recordar algunas cosas para entender lo que pasa. La primera es que en la administración anterior se dijo que a este proceso había que ponerle un palo en la rueda, proceso al que el ministro Agazzi lo llamó de agricultura sin agricultores. La segunda, que en un intento imposible se prohibieron los transgénicos hasta que la realidad pasó por arriba de esa prohibición. Y la tercera fue la ley de tercerizaciones, que afecta el desarrollo de la economía de servicios, básica para entender esta fábrica de empresarios en todo el país, muchos de ellos productores pequeños o medianos que, contratando trabajos con las empresas grandes, complementan de esta forma sus ingresos.

Más atrás en el tiempo y a favor de estos cambios hay que recordar la reforma de la ley de arrendamientos, que introdujo la libre contratación. Y de aquellos mismos años noventa no hay que olvidar que se abrió totalmente a la competencia nada menos que al trigo, cuya protección infinita hacía imposible pensarlo como un rubro de exportación; y se eliminaron todos los precios de referencia, mínimos de exportación, etc. Estas sí, junto a otras en el área pecuaria, fueron transformaciones muy fuertes en materia de política agrícola, imprescindibles para entender que estos lodos vienen de aquellos polvos.

Es un cambio apasionante no exento de tensiones, pero repleto de desafíos en un camino de mejora constante, de mayor ventura para el país.

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