JAVIER DE HAEDO
Economía & mercado
Vuelvo al tema impositivo tras apenas una semana de pausa, en la medida en que ha seguido en el tapete, agregándose elementos a su discusión pública. Dado que todo hace pensar que el tema volvió para quedarse por todo el año, no será ésta la última vez que lo abordaré.
Pero en esta oportunidad voy a encararlo desde un ángulo diferente al habitual y no me voy a dedicar a consideraciones técnicas sobre tal o cual tributo. Creo que es el momento de dejar en claro algunas cosas que por obvias, pueden pasar inadvertidas y dejarse de lado. Es decir que el abordaje del tema ha adquirido tal dimensión, entrándose a la casuística de los impuestos y sus presumibles efectos económicos, que se ha salteado lo básico, lo que debería ser considerado en forma previa al análisis pretendidamente profundo al cual estamos asistiendo.
Veamos entonces seis puntos que he ido anotando al escuchar y leer lo que se dice y escribe en estos días.
Uno, se está vendiendo la piel del oso antes de cazarlo. Tenemos déficit fiscal a pesar de que la economía vuela como nunca. No "sobran" 260 millones de dólares, lo que sería el producido de los dos puntos de la tasa básica del IVA que se prometió bajar, ni mucho menos. Mejor dicho, hoy no sobra nada. En oportunidad del Presupuesto, el Ministro Lorenzo dijo que esa baja de dos puntos en el IVA se iba a financiar con la mayor eficiencia en la recaudación de las agencias respectivas. Encima, la recaudación vuela por la fiebre de consumismo ocasionada por el dólar (transitoriamente) barato. De los US$ 960 millones que insumió la compra de más de 40 mil autos cero kilómetro el año pasado, la mitad son impuestos. Lo mismo sucede con una parte importante del precio de los 750 mil televisores vendidos en 2010. La gente está renovando el stock de bienes durables porque están muy baratos y mañana puede ser tarde. Pero en ese mañana, la recaudación se va a desplomar porque la gente va a comprar muy poco de esos bienes: ya se habrá puesto al día antes. Son bienes de alta elasticidad ingreso e intensivos en impuestos. Ese día las finanzas públicas van a quedar colgadas del pincel.
Dos, peor aún sería si ahora se cambiara el sistema tributario para que paguen más los que (transitoriamente) están ganando más, porque el día que pasen a ganar menos, o a perder, la recaudación se vería fuertemente abatida. El sistema tributario no puede cambiarse en función de la coyuntura, ni al grito de la tribuna. Además, quienes hoy ganan mucho, lo hacen en función de reglas tributarias que se fijaron no hace mucho tiempo y en función de las cuales tomaron decisiones en materia de inversión y producción. Reglas que tienen implícito que si se gana mucho se paga mucho impuesto, si se gana poco se paga poco y si se pierde no se paga. Esto ya está previsto en el actual sistema tributario. Y si hubiera casos en los que no lo estuviera, entonces sí debería ser ajustado.
Tres, las actuales reglas de juego en materia impositiva fueron revisadas y ajustadas hace muy poco tiempo, a mitad de 2007, no han pasado cuatro años. Se supone que el gobierno del Frente Amplio, con mayoría propia entonces, como ahora, diseñó un sistema con el cual estaba conforme. ¿Cómo se explica que el mismo partido, sólo cuatro años después, quiera volver a barajar y dar de nuevo en esta materia? Sólo si en realidad se tratara de una coalición con serias diferencias internas y el cambio en el timón determinara cambios sustanciales en el rumbo a poco de salir del puerto. Eso no quiere decir que no se puedan introducir cambios marginales, pero no tiene sentido producir cambios mayores, estructurales al sistema tributario.
Cuatro, el tributario es un tema sensible, chocolate por la noticia. Pero algunos parecen no haberse dado cuenta. Cuanto más ruido hay en un tema como ese, más se repliega el que pretende hacer negocios, porque los ruidosos le generan dudas acerca de cuál va a ser la cancha en la que va a tener que jugar. Si el ruido viene de la oposición o de los sindicatos, es una cosa, pero si lo genera el propio gobierno, es otra. Y desensilla hasta que aclare, hasta saber con qué reglas va a tener que desempeñarse en el futuro. No tengo dudas de que si se llegara a afirmar el temor de que copiaremos algo de lo peor de Argentina, como las detracciones sobre las exportaciones, la intención de realizar siembras futuras bajará y habrá productores regionales que comenzarán la migración hacia otros países de la zona, como antes se fijaron en nosotros.
Quinto, lo más increíble: la piedra de toque de la irrupción de los impuestos como tema de agenda fue la distribución del ingreso y los resultados en materia social tras seis años de gobierno frenteamplista. En estos seis años los salarios privados subieron 31% en términos reales, los públicos 25% y las pasividades 24% (mucho más las más bajas, con aumentos adicionales); el ingreso medio de los hogares subió entre 30 y 35%. La tasa de empleo en el país urbano pasó del 51 al 60% de la población en edad de trabajar y la de desempleo cayó del 12% al 6%; la pobreza bajó a la mitad y la indigencia a la cuarta parte; y si bien la distribución del ingreso mejoró poco, ello ocurrió en un contexto de fortísimo crecimiento basado en muy altos precios de alimentos, lo que normalmente da lugar a un deterioro en la distribución. No hay dudas de que, viento de cola mediante, los resultados de estos años han sido muy buenos y sorprende la disconformidad en el oficialismo con ellos. Disconformidad que se ha traducido en una suerte de escalada de reivindicaciones del tipo "quién da más", a la que llamativamente se sumó el ex presidente Vázquez y a la que, entre quienes hablaron, sólo se ha parado firme el vicepresidente Astori, que expuso los peligros de lo que correctamente denominó "oportunismo tributario".
Sexto, sin llegar al extremo de pretender un debate "elitista" en materia de impuestos, es decir un debate del cual sólo participaran quienes tienen conocimientos profesionales en la materia, creo que nos fuimos al otro extremo y cualquiera dice cualquier cosa sin el menor fundamento. No estamos en la Tribuna Olímpica donde todos nos sentimos directores técnicos de nuestro equipo de fútbol y le pedimos a los gritos cambios a los verdaderos DT. El tema de los impuestos requiere de una especialidad que no es trivial, ya que los impuestos generan efectos económicos que no son sencillos de entender, como los que dependen de las elasticidades de la oferta y la demanda en los mercados respectivos. Lo que escribe en la ley el legislador no necesariamente se cumple. El que paga el IRPF al alquiler de la casa no siempre es el dueño, a veces es el inquilino, aunque la ley diga que es el primero y en la exposición de motivos y en el tratamiento parlamentario se fundamente en ese sentido. Tampoco es obvio que si se baja la tasa de un impuesto al consumo, el consumidor reciba el beneficio respectivo. Dependerá de las fuerzas relativas de productores y/o importadores por un lado y de consumidores por otro. Casi todos quienes han puesto recientemente sus frondosas imaginaciones al servicio de propuestas tributarias no tienen formación ni conocimiento específico sobre la materia. Somos aturdidos por reflexiones insensatas un día sí y otro también por quienes no tienen la menor idea acerca de estas cosas y hablan como si supieran.
Nadie puede asegurar a esta altura en qué quedará todo esto ni cuáles serán los daños colaterales de toda esta movida. Esperemos que al final del día prevalezca la sensatez y el juez no cobre al grito de la tribuna.