Evidencia de exceso de confianza

 20120415 800x530

Las declaraciones del ministro Lorenzo sobre la obtención del grado inversor (por el cual congratulo a la Unidad de Gestión de Deuda Pública), me hacen pensar en toda la evidencia que hay en psicología y economía sobre el fenómeno conocido como "exceso de confianza" u "overconfidence" en inglés.

Hay tres formas distintas de overconfidence: la gente tiende a creerse que es mejor que el promedio, tiende a creer que le irá mejor de lo que realmente le irá, y tiende a creer demasiado a menudo que la información que posee es de buena calidad. En breve describiré algunos de los experimentos que ilustran estos fenómenos, pero tan interesantes como los datos mismos, son las teorías sobre por qué surgen estos patrones. Dos hechos que parecen particularmente prominentes en este contexto son:

r la gente tiende a creerse mejor de lo que realmente es porque le atribuye los éxitos a su habilidad y los fracasos a la mala suerte (cuando en realidad algunos éxitos son ayudados por la suerte, y algunas fallas por falta de habilidad);

r la gente tiende a atribuirse una porción mayor de los méritos por un éxito, que la que realmente le corresponde (por ejemplo, se pone a dos sujetos a resolver problemas lógicos en equipo; luego se les informa que la solución fue correcta, y se le pide a cada uno por separado que diga qué porción del trabajo completaron ellos; la suma es siempre mayor a 100%).

Sin entrar a discutir las afirmaciones de Lorenzo en detalle, hay tres aspectos que parecen salidos de un trabajo sobre overconfidence:

V cuando dice que las políticas anteriores al 1º de marzo de 2005 "difícilmente hubieran dado resultado alguno", parece olvidar que Uruguay ya tuvo el grado inversor, y lo perdió con el primer revés en las condiciones externas;

V cuando habla de la política fiscal y los déficits (inexistentes) parece ignorar las condiciones externas favorables (que han llevado a Argentina, con políticas "mucho peores" a tener una performance parecida a la nuestra);

V cuando adjudica todo el mérito del manejo de la deuda a su fuerza política, ya que la gente a cargo de la oficina era la que hacía el trabajo aún antes de su llegada al poder.

EVIDENCIA INICIAL. En uno de los primeros trabajos sobre el exceso de confianza, el investigador Ola Svenson reunió a un grupo de estudiantes en un salón y les pidió que anotaran en un papel, mejor que qué porcentaje de la gente en ese salón creían que conducían un auto. Para ilustrar, imaginemos que juntó a 100 personas; lo curioso fue que alrededor de 80 de los sujetos escribieron números mayores a 50. Es decir, 80% de la gente creía que estaba en "la mitad de arriba".

El experimento fue muy cuidadoso al definir el grupo de comparación: si hubiera preguntado sin esa precaución "¿maneja usted mejor que el promedio?" y se hubiera encontrado overconfidence, no se sabría si fue porque la gente eligió compararse con su abuela y las amigas. Sin embargo, el estudio tenía dos problemas: por un lado, la gente no tenía incentivos a contestar lo que realmente creía, ya que era gratis decir que uno es el mejor del grupo; por otro lado, podría surgir overconfidence y ello no sería irracional, ya que para mí ser un buen conductor puede querer decir "andar rápido sin pisar a nadie", y para otra persona puede querer decir "andar despacio y usar siempre el señalero" (en ese caso los dos podemos creernos mejor que el promedio, sin que exista irracionalidad).

Para corregir esos errores, dos investigadores juntaron a grupos de 20 personas y les mostraron unas preguntas; les dijeron "ahora todos tomarán una prueba con preguntas de ese tipo; ¿preferís que te paguemos $ 10 si sale cara en una tirada de una moneda, o que te paguemos $ 10 si tu puntaje está en la mitad de arriba dentro de este grupo?".

En este caso, la gente tiene incentivos a contestar correctamente (si creo que estoy en la mitad de abajo, no me convendrá elegir la apuesta que me paga $ 10 si mi puntaje es de la mitad para arriba) y la tarea en cuestión no es ambigua, como en el caso de manejar. Encontraron que alrededor de 80% de la gente elegía la apuesta que pagaba si el puntaje era bueno y concluyeron que había overconfidence.

UNA NUEVA TEORÍA. En "Apparent Overconfidence" publicado en la revista Econométrica en septiembre del año pasado, Jean-Pierre Benoît (de la London Business School) y yo argumentamos que por más que esos experimentos parezcan convincentes, no son evidencia de irracionalidad. Para ilustrar por qué esto es así, imaginemos que la población mundial está compuesta en iguales proporciones por dos tipos de gente: aquellos que antes de los 20 años chocan con probabilidad 10% y aquellos que chocan con probabilidad 30%. En promedio, el 20% de la gente de 20 años habrá chocado (y 80% no habrá chocado). Por lo tanto, si a un grupo grande de estudiantes de 20 años (como los del experimento de Svenson) se pregunta si es mejor o peor que el promedio, 80% tendrá evidencia que le indica que sí es mejor que el promedio. En particular, pensarán "a priori, yo no tenía información para evaluar si era de los buenos o malos conductores, pero he manejado por algún tiempo y no he tenido accidentes; por más que no esté seguro, la evidencia me indica que estoy en la mitad de arriba de las calidades de conductores".

Más generalmente, en nuestro trabajo demostramos que todos los experimentos que había habido argumentando que existía este tipo de overconfidence (que la gente se cree mejor que el promedio) podían ser explicados con modelos en los que la gente era racional. Pero como el de overconfidence es un tema tan importante para la economía (por ejemplo: las decisiones de la gente de abrir una empresa dependen de sus creencias en sus habilidades para brindar un mejor servicio que la competencia) también diseñamos tres tipos de experimentos que podían demostrar la existencia del fenómeno.

EVIDENCIA MÁS NUEVA. En el trabajo demostramos que si se le ofrece a un grupo de 30 personas la opción entre "$ 10 si sale cara en la tirada de una moneda" o "$ 10 si tu puntaje está entre los 10 mejores en una prueba", si la gente es racional, a lo sumo 20 pueden apostar por su puntaje. De hecho, cuando corrimos un experimento así (con Benoît y Don Moore, un psicólogo de Carnegie Mellon), "solo" 16 personas eligieron apostar por su puntaje, por lo que vistos de esa manera, los datos son consistentes con una población racional.

Más recientemente desarrollamos un nuevo conjunto de pruebas para demostrar overconfidence, y demostramos que para que los datos provengan de una población racional, debe suceder que de las 16 personas que eligieron apostar por su puntaje, al menos la mitad debería haber quedado entre los ganadores, en el "top 10". Eso no fue así, sin embargo: solo 5 de los que apostaron por su puntaje estuvieron entre los ganadores. Esto demuestra, sin lugar a dudas, que la gente sufre de overconfidence. Este hallazgo ha sido corroborado por otro de nuestros experimentos, y un par de tests posteriores de otros investigadores.

VUELTA AL URUGUAY. Quizás la prensa exageró la contribución de la continuidad de las políticas como factor para haber conseguido el investment grade. Quizás no, si se considera que las políticas actuales parecen más de continuidad con los regímenes anteriores, que la propuesta "promedio" del Frente Amplio antes de 2005.

De todas maneras, si Lorenzo realmente cree todo lo que dijo, quizás sufra de overconfidence, pero como hemos establecido, no está solo.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar