Liberalizar las telecomunicaciones

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Días atrás se publicó el balance de ANTEL del año 2009. Casi concomitantemente se conoció que los operadores de cable en nuestro país dicen haber hecho las pruebas y podrían brindar el servicio de banda ancha (transmisión de datos, voz e imágenes vía internet), si se los habilita. He aquí una vieja discusión, mientras por un lado parece claro que el único sector donde ANTEL mantiene el monopolio es la telefonía fija, plebiscito derogatorio de la ley que la ponía en competencia mediante, de aquellos cuyo resultado se respetaba, desde el sindicato de la empresa y algunos sectores anti competencia se dice que la empresa tiene el monopolio de todas las telecomunicaciones. Hoy, por la vía de los hechos, salvo en la telefonía celular, lo tiene, porque la competencia en banda ancha es casi una parodia. La ley de Presupuesto del año 2000 habilitó la competencia en telefonía de larga distancia y transmisión de datos, voz e imágenes. Allí entraron algunos operadores privados, en especial en telefonía de larga distancia, (los servicios de banda ancha, salvo el de una empresa, se brindan arrendando el cable a ANTEL), pero luego las normas se derogaron ante la amenaza de un nuevo plebiscito y, por ende, los que ingresaron están allí y compiten, pero nadie más entra.

Respecto de la telefonía celular todo indica que la discusión quedó zanjada cuando ingresó al mercado el tercer operador en el primer semestre de 2004. Quedan para el recuerdo, no muy edificante por cierto, las expresiones de algún senador, "los vamos a echar a patadas cuando ganemos" o los pedidos de acciones de amparo previo al remate del segmento del espectro.

El ingreso de la tercera compañía de telefonía móvil al mercado rompió con el duopolio de hecho y comenzó la competencia en serio que hizo caer drásticamente los precios al tiempo que mejoraba el servicio. A su vez, el ingreso de empresas que brindan telefonía de larga distancia durante el lapso que duró la "ventana de libertad" por donde se colaron, hizo que los precios de estos servicios cayeran abruptamente, lo que presionó y aceleró el proceso de reducción de las tarifas de telefonía fija que irremediablemente venía llevando adelante ANTEL, en especial la llamada "larga distancia nacional". Es que la diferencia de precio de hablar de Montevideo a Colonia con la comunicación entre Montevideo y Madrid, era similar a la vergüenza que deberían sentir quienes defendían el monopolio y, por ende, se hacía insostenible. De hecho, los precios de la tarifa de ANTEL comenzaron a caer ya en agosto de 2004 y, salvo una suba un año después, a partir de allí sólo conocen la reducción, la última en agosto pasado. Hoy, según informa el INE, la tarifa nominal es 16% inferior a la de julio de 2004 (momento previo al inicio del proceso). Éste es uno de los tantos ejemplos que podemos encontrar con experiencias propias, que demuestran cómo la competencia beneficia al consumidor y la producción mediante la reducción de precios y mejora de la calidad del servicio o producto. La pregunta es ¿por qué no seguir? La respuesta se la dejo al lector. De mi parte pienso que se impone ya una liberalización total del sector de las telecomunicaciones y la puesta a competir de los actores. Se esgrimirá inmediatamente que ANTEL se funde y toda otra serie de argumentaciones, desde pueriles a falaces. No creo que quiebre, seguramente se adaptará a la competencia como lo hizo en otros segmentos, al igual que otras empresas públicas. Seguramente las nuevas reglas de juego le exigirán mucho mejor gestión y buen gobierno corporativo. Pero, en todo caso, si quiebra, el beneficio de los 3,5 millones de habitantes, será infinitamente superior al de los casi 6.000 empleados del ente, buena parte de los cuales pasará a otras empresas del sector.

CIFRAS DE BALANCE. Los números no son muy sorprendentes en lo que refiere a los ingresos; crece la telefonía móvil y los servicios de banda ancha fija a expensas de la fija y pública. Si miramos un plazo más largo, en 2004, la telefonía fija y pública representaban el 73,5% del total de ingresos, la móvil 18% y los servicios de banda ancha apenas 8,5%. Hoy son el 42,4%, 41% y 16,6% respectivamente. Por su parte, el crecimiento global de la empresa en términos reales (deflactado por el índice de precios de sus servicios) ronda el 70% en el mismo lapso (11,2% anual).

En cambio, cuando miramos las erogaciones todo llama la atención y de mala manera. Es que en un sector donde la tecnología avanza, cada vez se utiliza menos mano de obra e insumos para brindar los servicios y las erogaciones se concentran en inversiones; en ANTEL, por el contrario, la plantilla de personal pasó de 4.669 funcionarios en 2004 (con más de 10 años de reducciones consecutivas) a 5.836 en 2009, los gastos corrientes, donde seguramente se incluyen contratos de obra, crecieron 56% en términos reales, mientras que las inversiones lo hicieron 36%. Un verdadero despropósito que lo único que hace es poner más barreras a la reducción de los precios y excusas a impedir la competencia. Naturalmente que una situación como la detallada tiene su contrapartida y ésta se ve en la tarifa, exorbitante a nivel internacional, la baja calidad del servicio y, financieramente, en la reducción de la transferencia de utilidades desde la empresa a rentas generales, que cae 47% en el período. Realmente insólito, para ponerse a llorar. No debemos perder de vista que el negocio de las telecomunicaciones es uno donde al inicio se "hunde" capital, (grandes inversiones que, en este caso, hizo la sociedad en su conjunto, con dinero y deuda de todos) y que una vez en operación, se convierte en una gran caja recaudadora con flujos muy positivos que repagan el capital más su servicio y compensan haber dilatado consumo. La transferencia de utilidades a rentas generales no es otra cosa que la materialización de dicho repago. Por tanto, dilapidar el dinero en inútiles contrataciones de personal, no es más que usar el dinero que le pertenece a la sociedad con fines político-partidarios o, si queremos ser indulgentes, para gloria de algunos burócratas o autoridades coyunturales. No estamos hablando de minucias, sino de más de US$ 100 millones al año.

COMPETITIVIDAD. Quizás para el lector, que se reduzca el costo de las telecomunicaciones le resulta de poca importancia, básicamente porque en el total de sus gastos, si está dentro del promedio nacional, no le insume más que el 2% del total. Sin embargo, voy a intentar mostrarle lo relevante que es. El costo de los servicios públicos, comunicaciones, energía, combustibles, puertos, trámites inútiles, transporte, sumados a los impuestos sobre el trabajo y todos los timbres, tasas y precios que a diario pagamos a cambio de nada, tienen fuerte influencia sobre la competitividad de la economía a corto plazo e impactan sobre los salarios reales a largo plazo. En efecto, una empresa cualquiera no puede dominar a ninguno de ellos y, por tanto, si son altos frente a los de sus competidores, en este caso del resto del mundo, ve afectada su capacidad de competencia. Luego, como el precio de los insumos y las materias primas tienen precio internacional, a las empresas les queda un único costo que pueden ajustar, el salarial. Así, para poder competir sólo les resta pagar un salario inferior al que pagarían con costos menores. Posteriormente pueden pasar muchas cosas, en parte la gente emigra porque el nivel de ingresos es bajo, esto hace que la oferta de trabajo sea menor a la potencial y, entonces, los salarios de mercado mayores a los que serían en caso de no emigración. Esos mayores salarios hacen desaparecer determinadas actividades que no soportan el costo global. Es un proceso continuo, invisible a los ojos, pero real, seguramente no nos guste, pero es así.

En este caso, el efecto resulta aún más grande que el del mero costo. Hoy, muchas empresas precisan más ancho de banda para transmitir contenidos a velocidad compatible con el mundo. De hecho, hay actividades que reportan su cuasi imposibilidad de estar en Uruguay por esta carencia, y uruguayos que amargamente se quejan con razón. No es un tema de mandar correos electrónicos o chatear más rápido, es cuestión de oportunidades laborales, desarrollo e ingresos monetarios, en definitiva, de nivel de vida.

La oportunidad está, el sector privado parece listo, sería bueno que el gobierno autorice la competencia, los precios bajarán y con ellos el costo país, la velocidad aumentará y con ella la productividad, las oportunidades de negocios y laborales. No es un tema menor, hay que hacerlo ya.

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