PAUL KRUGMAN | DESDE NUEVA YORK
Repentinamente, la generación de empleos pasó de moda y ha sido sustituida por infligir dolor. Condenar los déficits y negarse a ayudar a una economía que aún batalla se ha vuelto la nueva moda en todas partes, incluido Estados Unidos, donde 52 senadores votaron contra la extensión de la ayuda a los desempleados a pesar del índice más elevado de desempleo de largo plazo desde los 1930.
Muchos economistas, entre los que me incluyo, consideran este giro hacia la austeridad como una tremenda equivocación. Suscita recuerdos de 1937, cuando el intento prematuro de Franklin Delano Roosevelt por equilibrar el presupuesto ayudó a volver a hundir en una severa recesión a una economía en recuperación. En Alemania, pocos expertos ven paralelismos con las políticas de Heinrich Brüning, el canciller de 1930 a 1932, cuya devoción por la ortodoxia financiera terminó sellando la perdición de la República de Weimar.
Sin embargo, a pesar de estas advertencias, los halcones del déficit están prevaleciendo en casi todas partes; y en ningún otro lugar como Alemania, donde el Gobierno ha prometido 80.000 millones de euros, casi 100.000 millones, en incrementos tributarios y reducción del gasto aun cuando la economía sigue operando muy por debajo de su capacidad.
¿Cuál es la lógica económica detrás de las acciones gubernamentales? La respuesta, hasta donde puedo ver, es que no hay ninguna. Si se presiona a los funcionarios alemanes para que expliquen por qué necesitan imponer la austeridad a una economía deprimida, se obtienen razones que no tienen sentido. Si se señala esto, se les ocurren otras diferentes, que tampoco tienen lógica. Discutir con los halcones del déficit alemanes se parece mucho a las discusiones con los halcones estadounidenses de Irak en 2002: saben lo que quieren hacer, y cada vez que se refuta un argumento, simplemente, se les ocurre otro.
Esta es una aproximación a una conversación típica, basada en mi propia experiencia y en la de otros economistas estadounidenses:
V Halcón alemán: "Debemos reducir inmediatamente los déficits porque tenemos que lidiar con la carga fiscal de una población que envejece".
V Estadounidense: "Pero eso no tiene sentido. Aun si consiguen ahorrar 80.000 millones de euros -lo que no pasará porque las reducciones presupuestales dañarán a la economía y reducirán los ingresos-, el pago de intereses sobre tanta deuda sería menor de un décimo porcentual del Producto Interno Bruto. Así que la austeridad que buscan amenazará la recuperación económica, mientras que prácticamente no hace nada para mejorar la posición presupuestal a largo plazo".
V Halcón alemán: "No voy a tratar de discutir la aritmética. Tiene que tomar en cuenta la reacción del mercado".
V Estadounidense: "¿Pero cómo sabe cómo va a reaccionar el mercado? Y, de cualquier forma, ¿por qué debería moverse el mercado por causa de políticas que casi no tienen impacto en la posición fiscal a largo plazo?"`.
V Halcón alemán: "Simplemente, no entiende nuestra situación".
El punto clave es que mientras los defensores de la austeridad se presentan como realistas prácticos, que hacen lo que se tiene que hacer, no pueden ni quieren justificar su posición con cifras reales, porque los números, de hecho, no sustentan su posición. Ni tampoco pueden decir que los mercados están exigiendo la austeridad. Por el contrario, el Gobierno alemán todavía puede pedir prestado a tasas de interés bajísimas.
Así que las motivaciones reales de su obsesión con la austeridad están en otra parte.
En Estados Unidos, muchos autodenominados halcones del déficit son hipócritas, pura y llanamente: están ansiosos por recortar los beneficios de los necesitados, pero su preocupación por la tinta roja desaparece cuando se trata de exenciones fiscales para los acaudalados. Por tanto, el senador Ben Nelson, quien, sentando cátedra moral, declaró que no podemos darnos el lujo de desembolsar 77.000 mil millones de dólares en ayuda a los desempleados, tuvo un papel decisivo en la aprobación del primer recorte fiscal de Bush, que costó la friolera de 1.300 billones de dólares.
La halconería deficitaria alemana parece más sincera. Sin embargo, aún así no tiene nada que ver con el realismo fiscal. Más bien, se trata de moralizar y tomar posiciones. Los alemanes tienden a pensar en los déficits continuos como algo moralmente equivocado, mientras que equilibrar presupuestos se considera virtuoso, sin tener en cuenta las circunstancias ni la lógica económica. "Las últimas horas fueron una demostración singular de fortaleza", declaró Angela Merkel, la canciller alemana, después de que se acordó el plan de austeridad en una reunión especial del gabinete. Y todo se trata de mostrar fortaleza; o lo que se percibe como tal.
Claro que habrá un precio por tomar esta posición. Sólo una parte de ese precio caerá sobre Alemania: la austeridad alemana empeorará la crisis en la zona del euro, haciendo mucho más difícil la recuperación de España y otras economías en problemas. Los problemas de Europa también están llevando a un euro débil, que perversamente ayuda a la manufactura alemana, pero también exporta las consecuencias de la austeridad alemana al resto del mundo, incluido Estados Unidos.
Sin embargo, los políticos alemanes parecen determinados a demostrar su fortaleza imponiendo sufrimiento; y los políticos de todo el mundo están siguiendo su ejemplo.
¿Qué tan malo será? ¿Realmente volverá a ser un 1937 otra vez? No sé. Lo que sí sé es que la política económica en todo el mundo ha dado un importante giro equivocado, y que las posibilidades de una crisis prolongada aumentan día a día. THE NEW YORK TIMES