Explotación minera: aún no

El Presidente ha calificado de "palo en la rueda" la intervención del Parlamento en el tema de la instalación de la empresa Aratirí, con una inversión de dimensiones inusitadas para el país. Tal expresión es la que utilizaba siendo Ministro de Ganadería, para referirse a las características de nuestra expansión agrícola: había que ponerle un palo en la rueda. Y se parece también a la expresión de su sucesor, cuando manifestaba que debía evitarse la agricultura sin agricultores, refiriéndose a la realizada por sociedades de gran porte y propiedad indefinida, aunque absolutamente minúsculas al lado de la minera. De esta no parece importar ni su tamaño, ni saber el nombre de sus dueños, ni su nacionalidad. Pero aquí no está mi punto. Yo creo que simplemente no están dadas las condiciones hoy, como para dejar el campo expedito para esta inversión. Mañana ojalá que sí.

EL MEDIO AMBIENTE. No está mi dificultad contra la minería en temas medio ambientales, no creo que ese sea el punto. Imagino que semejante proyecto incluirá evaluaciones de impacto y, a partir de ellas, con seguridad se las tomará en cuenta. Además, las reparticiones de los ministerios actuantes en principio merecen confianza, y no hay por qué suponer que la empresa no considerará sus informes. Más aún; hay otras organizaciones de porte mundial que con seguridad tendrán sus propias exigencias y controles. Por ejemplo, múltiples normas de protección ambiental son demandadas tanto en algunas bolsas del mundo como en algunos bancos, especialmente los de control multilateral, como el BID o el Banco Mundial. Más aún; existen múltiples protocolos vinculados a certificaciones internacionales que supongo una empresa de este porte procurará, y en este sentido será auditada. En definitiva, el tema del medio ambiente me importa menos, porque imagino que más acá o más allá se resolverá: no veo ninguna razón para que en principio no sea así. Pero podrían ponerme hoy sobre la mesa diez evaluaciones "verdes" satisfactorias y yo mantendría mis reparos.

PROPIEDAD. Mis dificultades derivan del tema de los derechos de propiedad sobre el subsuelo. En nuestro país -no tendría por qué ser así- el subsuelo es propiedad del Estado. Es decir que el productor rural desarrolla su explotación apoyado en recursos que no son de su propiedad. Si pertenecen al Estado, es decir a la sociedad organizada políticamente, será el Gobierno, pero nunca un partido solo, el que determine el mejor modo de utilizar esos recursos y, lo más importante, las formas de dar cuenta a la sociedad de lo que se hace con ellos. Estamos refiriéndonos a otro monopolio del Estado que hoy parece elegir sea explotado por una empresa particular, como podría ocurrir con Antel, Ancap, o UTE. No hay ninguna razón de coherencia para aceptar o negar solo uno de estos monopolios en manos del Estado y negar los otros...

Este Gobierno ha demostrado un celo inaceptable por el cuidado del suelo que tiene un propietario, hasta llegar incluso a sustituir sus decisiones productivas, e imponer un modo de cuidarlo aun opuesta a la voluntad del dueño. Este debe hacer lo que le manden en su campo, le guste o no. Esta preocupación del Gobierno es totalmente asimétrica con la de la explotación minera. En aquella -la del suelo- hay un dueño, que podemos presumir que cuidará su recurso. En este caso -el de la minería- no hay un dueño o peor, el dueño es el Estado, y sus intereses podemos presumir que no van en el sentido de cuidar los recursos. No me refiero a los recursos naturales que ya señalé que espero se cuiden; me refiero a los recursos económicos que aceptará de la empresa minera y, especialmente al destino que quiera darle. Las naturales urgencias presupuestales que con seguridad irá padeciendo cada vez más el Gobierno, este como cualquier otro, me hacen pensar que una decisión que involucra el largo plazo no puede tomarse por parte de quienes tiene urgencias políticas de corto plazo. Es decir que los valores de venta del pedazo de subsuelo que vamos a aceptar entregar, no pueden ser objeto de aceptación por parte de los que más urgencia pueden tener en gastarlos. No puede ser así.

Y lo otro es el tema del destino de los dineros. A un Gobierno que en siete años ha usado el crecimiento en gastar más y peor; que con todo el viento a favor y el doble de recursos ha empeorado en sus primeros deberes como lo son la educación o la seguridad, incluso con índices sociales que aun no llegan a los de 1993; a un Gobierno que no solo ha multiplicado el gasto sino que se ha solazado en considerarlo "espacio fiscal", imagine el lector lo que supondría poner en sus manos este festival de millones de dólares conseguidos sin esfuerzo. Este es pues el punto, que va más allá del tema medio ambiental: el destino de los recursos, el modo de asignarlos. Es necesario que se establezcan criterios que tienen que ser aceptados por bastante más que la opinión de un partido de mayoría accidental. Pero no solo hay que acordar criterios sino modos de administración. Es más. Los recursos que se acuerden deberían constituir una suerte de propiedad fiduciaria en administración de una entidad independiente que operara conforme a un mandato inicial preciso. Ya hemos oído estas últimas semanas acerca de destinos de un posible impuesto a la tierra, algunos de ellos bastante insólitos, y muchos asociados a la ideología de un partido solo, no único por cierto.

DESTINO. Creo que el mejor uso de estos recursos es que se destinaran a cerrar el espacio fiscal, es decir a reducir la presión tributaria general, achicando en serio por ejemplo el IVA o, mejor, eliminando el impuesto a la renta personal. Esto devolvería recursos a quienes tienen las mejores ideas: la gente, no sus gobernantes. Y nos aseguraríamos que los dueños del subsuelo es decir todos, participáramos de un beneficio menos vistoso que la propuesta de destinar fondos a la educación, o a la inversión pública, o al Instituto de Colonización, o al Iname, o a reservas a la chilena. Es mejor que sirvan para aflojar la presión fiscal, que es un modo de confiar en que los uruguayos solos haremos lo mejor con ese ahorro de recursos.

En definitiva, cuando el destino del dinero sea muy claro; cuando los controles de su uso también; cuando como espero quede claro el tema medio ambiental sin caer en la ecolatría, es decir en la adoración de la naturaleza intocada. Cuando todo esto quede claro la minería como cualquier otra actividad podría ser bienvenida. Hoy no.

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