Opciones después de octubre

 20110717 800x530

Si bien el consumo es el objetivo de todo proceso económico, el mismo requiere de una secuencia lógica para que sea sustentable en el tiempo. Esa secuencia consiste en tener reglas de juego previsibles y eficientes para atraer las inversiones. Las inversiones crean más puestos de trabajo e incrementos de productividad que elevan el salario real, y ese salario real más alto es el que permite sostener el consumo e incrementarlo.

El kirchnerismo obvió toda la secuencia lógica y se lanzó a estimular artificialmente el consumo apelando a confiscaciones de flujos y stocks.

Todos sabemos que el actual nivel de consumo es insostenible en el largo plazo y que el tiempo que dure la actual fiesta dependerá del precio de la soja, de las condiciones internacionales y de las cajas a las que pueda echar mano el gobierno. Al respecto, un dato preocupante es el fuerte deterioro patrimonial que está teniendo el Banco Central de la República Argentina (BCRA).

A fines de 2010 hubo un enfrentamiento entre el entonces presidente del BCRA, Martín Redrado, con Cristina Fernández por el uso de las reservas del banco. La historia terminó con la renuncia de Martín Redrado y su reemplazo por Marcó del Pont que tiene un razonamiento bastante primitivo sobre el funcionamiento de la economía. Lo cierto es que en este año y medio, el BCRA, en vez de proteger el valor de peso, se dedicó a financiar el descalabro financiero del Tesoro afectando su patrimonio neto, dado que le está entregando reservas al Tesoro, que compra con emisión monetaria, para que este pague los vencimientos de deuda pública y el Tesoro le entrega letras intransferibles que vencen en 2016, 2020 y 2021 a cambio de sus reservas. En el balance del Banco Central de la primera semana de enero de 2010 figuran letras intransferibles del Tesoro por $ 36.243 millones. En el balance al 30 de junio último el Central tenía letras intransferibles del Tesoro por $ 105.753 millones. En el lapso de un año y medio el Central multiplicó por tres la tenencia de letras del Tesoro que, en los hechos, tienen un valor cercano a cero porque no pueden transferirse y porque, aunque fueran transferibles, difícilmente el mercado pagaría ese valor por letras de un Tesoro que tiene déficit fiscal.

El balance del Central al 30 de junio muestra un patrimonio neto positivo de $ 41.615 millones. El problema es que si uno resta esos $ 105.753 millones de letras, el patrimonio neto pasa a ser negativo.

Cuando una empresa tiene un patrimonio neto negativo, las opciones son:

a) que alguien lo capitalice;

b) que no pague la deuda o

c) que la licue.

La opción a) está descartada, de manera que quedan dos posibilidades: el Central sigue con un problema patrimonial cada vez peor o licua su deuda. ¿Cómo? Devaluando. Al devaluar el peso, aumenta su activo en el rubro reservas y le queda constante el pasivo en pesos, con lo cual resuelve el problema haciéndole pagar el costo al conjunto de la sociedad con una llamarada inflacionaria.

Es probable que de aquí a octubre, el gobierno pueda llegar a las elecciones sin desbordes económicos, aunque también es probable que veamos crecientes tensiones en el mercado de cambios. Es que la fuga de capitales se ha acelerado por varias razones, entre ellas porque el tipo de cambio real ha caído notablemente y todos advierten que el dólar ya está barato en Argentina. Además, de ganar el oficialismo solo cabe esperar más confiscaciones de activos y flujos porque el kirchnerismo se negará a hacer el temido ajuste. En el caso de la oposición, la situación es algo diferente pero todo parece llevar a un problema cambiario en un futuro no muy lejano.

Veamos los escenarios. Sabemos que, a raíz de la caída del tipo de cambio real, las importaciones crecen más rápido que las exportaciones, se reduce el saldo de balance comercial y esa reducción no permite financiar la fuga de capitales. Si la fuga de capitales supera la cuenta corriente del balance de pagos, el Central tendrá que vender dólares para evitar una corrida y al hacerlo entregará reservas y retirará pesos del mercado enfriando la economía.

Por otro lado, el flanco fiscal también está complicado porque el gasto crece al 35% anual y el festival de subsidios ya ha llegado a niveles desopilantes. Para que el lector tenga una idea, el boleto mínimo de colectivo tiene un precio de $ 1,1. Las compañías de colectivos cubren solo un tercio de sus ingresos con esa tarifa y el resto se financia con subsidios que les entrega el gobierno. Aproximadamente dos tercios de los costos operativos de las empresas de colectivos se financia con subsidios. Terminar con este lío implica multiplicar por tres el valor del pasaje de colectivo, en el medio de un proceso inflacionario agudo y con un alto grado de pobreza e indigencia. El problema social y político a enfrentar es notable solo en el caso de transporte de colectivos. A esto hay que agregarle el costo artificial del subte, trenes urbanos, energía, etc. ¿Quién se animará a ponerle el cascabel al gato?

Como los economistas no tenemos la bola de cristal para adivinar el futuro, solo podemos trabajar por descarte y escenarios posibles.

¿Qué ocurriría en el caso que el kirchnerismo llegara a ganar en octubre? Aceptando que no querrán enfrentar el costo del ajuste, intentarán estirar lo más posible la distorsión de precios relativos. El problema es imaginar qué stocks o flujos puede llegar a confiscar el oficialismo para sostener la artificialidad.

Por el lado de los stocks no se observan demasiadas alternativas. En todo caso continuará deteriorando el patrimonio del BCRA pero no quedan demasiados stocks líquidos del sector privado para apropiarse.

El kirchnerismo podría apropiarse de los depósitos del sector privado pero correría el riesgo de tener otra crisis como en 2001. ¿Opciones? Me parece que la probabilidad más alta está en la estatización del comercio exterior.

Con esa capacidad que tiene el kirchnerismo de afirmar que es de día cuando en realidad es noche cerrada, podría perfectamente decir que elimina las retenciones, que establece un precio sostén para los granos y crear un ente estatal que tendrá el monopolio de exportar granos. Así, por ejemplo, podría pagarle a los productores U$S 300 por tonelada la soja y luego exportarla a U$S 500. En los hechos, le aplicaría una retención del 40% pero "vendería" la medida como una ayuda al sector agrícola diciendo que eliminó las retenciones y además le da un precio sostén.

Seguramente, una medida de este tipo generaría un nuevo enfrentamiento con el campo como en el año 2008 pero, ¿cuál sería el problema si el gobierno vive creando confrontaciones? Es más, se siente cómodo inventando o creando enemigos y confrontando. En definitiva, bajo el escenario de un nuevo gobierno kirchnerista, el ajuste se postergaría a costa de nuevas confiscaciones y menores inversiones. Las posibilidades del oficialismo de postergar una aguda crisis económica dependerán de las condiciones internacionales, léase que la soja se mantenga en el nivel de los U$S 500 por tonelada, que Estados Unidos no suba la tasa de interés y que Brasil no devalúe el real.

El escenario es algo diferente para el caso de que en octubre gane un partido no kirchnerista. Personalmente, descarto en este escenario la estatización del comercio exterior; por lo tanto, las opciones que tendría, serían:

a) bajar el gasto en términos nominales o

b) bajarlo en términos reales.

Algo parecido al caso griego.

Francamente, no veo que la oposición se anime a un ajuste nominal, por lo tanto, un salto cambiario para licuar el gasto y alguna llamarada inflacionaria es altamente posible.

En síntesis: en cualquier escenario político de mediano plazo, todos los caminos conducen a Roma: una devaluación y llamarada inflacionaria.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar