ISAAC ALFIE
Desde esta columna, en alguna oportunidad hice notar el notable aumento de las transferencias que, desde el Gobierno Central, se están realizando hacia distintos actores de la sociedad. ¿Qué significa o cómo se define desde el punto de vista económico una transferencia? Simple, ni más ni menos que una partida en dinero o especie que se entrega a cambio de nada, sin contraprestación de por medio. Algunas resultan lógicas, recomendables y en ciertos casos hasta ayudan a mejorar la eficiencia en el funcionamiento de la economía y por ende la sociedad en su conjunto. A vía de ejemplo, las jubilaciones y pensiones son transferencias, lo mismo que los programas de cargas de familia (asignaciones familiares). Ya con estos ejemplos parece claro que nadie puede dudar de la necesidad que existan, el tema es hasta dónde llegan y los incentivos que conllevan a nivel del comportamiento de las personas. Si el régimen de jubilaciones y pensiones es "muy generoso", jubilaciones a temprana edad, poca rigurosidad con la necesidad de aportes previos, montos por encima de los salarios en actividad, etc., es claro que tenemos un problema de diseño, con incentivos incorrectos que llevan a la ruina tanto al sistema como, factiblemente, a las finanzas y economía del país en su conjunto. Del mismo modo, cualquier otra transferencia a los activos o pagos por cuenta de ellos, deben tener una cuantía que guarde medida y razón con las condiciones de mercado y evite conductas perversas de los agentes económicos (personas, empresas, gobierno).
IDENTIFICACIÓN. Confieso que me resulta difícil recopilar de manera completa la diversidad de situaciones. A las recién mencionadas puedo adicionar el Plan de Emergencia, o como se lo denomine ahora, el subsidio por desempleo y el subsidio a determinadas empresas públicas como Pluna Ente, AFE, el Correo y la Agencia Nacional de la Vivienda. Lo común de todos los casos es que dependen del Gobierno para subsistir. La mayoría de las mencionadas no son nuevas, Uruguay tiene uno de los más antiguos sistemas de previsión social, lo mismo que programas de asignaciones familiares, así como algunas empresas que han sido endémicamente deficitarias. Sin embargo, las transferencias al Correo y AFE han crecido, a Pluna S.A. se le traspasa una importante cantidad anual de dinero, exacerbada de manera implícita mediante garantías gratuitas o disimuladas como "aportes de capital" que valen millones. Apareció la inútil Agencia Nacional de la Vivienda, las asignaciones familiares se transformaron en un mero instrumento de reparto de dinero "a piacere", multiplicando el gasto total por 2,7 en términos reales, donde las cosas se agravan porque legalmente el método de selección de beneficiarios queda librado a la administración, resultando en los hechos de por sí oscuro y desconocido públicamente. Ello se presta para la discrecionalidad y el manejo político a todo lo cual, por supuesto el Plan de Emergencia, mutando de nombre, se transformó en permanente, nutriéndose de diversas fuentes (una de ellas las asignaciones) al punto que resulta difícil saber la suma de todas las partidas.
OTROS CHEQUES. Existen otras situaciones donde la dependencia del dinero del Gobierno Central se ha vuelto tan aguda que los riesgos son mayúsculos. Durante la administración pasada se instauró un subsidio al boleto urbano e interdepartamental, a la vez que creció el de los boletos de estudiantes que ahora continúa ampliándose. Las partidas hacia los gobiernos municipales han crecido desmedidamente, siendo la última perla la "solución" hallada para la patente única, como ya referí en una columna específica hace un par de meses. En dicha ocasión, advertía que la dependencia de algunos gobiernos locales de los dineros que le remite el Gobierno Central llegaba a un extremo grado de inconveniencia. Luego de ello, se conocieron cifras que muestran que en algunos casos, el 75% del total de ingresos depende del cheque que les envía el Gobierno. Las tarjetas del Mides, otros programas y la reciente propuesta sobre reducción del IVA al mismo grupo, son parte del mismo fenómeno, que se va enmarañando, donde los programas se superponen; las cuentas no están claras ya que las erogaciones no salen por rubros específicos de transferencias sino mezclados dentro de diversos gastos y, por lo tanto, hay que mirar una a una las partidas de erogaciones que se detallan en las leyes presupuestales y de rendición de cuentas y seguramente hacer algún supuesto de asignación, para tener idea acabada de lo que estamos hablando. Para completar el panorama, el sistema de salud instaurado hace pocos años, ha impuesto prácticamente la total dependencia del sistema mutual de los fondos que le manda el Gobierno.
CUANTIFICACIÓN. Como daba cuenta, nos encontramos ante un problema grande porque algunas de las partidas que son transferencias están expuestas como gastos corrientes del Gobierno. De hecho, lo que sí sabemos es que entre 2004 y 2011 lo que se expone como transferencia dentro de las cuentas del Gobierno más el programa de asignaciones familiares, el de desempleo y una parte del sistema de salud, creció de 3,2% a 5,4% del PIB; como este indicador en el mismo período se expandió cerca de 62%, tenemos que lo que identificamos como transferencias aumentó, en términos reales, 172% en 7 años. Si a lo anterior le sumamos lo que se conocía como Plan de Emergencia y que mutó de nombre y programas, podríamos cuantificar el aumento real en el entorno del 200%, o sea se han multiplicado por 3 en términos de bienes, en medio de un período de bonanza desconocido por todos quienes estamos vivos en Uruguay, donde bien poco necesario es hacerlo. Claramente, no puedo cuantificar otras partidas como las reseñadas y para ello debemos esperar las cifras discriminadas de la ejecución presupuestal y realizar un engorroso estudio partida a partida que sobrepasa el alcance de esta columna. De todas maneras, la magnitud de la cifra es lo suficientemente elocuente como para sacar conclusiones.
EFECTOS. Una cosa se sabe y está probado hace varias décadas, las transferencias en exceso desde el Gobierno a las personas, no solamente las termina perjudicando, porque se constituye en un sistema de reproducción de pobreza, mediocridad y dependencia que coarta el crecimiento personal y con él, el progreso, sino porque les quita la libertad como seres independientes a la hora de elegir sus representantes. El propósito de las mismas es ayudar al crecimiento de las familias que trabajan, se esfuerzan y ahorran. Si quieren un ejemplo bien perverso de lo que se logra con transferencias en exceso, basta con mirar lo que sucede particularmente en la provincia de Buenos Aires (aunque se extiende a casi toda Argentina) desde que el peronismo comenzó su política de reparto sin ton ni son. Si lo anterior es muy importante, existe otro efecto quizás tan importante como el anterior, que muchas veces se deja de lado y se convierte en decisivo cuando el ciclo económico no acompaña, cual es la dependencia en exceso del dinero público que deja sin grados de libertad a los actores cuando éste escasea e imperiosamente hay que ajustar. Dejemos de lado a las personas, que se vuelven prácticamente inútiles para valerse por sí solas y se convierten en un lastre para la sociedad que debe trabajar por ellas y mantenerlas. Piense el lector qué pasará cuando la recaudación no responda y haya que pasarle dinero a las compañías de ómnibus para que funcionen, a las Intendencias para pagar sus salarios o las mutualistas para hacer frente a sus gastos. Si como se sabe, en algunas intendencias el 75% de sus ingresos provienen del Gobierno Central, si en las mutualistas este porcentaje es aún mayor en la mayoría de los casos y desconocemos la situación en el transporte pero me temo que sea considerable, ante la menor dificultad de caja el ajuste por calidad vendrá sí o sí y, en especial el sector salud, cuya calidad está en caída libre producto de la forma de instrumentación y diseño de un sistema de salud ya probadamente fracasado en el mundo. Lo mismo sucederá en el transporte, en tanto el choque entre el Gobierno y las Intendencias será ruidoso, pero éstas deberán ajustar indefectiblemente. El dinero fácil funciona como la droga, todo lo destruye.
El riesgo latente de caer en un estado de cosas que empiece a tender a situaciones indeseadas, algunas de las cuales las vemos de cerca vía TV porque pasan en Argentina, es demasiado grande. En épocas como la actual, donde las posibilidades financieras son grandes, este esquema debe desarmarse en forma ordenada porque si no, en algún momento indeterminado del futuro, la realidad se encargará de hacerlo de la peor manera.