La balanza de pagos arrojó un déficit (disminución de reservas) de US$ 360 millones en el último año. Dicho resultado es la consecuencia de un deterioro de la cuenta corriente, deficitaria en US$ 160 millones, y una salida neta de capitales financieros por US$ 200 millones.
La evolución de la cuenta corriente a lo largo del año acompasó la marcha del nivel de actividad (ver Gráfico N° 1). En esta cuenta se registran todas las transacciones de carácter real entre los residentes de la economía y los del resto del mundo. Estas incluyen no sólo al intercambio comercial de bienes y servicios, sino también al pago (retribución) por el uso de factores productivos de propiedad externa (nacional) utilizados en la producción de bienes y servicios nacionales (externos). Por ejemplo, una empresa uruguaya que solicita un préstamo a una institución financiera del exterior, paga por ese servicio el interés correspondiente. Ese pago por el uso de un factor productivo del exterior (en este caso capital) se registra en la cuenta corriente.
En el último año el PIB se incrementó 8,5% respecto a 2009. En ese resultado incidieron de manera fundamental el mayor consumo interno como así también el aumento de las exportaciones y el incremento de la inversión privada. Todo ello impactó directamente en la balanza comercial. Al cierre de 2010, el intercambio de bienes y servicios del país con el resto del mundo arrojó un superávit de US$ 811,2 millones.
Si se compara con el cierre de 2009 (US$ 738 millones) se aprecia una mejoría. Pero si se analiza el comportamiento a lo largo del año, la interpretación es otra. En el Gráfico N° 2 se muestra el saldo de la balanza comercial en años móviles. Se ve allí que el superávit alcanzó un máximo en el tercer trimestre del pasado año, contrayéndose prácticamente en un tercio en el último.
DETERIORO. El fuerte deterioro del superávit comercial (de bienes y servicios) en el cuarto trimestre responde al incremento de las importaciones, las que aumentaron 43% con respecto a igual período del año anterior. Aquí operaron varios factores, algunos de carácter puntual, y otros que responden al ciclo económico. Dentro de estos últimos cabe señalar al mayor consumo interno y la consiguiente demanda por bienes duraderos, caso de los automóviles y electrodomésticos. Pero también aumentaron los viajes de uruguayos al exterior, otro síntoma no sólo del mayor poder adquisitivo de la población sino del desfasaje de precios relativos, tornando relativamente accesibles las vacaciones en el exterior.
Pero las importaciones no sólo se centraron en los bienes de consumo, sino que también aumentaron las de insumos intermedios y las de bienes de capital. Dentro de estas últimas, que reflejan el optimismo del empresariado uruguayo hacia el futuro, cabe señalar algunas muy puntuales, que no habrán de repetirse, caso los nuevos aviones de Pluna.
Por cierto que las exportaciones aumentaron, estimuladas por los elevados precios de los commodities y una temporada turística muy buena, aunque a un ritmo menor que el de las compras externas.
El crecimiento de la economía también contribuyó al deterioro de la cuenta corriente a través de la retribución de los factores externos. En el último año se repatriaron utilidades de empresas externas de capital extranjero por US$ 721 millones, frente a los US$ 395 millones de 2009. Aquí hay que hacer un par de aclaraciones. En primer lugar, el que las empresas tengan utilidades es algo positivo, ya que indica que les está yendo bien. Ello se ve reflejado en el crecimiento del PIB.
Pero no necesariamente esas utilidades distribuidas abandonaron el país. De hecho, se realiza la ficción contable de que ese dinero fluye hacia sus casas matrices, pero reingresa al país bajo la modalidad de inversión extranjera directa (IED). Las mayores utilidades y reinversión de las mismas a lo largo del último año no deberían sorprender. Una parte muy importante de la IED se canaliza hacia actividades exportadoras, las que sufrieron durante 2009 los efectos de la crisis financiera internacional, recuperándose en el último año.
Debido a estos comportamientos, el saldo de la cuenta corriente fue negativo en US$ 507 millones en el último trimestre del año; un año atrás, el déficit fue sensiblemente menor, US$ 41 millones. En definitiva, fue el comportamiento del último trimestre el que tornó negativa a esta cuenta. Su interpretación no es otra que un exceso de gasto de los residentes en bienes y servicios del exterior.
¿RECALENTAMIENTO? Ese exceso de gasto corresponde tanto al sector privado como al público. El déficit del sector público, sin considerar el dinero vertido por UTE al fondo energético, ascendió en el último año al equivalente de US$ 387 millones. Ello quiere decir que el resultado del sector privado fue superavitario en US$ 227 millones. Una primera lectura, sin tener en cuenta la dinámica que mostró la economía en los últimos meses de 2010 podría llevar a una mala interpretación de la realidad. El pequeño ahorro de los privados (0,6% del PIB) nos hablaría de un contexto en el que no existe un boom de consumo. Sin embargo, comparando con el resultado de 2009 (superávit de US$ 754 millones), se observa una fuerte reducción. Es cierto que el mayor ahorro privado en 2009 se produjo ante la incertidumbre por la crisis internacional, pero a lo largo del último año el consumo privado creció a un ritmo superior al del PIB, por lo que en la actualidad ese ahorro habría desaparecido. Y cuando la economía empieza a gastar por encima de sus posibilidades se ingresa en un terreno peligroso, insostenible en el mediano plazo. Por lo pronto, se acelera la inflación, tal como acontece en estos momentos, lo que llevó al BCU a adoptar medidas tendientes a enlentecer el nivel de actividad.
SALIDAS. El financiamiento de la cuenta corriente lo proporciona la cuenta capital y los activos de reserva con que cuenta la economía en cuestión. En el último año los movimientos financieros con el resto del mundo (incluidos errores y omisiones) mostraron una salida neta de divisas por US$ 200 millones. Debido a ello, los activos de reserva se redujeron en US$ 360 millones. Este resultado difiere del registrado en 2009, cuando la autoridad monetaria aumentó sus reservas en casi US$ 1.600 millones.
El gran cambio se procesó a nivel del sector público, que pasó de un ingreso neto de US$ 1.000 millones en 2009 a una salida neta de US$ 743 millones. Un cambio de tal magnitud se explica en primer lugar por la cancelación de deudas por US$ 554 millones, cuando en el año 2009 incrementó sus pasivos por este concepto en casi US$ 930 millones. También se explica por la recomposición de activos del BROU en el exterior por US$ 700 millones.
Por su parte, el sector privado recibió un ingreso neto por US$ 684 millones. La principal fuente de ingresos fue la IED, que ascendió en el último año a US$ 1.613 millones, de los cuales una parte importante corresponde a la reinversión de utilidades ya señalada.
Por su parte, la banca privada, al igual que la oficial, recompuso activos en el exterior por aproximadamente US$ 900 millones. Este reposicionamiento se financió con los mayores depósitos del sistema bancario y la liberación de encajes. Cabe señalar que este proceso de recomposición fue muy importante en los primeros trimestres del año, pero en el último se atemperó, en parte por el aumento del crédito concedido por la banca al mercado interno.