La variación acumulada del IPC a lo largo de 2010 se ubicó en el 6,93%, muy cercana al techo del rango de inflación establecido por el BCU para dicho período (entre 3% y 7%). Comparado con el resultado del año anterior, se constata un incremento, ya que los precios de la canasta promedio de consumo aumentaron en aquel entonces 5,9%.
PRESIONES. En el informe de la semana pasada, en el que analizáramos la política monetaria, señalábamos la preocupación de BCU por las presiones inflacionarias que impactaban sobre la economía que, en última instancia, determinaron que la variación acumulada del IPC se haya incrementado en casi un punto porcentual entre 2009 y 2010.
Tales presiones las hemos ido estudiando a lo largo del año, en cada oportunidad en que analizamos la evolución de los precios. Las hay de carácter externo e interno.
Dentro de las primeras cabe señalar la "inflación importada" que está recibiendo el país, fruto de la valorización del real frente a las principales monedas del mundo, en un contexto de fuerte crecimiento de la economía brasileña.
Ello determina una inflación en dólares en el país vecino, principal socio comercial del Uruguay que, por un lado, impacta favorablemente en los precios de exportación pero cuya contracara es el incremento de esos mismos precios en plaza.
Un fenómeno similar ocurre con los alimentos. La recuperación en el precio de los commodities en el segundo semestre del pasado año impactó favorablemente en el sector exportador, pero también impulsó al alza el precio interno de los mismos.
Por el lado interno, la explicación del incremento de la inflación se encuentra en una demanda interna pujante, estimulada por la mejora en el ingreso de la población y un incremento del gasto público.
Como la inflación es en última instancia un fenómeno monetario, su aceleración es el resultado de una convalidación monetaria de las presiones detalladas anteriormente.
En la presente nota analizaremos la evolución de los principales precios de la economía a lo largo del último año, observando cómo los factores señalados incidieron sobre ellos, y qué acciones adoptaron las autoridades económicas para tratar de frenarlos.
En 2010 y por segundo año consecutivo, la variación del IPC se ubicó dentro del rango que fijó la autoridad monetaria. Ello es una buena noticia, ya que muestra el compromiso por alcanzar las metas establecidas, lo que apunta a reforzar la credibilidad y a encauzar las expectativas del mercado hacia las mismas.
Pero al mercado no se lo convence fácilmente, y son los fundamentos económicos quienes lo guían. En tal sentido, que la media de las expectativas inflacionarias de los agentes económicos para los próximos 18 meses (horizonte relevante para la política anti inflacionaria) se sitúe por encima del rango, es un claro síntoma de que el mercado considera que las presiones inflacionarias no han menguado, lo que, a su entender, dificultaría alcanzar la meta establecida (entre 4% y 6% a partir del próximo mes de julio y por los siguientes doce meses).
HETERODOXIA. El resultado de 2010, o mejor dicho, la forma como se logró alcanzar la meta inflacionaria lo justifican. En efecto, si bien al cabo del año, el IPC se incrementó 6,93%, ello fue posible porque el gobierno apeló a una serie de medidas que, en el corto plazo, impidieron que varios de los artículos que mide el IPC ajustasen sus precios al alza.
Nos referimos concretamente a las tarifas públicas, en particular los combustibles. El precio de referencia del petróleo crudo que se fijó a comienzos de 2010 fue de US$ 75 el barril, valor que a partir del último cuatrimestre del año quedó rezagado, llegando a orillar los US$ 90. Pese a ello, los precios de los combustibles no se ajustaron, lo que recién aconteció en los primeros días del presente año.
En definitiva, las autoridades no ajustaron oportunamente una serie de precios administrados, contribuyendo así al cumplimiento de la meta.
De hecho, si se excluyen del IPC los precios administrados y aquellos muy volátiles, como ser las frutas y verduras que en los últimos tiempos y debido a factores climáticos mostraron una alta volatilidad, se puede tener una idea más ajustada de la inflación subyacente que afecta a la economía.
En el Gráfico N° 1 se presentan dos mediciones de la inflación, el IPC global y una medida de inflación subyacente, excluyendo de la anterior los combustibles y las frutas y verduras frescas.
Del mismo se desprenden dos conclusiones. En primer lugar, la aceleración de la inflación a partir del último cuatrimestre del año. Y en segundo lugar, el mayor aumento que registra la inflación subyacente, que hasta ese momento había evolucionado en línea con el IPC.
El relativo estancamiento que muestra el IPC frente al aumento de la inflación subyacente responde precisamente a la adopción de las medidas heterodoxas adoptadas para impedir que la variación de precios se ubicara fuera del rango meta. Estas medidas, si bien lograron su objetivo en materia de precios, tuvieron como contrapartida un costo fiscal.
Para entender mejor cómo operaron estas medidas heterodoxas en un contexto de aceleración de la inflación, mostramos en el Gráfico N° 2 la evolución de los precios distinguiendo entre transables, no transables de mercado y administrados. De estos últimos ya hemos hablado, baste con decir que la demora en ajustarlos, implica necesariamente que al comienzo de cada año deban adecuarse de manera importante, diluyéndose su incidencia en los meses siguientes.
COMMODITIES. Los precios transables merecen especial atención. Comenzaron el pasado año aumentando levemente, debido a la conjunción de dos factores. Por un lado, debido a los efectos de la crisis del 2008, cuyos efectos se siguieron sintiendo hasta entrado el pasado año. Por otro lado, influyó también la apreciación del peso en esos meses.
A partir de junio se aceleran por el incremento de los precios internacionales y por las modificaciones en la política cambiaria que llevan, en una primera instancia, a una devaluación del peso del 10%. Si bien el peso volvió a apreciarse rápidamente, el efecto precios internacionales fue muy fuerte.
El Índice de Precios de Exportación que elabora la Cámara de Industrias es muy elocuente al respecto. El índice general se incrementó un 16% medido en dólares en los doce meses a noviembre, porcentaje que trepa al 24% en el caso de los alimentos. Como en dicho período, el peso se apreció un 2,4%, ello significa que medidos en pesos, los precios de exportación se incrementaron 13,3%, y en particular los alimentos exportados un 21,8%, porcentaje que se trasladó en parte al mercado interno (ver Gráfico N° 3).
Por su parte, los artículos no transables de mercado reflejan tanto los mayores costos de producción como el incremento de la demanda, factores que están relacionados entre sí. En efecto, el costo relevante en estos productos es el salarial. La realidad actual del mercado laboral muestra que la economía se encuentra prácticamente en pleno empleo lo que impulsa los salarios al alza. Ello, por un lado eleva el poder adquisitivo, pero también los costos de producción.
En el Gráfico N° 4 se presenta la evolución de los salarios privados, observándose un repunte hacia fin de año. Ello responde a los ajustes que se fueron otorgando en el marco de los nuevos convenios que se fueron alcanzando. Al respecto, y en cuanto a la inercia futura de la inflación, la mayor parte de los convenios que tenían ajustes semestrales los mantuvieron, y, tal cual se señala en el informe de política monetaria del cuarto trimestre de 2010, varios sectores han acordado incrementos de salarios por encima de la inflación que no están atados a la productividad.
Agregando a lo anterior la entrada en vigencia del nuevo presupuesto que estipula una expansión del gasto, es que el mercado considera que la meta de inflación no será alcanzada, previendo un incremento de precios del 6,9%. Nosotros estimamos que la variación del IPC estará por encima del 8% en la primera mitad del año y podrá bajar al 7% para diciembre.