La situación fiscal - Parte III

JAVIER DE HAEDO

En esta, la tercera y penúltima entrega de la serie, me habré de referir a las empresas públicas. En la primera me referí a la situación fiscal global y vimos que si ajustábamos el resultado fiscal por el ciclo económico y por otros ajustes menores, referidos a UTE y Ancap, el verdadero déficit fiscal casi triplicaba al observado. Con los datos de 2011 corregidos en febrero por el MEF y con el PIB oficial de ese año, esas cifras ahora son de -0,9% del PIB, en el caso del déficit observado, y de -2,6% del PIB, en el caso del ajustado. En la segunda entrega de la serie me concentré en los ingresos del sector público no financiero y vimos que entre 2004 y 2011 habían subido en 1,0% del PIB, destacándose una caída en la contribución de las empresas públicas de 2,1% del PIB, por menores aportes al Gobierno Central y por un menor resultado primario y corriente. Atribuimos entonces este deterioro a que las dos empresas referidas mostraban actualmente desempeños financieros por debajo de los normales, lo que en principio debería ser considerado transitorio, reversible.

Veamos hoy, entonces, la situación financiera actual de las empresas públicas, un conjunto de siete entidades cuyos números forman parte del resultado fiscal que mensualmente divulga el MEF: Ancap, UTE, Antel, OSE, ANP, ANV y AFE. Me quedo, a los efectos de este análisis, con las cuatro más importantes desde el punto de vista fiscal.

En el cuadro que ilustra esta página se presenta un resumen de su información financiera para 2011, con cifras expresadas en millones de dólares. También se presentan, en la parte inferior del cuadro, algunos indicadores construidos a partir de esa información, en todos los casos como porcentajes de los ingresos totales.

ANCAP. Junto con UTE, es la empresa con resultados financieros más volátiles. En el caso de Ancap, eso se debe por un lado a que la cantidad de los embarques de petróleo que ingresan cada mes es variable, mientras que el consumo es estable; por otro lado, hay una alta volatilidad del precio internacional que no se traslada directamente a los precios locales. Por lo tanto, tiene una alta variación de stocks de ambos signos y en forma permanente. Si acumula stocks, usa caja y muestra un peor resultado. El año pasado bajó stocks y eso dio lugar a un déficit menor al que hubiera tenido de haberlos mantenido estables. Por lo tanto, el verdadero desbalance de la empresa en 2011 fue de US$ 432 millones, equivalente a un 11% de los ingresos. Esto quiere decir que en el promedio del año los precios de los combustibles estuvieron un 11% por debajo de donde debieron estar. Si no fue así, fue por una decisión política de usar a la empresa como amortiguador interno del precio internacional. Esto está bien si el shock externo es transitorio pero no está bien si es permanente. Ese déficit se financió con deuda con Venezuela, la que se acercó a los US$ 800 millones al cierre del año. Resulta evidente, ex post, que la posibilidad de contar con esa fuente de financiamiento vino muy bien en los últimos años y llaman la atención, en ese sentido, las críticas habituales de la oposición. A una tasa de 2%, dicha deuda explica grosso modo los US$ 16 millones de intereses pagados por Ancap. Se señala desde hace tiempo que la empresa pretende reducirla, para lo cual compraría deuda pública venezolana en el mercado secundario y la canjearía por la deuda de Ancap. Dado que la deuda de aquel país vale menos que su valor nominal, existe beneficio en el canje, es decir que sería un buen negocio para Ancap. Claro que, para ello, antes Ancap debería emitir nueva deuda para conseguir los fondos necesarios para comprar la venezolana. Salvo que el Gobierno Central decida asistir financieramente a la empresa o reducir los impuestos sobre los combustibles, los datos de 2011 justificarían un aumento de precios de combustibles de por lo menos 10% en las condiciones actuales. Si la decisión de no subir los precios es política, entonces el déficit debe estar en el Gobierno Central.

UTE. En este caso la volatilidad se debe también a dos causas: la capacidad de generación de las represas y el precio del petróleo que se debe quemar cuando aquellas generan poco y nada. La mitad de los últimos seis años fueron malos en ese sentido: 2006, 2008 y 2009. Como contrapartida, 2010 fue extraordinariamente bueno y permitió cancelar las deudas que se habían asumido en los dos años anteriores por entre 300 y 400 millones de dólares, por haber amortiguado el efecto del mayor costo de producción de electricidad en el precio interno. Si habrá sido bueno 2010 que permitió, además, formar la base de un "fondo de estabilidad energética", el FEE, por US$ 150 millones, en el único caso de política anti cíclica efectiva en aplicación. Dos aspectos más a destacar sobre UTE. Uno, el año pasado tuvo un resultado inferior al normal, si bien tuvo superávit. Parte de ese superávit se trasladó como dividendos al Gobierno Central. En el cuadro incluyo los dividendos entre los resultados, y el año pasado los hubo en UTE y en Antel. Dos, UTE también paga intereses, porque también tiene deudas. La tasa no es la que Chávez le cobra a Ancap, sino más parecida a una de mercado, por lo que cabe suponer que la deuda de UTE se encuentre algo por encima de los US$ 300 millones, nivel totalmente razonable para una empresa de ese porte.

ANTEL. En este caso se destaca la contribución fiscal de la empresa, dado que el 46% de los ingresos que recauda terminan de un modo u otro aportando al resultado fiscal: los impuestos que paga como cualquier empresa más los dividendos que transfiere a su "accionista" más el superávit financiero, que metodológicamente se suma al resultado global del sector público, aún cuando permanezca en caja de la empresa.

OSE. Finalmente en el caso de OSE, su resultado financiero suele ser nulo dado que consume todos sus ingresos, siendo de las cuatro empresas referidas, la que más gasta en remuneraciones e inversiones. Otra sería la situación si facturara una proporción mayor del agua que produce, en vez del 50% en que se encuentra desde tiempo inmemorial.

Un apunte final para las inversiones. Entre las cuatro empresas consideradas, se invierte el 1,5% del PIB, cifra casi idéntica a la correspondiente a las inversiones del Gobierno Central.

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