Desconocido cambio en paz

JULIO PREVE FOLLE

En soledad vengo escribiendo sobre un fenómeno del que se habla poco: la nula concentración de la tierra durante los noventa, lo que molesta a los que piensan que todo comenzó en 2005.

¿ÉXODO RURAL? Según el último Censo General Agropecuario, entre el año 1990 y el 2000 el número de explotaciones aumentó, pasando de 54.816 a 57.131. Es decir que el llamado éxodo rural, comprobado en las décadas anteriores, en ésta se detuvo; y el número de trabajadores permanentes pasó de 140 a 157 mil según la misma fuente. El fenómeno tiene causas que en general confluyen todas en el cambio de expectativas en torno al valor de la tierra. En efecto, hasta ese momento se hacía irrelevante la inversión, ya que valía más comprar una hectárea de tierra que realizar una de pradera. El cambio supone la inversión fuerte por hectárea, achicando las explotaciones que se hacen más intensivas en capital.

Para entender lo que pasó, hay que recordar el cambio total en el paradigma de política agrícola de esa década, que pasa por abrir la economía agropecuaria en casi todos los rubros, por la desregulación del comercio interno y externo, y por el otorgamiento de un protagonismo mucho mayor a la actividad libre de los empresarios. Se hace notoria la internación total de precios internacionales de insumos y productos -esto es el modelo exportador- y aparece un modo nuevo de relacionamiento con la tierra a través de arrendamientos y las sociedades anónimas, nuevas leyes mediante.

NUEVA INFORMACIÓN. En el anuario de Opypa de 2010 se incluye un excelente trabajo (1) que aporta las primeras pistas acerca de la continuación del fenómeno que referí arriba. La fuente en este caso son los registros de empresarios y trabajadores en el BPS. En primer lugar se verifica que las empresas agropecuarias experimentaron un ligero crecimiento del 3,2%, en el que a lo mejor podemos compartir con los autores que deriva de una fiscalización mayor; en cualquier caso parece claro que sigue este fenómeno de estabilidad en el número de productores. Pero hay otra información muy interesante también: se duplica el número de empresas agropecuarias bajo la figura de sociedades anónimas, que pasan a ser 2.200, lo que muestra hasta qué punto su prohibición generará problemas. Y lo que más me llama la atención porque representa un cambio social enorme, es el número de empresas contratistas que el BPS con acierto las considera agropecuarias, aunque a lo mejor no tienen una explotación; éstas pasan de cerca de 1.100 a 3.600. En cuanto a los patrones son más o menos los mismos, pero los trabajadores son 27 mil más entre permanentes y zafrales, creciendo en proporción mucho más estos últimos. En la forestación pasan de mil a 8 mil, en la agricultura y ganadería pasan de 47 a 64 mil, y hay aumentos también en la lechería y la granja.

Creo que este trabajo me ayuda a postular como hipótesis, que no creo evidente que el censo del 2010 -que se hará en el 2011- muestre una caída en el número de explotaciones. Pienso que el incremento de los valores de las tierras no es consistente con la extensión de los campos, sino más bien con la intensificación de las explotaciones. Es cierto que hay empresas enormes trabajando la tierra, pero no me queda tan claro que hayan desplazado por completo a todos aquellos a los que les compraron o arrendaron pedazos de campo.

CAMBIO DE MANO. También configura un cambio enorme que entre el año 2000 y el 2009 se vendieron 6.178.000 hectáreas y se arrendaron 6.089.000. Siendo muy conservadores podemos suponer que a lo mejor entre 1995 y 2000 se arrendaron y vendieron un millón más. Como hay operaciones repetidas en el mismo campo, no se pueden sumar todos estos números y decir que coinciden con el área que cambió de mano. Pero lo que sí se puede señalar es que un área equivalente a 13 millones de hectáreas -un 80% del total- cambió de titular de su explotación en quince años, sin contar las sucesiones. Esta enorme transformación, desarrollada en un contexto general de crecimiento y cambio técnico, en paz, es poco conocida. Es el de hoy un agro muy diferente que genera nuevos empresarios, que aporta mano de obra de modo genuino y materias primas para las empresas que competitivamente la quieran. Por eso me hace gracia cuando se concluye, mirando nuestra oferta exportable, que la misma se desarrolla sobre productos de bajo contenido tecnológico o que agregan poco valor o son poco dinámicas. Es absurdo; un grano de soja posee mucho más tecnología que el armado de un auto chino; un puesto de trabajo en la agricultura no pide recursos de nadie como lo hace la industria azucarera, o la automotriz, o la aceitera, que sólo viven de ayudas gubernamentales. Y tecnológicamente un novillo de hoy, o un grano de soja, o un cuero, no tienen nada que ver con sus iguales de treinta años atrás. Tienen dentro biotecnología, robótica, logística, satélites, ingeniería financiera, etc. Y además generan mucha mano de obra en sus propios procesos y en los encadenamientos que sostienen.

COMPENSACIONES. No hay una sola medida de política agropecuaria desde el 2005 hasta ahora que pueda citarse para fundamentar todo este proceso. Ni una. Sí en cambio las hay para ponerle palos en la rueda, como por ejemplo la prohibición de las sociedades anónimas, la de los transgénicos, así como amenazas varias de detracciones, de combate a extranjeros, etc. Como tampoco hay desde 2005 un solo programa nuevo de ayuda a los productores en dificultades. Apenas se continuaron algunos, pero nada nuevo. En cambio aquella década de los noventa deja el primer estudio sobre empleo e ingreso rural, y programas varios contra la pobreza o vinculados a la reconversión. Los cito por sus siglas, entre otros: Prenader (riego, 70 millones de dólares), Pronappa (pobreza rural, 20 millones de dólares), Predeg (reconversión de la granja, 49 millones), Pronadega (ganaderos medianos, 5 millones), Programa Ganadero, CEAD. Por eso me da risa cuando se habla de la década liberal que lo fue, sin mencionar que fue también la que con hechos destinó más recursos a reconversiones y ayuda. Sin discusión. Y sin olvidar tampoco los exhaustivos estudios de impacto a todo nivel de la apertura arancelaria, de sus excepciones, que dieron luz a la negociación internacional. Todo es mejorable, pero nada empezó en 2005.

(1) Empresas y trabajadores agropecuarios en el período 2000-2009, Tomasino H. y Bruno Y.

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