L.G.
Análisis genéticos, uso de fármacos de acción directa antes que comiencen a detectarse los síntomas, y -solo en algunos casos especiales- cirugías que incluyen el implante de electrodos cuatripolares para reducir los efectos de la enfermedad. Por estos caminos transita la medicina moderna en el combate contra el Parkinson. Y, según afirma el doctor Ricardo Buzó, director de la Sección Parkinson y Movimientos Anormales del Instituto de Neurología del Hospital de Clínicas, estas técnicas ya están disponibles en Uruguay.
Hay una tendencia mundial que sirve de sustento a los primeros elementos: si bien el 75% de los afectados tiene más de 65 años, cada vez es más frecuente el Parkinson de inicio precoz. "Un 10% comienza con los síntomas antes de los 40 años", dice Buzó. Si bien la causa de esta patología, aclara, aún no se conoce, "hay una enorme certeza sobre la influencia de factores genéticos y hereditarios". Traducido en números y probabilidades: si un padre o madre comienza la enfermedad después de los 65 años, la chance del hijo de padecerla es de uno en 50; si los síntomas aparecen antes de los 45, las posibilidades son de una en 12.
La Universidad de Seattle es un centro de referencia mundial para el análisis genético del Parkinson. Desde 2007, el Clínicas tiene un convenio con aquella institución. "Lo que hacemos es enviar, con el aval del paciente y sus familiares, muestras de sangre a Seattle. Se manda el material genético y regresa el estudio con cada caso", dice Buzó. En total, ya han viajado 145 muestras.
Con las terapias genéticas para el Parkinson aún en fase experimental en el mundo, esta técnica permite percibir si hay algún gen afectado y qué tipo de esta patología puede sufrir el paciente.
La detección precoz no es algo para nada menor: Buzó señala que el Parkinson comienza a actuar en el individuo ocho años antes del surgimiento de los signos clínicos. Estos análisis genéticos (y otras técnicas ya existentes, como la imagenología molecular) permiten responder a la pregunta del millón: ¿cómo saber si el paciente va a desarrollar esta enfermedad? Y a partir de ahí, optar por la mejor solución.
"Antes se decía que el tratamiento se empezaba recién cuando los síntomas molestaban al individuo, cuando eran discapacitantes. Pero la tendencia actual, en Uruguay y en el mundo, desde hace unos tres o cuatro años, es apelar muy precozmente al uso de drogas de acción directa, como los agonistas dopaminérgicos. Hoy se sabe que en estos casos ya hay una alteración temprana de los circuitos cerebrales. Entonces, se debe actuar con estos fármacos desde el surgimiento de los mínimos síntomas parkinsonianos o, en el caso ideal, antes de que aparezcan", destaca el especialista.
Para acceder a este estudio genético, enfatiza Buzó, la persona interesada deberá ser derivada por su neurólogo.
Cirugía. Cuando ya no vale la detección precoz ni la medicina, en el campo quirúrgico también hubo avances en el combate al Parkinson. La última técnica llegada a Uruguay se denomina "Estimulación Cerebral Profunda" (DBS, por la sigla en inglés) y consiste en implantar un dispositivo compuesto por un marcapasos cerebral y electrodos cuatripolares. "Este procedimiento tiene la capacidad de ser reversible, no provoca destrucción de neuronas (como otras técnicas quirúrgicas aplicables a estos casos, como la termorregulación) y el voltaje es regulable", sostiene el doctor Humberto Prinzo, jefe del Equipo de Neurocirugía Funcional del Clínicas. La electricidad, agrega, "logra una inhibición del núcleo motor que genera el Parkinson".
Desde 2007 hasta hoy, el Clínicas ha operado a seis pacientes mediante esta técnica, cuyos resultados Prinzo califica como "excelentes" (ver aparte). Pero siempre hay un pero. El neurocirujano se apresura a destacar que no todos los pacientes parkinsonianos son aptos para una intervención quirúrgica y, además, este dispositivo es muy costoso y no está contemplado por el Sistema Nacional Integrado de Salud (SNIS) ni por el Fondo Nacional de Recursos (FNR). "Hicimos el planteo correspondiente, estamos esperando una respuesta", dice este médico.
El Dato
5.000 Cantidad aproximada de enfermos de Parkinson en Uruguay, según el neurólogo Ricardo Buzó. La prevalencia es de 1,36/1.000.
Datos
El 1% de los mayores a 65
La Enfermedad de Parkinson (EP) es una patología crónica y neurodegenerativa muy frecuente (la segunda más común después del Alzheimer en el mundo). Se calcula que el 1% de la población mundial mayor a 65 años la padece en algún grado.
La EP se produce por el déficit en la producción de dopamina, un neurotransmisor esencial.
El 75% de los afectados tiene más de 65 años, pero se ha detectado un incremento de Parkinson precoz o juvenil.
Los síntomas clínicos típicos son: temblor, rigidez, dificultad en los movimientos, trastornos del equilibrio y de la marcha.
El fármaco "clásico" en los tratamientos es la levodopa que, sin embargo, puede desarrollar complicaciones luego de cinco años de uso.
Por eso, últimamente se apunta a drogas agonistas dopaminérgicas, de vida más prolongada.
Influencia de factores ambientales
Además de los factores genéticos, el neurólogo Ricardo Buzó destaca que cada vez es más fuerte el convencimiento de la incidencia de las cuestiones ambientales en la prevalencia del Parkinson en una determinada población. "Se sabe, por ejemplo, que en Estados Unidos hay una mayor incidencia en el norte, que está más industrializado que en el sur. Entonces, ahí hay un factor, aún desconocido".
El mes pasado, durante la 63ª Reunión Anual de la Academia Estadounidense de Neurología, que se desarrolló en Hawai (a la que asistió Buzó), la Universidad de Colorado reportó casos de Parkinson provocados por distintos herbicidas y pesticidas (mencionaron la atrazina, simazina, alacloro y metacloro), que se encontraron en niveles muy elevados en aguas cercanas a la utilización de estos químicos.
"Cada vez están apareciendo más sustancias que influyen. Si bien las causas de esta enfermedad no se conocen, es claro que tiene orígenes genéticos -sobre todo en los pacientes jóvenes- y ambientales", concluye el médico.