Entre el diván y los tres palos

| El arquero Nicolás Vikonis logró el ascenso a Primera División con Cerrito. Y el estudiante Nicolás Vikonis se recibió de psicólogo. Freud llegó a los vestuarios.

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LEONEL GARCÍA

En más de una ocasión, los dos mundos de Nicolás Vikonis (27) confluyeron en uno y se beneficiaron. Una vez fue a mediados de 2009. La responsabilidad y la presión que sentía, recuerda, afectaban su rendimiento de arquero. En sus propias palabras, la "subjetividad particular" de su puesto estaba "retroalimentando" un "circuito negativo"; necesitaba "resignificar" y "reelaborar" lo que el deporte representaba para él. Terminología extraña al fútbol si las hay.

"En base a mi autoconocimiento y en la terapia personal con mi psicóloga, se fue generando en mí un movimiento que me fue acercando al fútbol mucho más al placer vinculado a la niñez, al disfrute. Y considero que sacarme esas presiones me ha ayudado a tener mucho mejor rendimiento deportivo", dice este descendiente de lituanos, futbolista profesional desde 2001 y licenciado en Psicología desde febrero de este año en la Universidad de la República (UdelaR).

Otra vez, el beneficio fue a la inversa. En el cuarto año de la carrera, debió hacer un servicio en la ONG Casajoven Bien al Sur, que trata con jóvenes con vulnerabilidad social en el Barrio Sur. El argot futbolero era parte importante de la vida y códigos de esos adolescentes. "Muchos de mis compañeros no conocían determinados modismos, y yo sí tenía acceso a ese sentir popular".

Es posible que una misma persona tenga como referencias profesionales a Fabián Carini y a Piera Alaugnier, a Carlos Nicola y a Cornelius Castoriadis, a Iker Casillas y a Silvia Bleichmar. Es el caso de Nicolás. Alguna vez recibió alguna broma en los vestuarios ("¡Ponete las manos y largá los libros!") o alguna mirada asombrada en las aulas ("¿En serio sos jugador de fútbol?"). Pero siempre, asegura, sintió respeto y apoyo en ambos mundos. Bicho raro y a mucha honra. Y con el superyo bien afirmado: "Siempre conocí los sacrificios para desarrollar esta doble trayectoria. Siempre lo llevé y lo sostuve en un lugar de orgullo. Siempre me sentí profundamente reconfortado conmigo mismo".

"Se puede". Mientras tramita su título, Nicolás hace policlínica en la Comisión de Fomento de la Unión (por los proyectos de extensión universitaria) y está comenzando a trabajar en clínica. Hace semanas logró el ascenso a Primera División con Cerrito, siendo una de las grandes figuras de la última temporada de Segunda. Es un gran momento personal. Su trayectoria futbolística lo llevó por Huracán Buceo, Fénix, Liverpool, Rampla y selecciones juveniles. Su carrera universitaria le insumió, "por elección", nueve años. "Disfruté mucho mi formación, jamás perdí un examen".

Los últimos años del liceo sí fueron difíciles. "En 2000 entrenaba con Huracán de mañana, iba a almorzar, de tarde practicaba con la selección juvenil, agarraba los materiales e iba a estudiar". El bachillerato lo hizo en el nocturno del Liceo 10, en Avenida Italia y Mataojo. "Era un sacrificio muy fuerte, llegar a casa a medianoche. Ahí si flaqueé un poco, pensé en darle una pausa al estudio. Mi padre me aconsejó que lo pensara…". El clásico "o estudiás o te dedicás al fútbol" no corrió para él. La ayuda de un "imponderable" (fractura en el quinto metatarsiano del pie izquierdo) zanjó la discusión. Los libros ya no se abandonarían.

"El fútbol, aunque exija mucho sacrificio, también da mucho tiempo libre. Los períodos más complicados son los de pretemporada, donde de pronto entrenás tres veces al día. Pero durante el año vos practicás dos o tres horas diarias, de mañana o de tarde… Entonces, tenés tiempo para estudiar o ir a clases. Y la Facultad de Psicología, en particular, da mucha flexibilidad", reflexiona.

Él está convencido -él mismo es la prueba- de que es posible, sacrificio mediante, seguir una carrera universitaria paralela a la futbolística. "Los tiempos te dan y las alternativas las tiene que buscar el propio deportista". Entonces, ¿por qué son tan pocos los casos? ¿Por qué el arquero-psicólogo Nicolás Vikonis es -él mismo lo admite- una rara avis?

"En mi modo de ver, influye la forma de vivir que tenemos, con la inmediatez y la imposibilidad de pensar proyectos a largo plazo. Y el fútbol tiende a eso. Es un ambiente donde la búsqueda de objetivos instantáneos hace que el jugador viva en lo inmediato y lo diario, sin pensar más allá de su realidad concreta. Todo el mundo piensa cuando arranca que va a terminar en Europa y millonario. Entonces, a veces se privilegia dar absolutamente todo, poner el foco de interés en el deporte y dejar lo demás de lado".

Por supuesto que el flamante psicólogo sabe que no todo pasa por la inmediatez. "El entorno socioeconómico (del jugador) influye. Tengo que ser consciente que mis posibilidades tuvieron que ver con un sustento y soporte familiar, relacionado con lo afectivo pero también con lo material". Criado en un hogar de clase media, con un padre licenciado en Hemoterapia y una madre enfermera, contaba con más respaldo que muchos de sus compañeros. Todavía reside en la casa paterna, de casi toda la vida, del Buceo. "Pero para muchos jugadores que quieren desarrollarse, las posibilidades económicas se acotan. Y hoy, a la Universidad (la UdelaR), más allá de una matrícula abierta y gratuita, están accediendo solo las clases medias y altas. A las bajas les cuesta mucho".

LA CABECITA, EH. Si se dice que esta carrera la eligen quienes buscan entender su propia cabeza, y si se cree eso que en el fútbol el arco es el puesto de los locos, lo del licenciado Vikonis parece completamente lógico. La psicología lo atrajo porque "ofrecía una suerte de cuestionamientos a un montón de temas de la vida". Justo a él, autodefinido como bastante "cuestionador". También le resultó interesante vincularlo con el deporte.

Cercano al psicoanálisis, más "hincha" de Freud que de Lacan, Nicolás considera que introducir su mundo académico en lo deportivo es algo "profundamente necesario", pero que todavía enfrenta resistencias. Dos años atrás, junto con otros compañeros de estudio, realizó una investigación aplicada al fútbol sobre cómo caería la inclusión de un psicólogo en los equipos profesionales.

"Veíamos que en los entrenadores existía un conocimiento bastante cabal de lo que es esta ciencia y una visión positiva de sus aportes. Pero cuando se decía de incorporarlos (a los psicólogos) a los cuerpos técnicos ya se mostraban más reticentes. Las razones tenían que ver con lo económico, una condicionante grande del fútbol uruguayo, y algunos dejaron deslizar el tema de los juegos de poder". Traducido: por muy útil que sea, a ningún técnico parece caerle en gracia la idea de un profesional buceando en la cabecita de sus dirigidos.

Además, agrega, el jugador de fútbol "es muy celoso de todo lo que no es de su mundo". O sea: si jugaste, dirigiste, o al menos estás metido en este universo, bienvenido; pero no vengas con cosas raras como la psicología, que eso es para locos. Palabras más, palabras menos, ese es el prejuicio aún reinante en el ambiente. "Las veces que me tocó estar con psicólogos en planteles, notaba que la mayor resistencia era la `extranjerización` que le hacían". Y si ese profesional es mujer, como a él le ocurrió en Fénix, peor.

Aún así, revela que algún entrenador le pidió que "le hablara a un compañero" por una situación en particular. También algún jugador le solicitó alguna recomendación. "En esos casos, yo intento una derivación. Es una cuestión de saber marcar los roles". El suyo, en el fútbol, por ahora sigue siendo atajar.

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