La voz del desengaño

| Una relación fallida culminó en un disco que la llevó a la cima de la industria musical. Adele enfrenta ahora luces y sombras de la fama.

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GABRIELA VAZ

A poca gente le debe haber resultado tan redituable una separación como a Adele Adkins. Y no sólo a nivel económico. Entre 2008 y 2009, la muchacha de por entonces 20 años salía con un fotógrafo de 31, llamado Alex Sturrock. La relación fue corta pero intensa, según cuentan quienes los conocieron en pareja. Pero, aún cuando llegaron a convivir un tiempo y pasaban juntos día y noche, él se negaba a llamarla novia. No hace falta ser especialista para entender que algo no terminaba de funcionar, por lo menos para Sturrock. El vínculo se quebró.

Ella, según contaría después, sintió que se quemaba por dentro. Y entonces se puso a escribir. A componer canciones que descargaran toda su bronca, su frustración y su dolor. El resultado fue un disco imposible: se convirtió en el más vendido del 2011; fue responsable, según estudios, de un aumento en las ventas globales de discos a nivel mundial (en una época de crisis del soporte a manos del auge de las descargas digitales); la hizo acreedora de seis Grammys; y, en definitiva, catapultó su carrera de una forma soñada, volviéndola un ícono del soul en un brevísimo período de tiempo y cuando apenas tenía 21 años.

Tanto éxito incluso hizo que Sturrock intentara llevarse su tajada. "Me estuvo llamando por una semana y realmente hablaba muy en serio al respecto de obtener beneficios (económicos) de mis canciones. Finalmente le dije: `Bueno, hiciste mi vida un infierno, así lo he vivido y ahora me lo merezco`", contó ella en una entrevista televisiva.

HEREDERA. La que hoy es solo Adele, así, sin apellido, nació en un barrio de clase obrera al Norte de Londres el 5 de mayo de 1988, y fue criada por una madre soltera con la que se lleva "maravillosamente bien". De chica, su gusto musical era ecléctico y ella se ha animado a admitir sin vergüenza que entre sus influencias, además de Etta James, Peggy Lee y Jeff Buckley, se cuentan hasta las Spice Girls.

Nunca dudó de que la música sería el eje de su vida. Por eso, estudió en la BRIT School, la escuela de artes escénicas y tecnología londinense que fue semillero de figuras como Amy Winehouse o Kate Nash. Y si bien de adolescente se veía más como relacionista pública o productora de artistas que arriba de un escenario, dado que le gustaba componer subió algunos temas suyos a MySpace que la llevaron a firmar contrato con una discográfica.

Su primer disco, titulado 19 en referencia a la edad que tenía entonces, le valió dos premios Grammy (Mejor Nueva Artista y Mejor Performance Vocal Femenina) y varios hits. Capaz, como reseñó la revista Rolling Stone, "de sintetizar blues, jazz, soul y folk con una voz poderosa", obnubiló a parte de la industria. En 2007 ya figuraba como "nuevo talento" en la lista de críticos especializados del Reino Unido.

Pero fue con su segundo álbum, llamado 21 para continuar con la fórmula nominal del primero, que tocó el cielo (ver aparte). Fue el disco post-separación, el de la desazón total, el de las historias de amor no correspondido. Ella misma definió su estilo como heartbreak soul (soul del corazón roto). Y así entiende también la empatía con el público, porque ¿a quién no le rompieron el corazón? "Lo que amo de la música es que te puede convencer de que alguien ha escrito ese tema para vos, incluso cuando fue compuesto 80 años antes de que nacieras", dice. El llanto de sus fans escuchando el tema Someone like you hasta se volvió un gag en el ciclo humorístico estadounidense Saturday Nigth Live.

Para los especialistas, además de haber captado un sentimiento universal, lo que terminó de colocarla en la cima del podio del soul inglés fue la muerte de su coterránea Amy Winehouse en julio de 2011, pues se convirtió en su "heredera".

Hace poco, entrevistada en el programa 60 minutos, Adele contó que semejante exposición a nivel mundial la tomó por sorpresa. "El nivel de fama con el que debo enfrentarme es cada vez mayor a lo largo del año, y es desconcertante. El otro día volé a Nueva York y cuando aterricé no parecía que fuese la artista de la que más se hablaba. Fue increíble. Siempre he querido ser cantante, pero no era verdaderamente mi ilusión que todo el mundo sepa quién soy. Es difícil pensar que 20 millones de personas están escuchando mi álbum. Lo escribí enfadada y en la mía, no pensando que iba a ser un hit".

A propósito de aquella relación fallida que le deparó este éxito, asegura que no quiere volver a escribir sobre él. Sin embargo -y después de un tiempo sola en el que declaró: "Me distraigo tanto cuando tengo a alguien en mi vida que no me puedo permitir el lujo de estar con nadie. Además, nadie me trata mejor que yo"-, volvió a dejarse encantar. Hoy está en pareja con Simon Konecki, un británico de 36 años que lleva adelante la fundación de caridad Drop4Drop. "Estoy profundamente enamorada y no quiero volver a escribir un álbum triste en la vida. Sobre todo porque si escribo otro de desamor, la gente va a pensar que soy aburrida. Pero vamos, que no estoy preocupada, si no consigo escribir nada nuevo cortaré con él", contó riendo.

Debido a la historia detrás de sus composiciones, que ella no tuvo mucho problema en publicitar, la prensa se ha interesado especialmente por el devenir de sus relaciones amorosas. Y llegó así el tiempo de los rumores y desmentidos. Se dijo que Konecki era casado. Adele se refirió al tema en un breve post que realizó en su blog (incluido en la página www.adele.tv). El 17 de enero pasado, escribió: "Esta es la primera y última vez que comentaré detalles de mi relación con Simon. Al contrario de lo que informan notas y titulares de prensa hoy, Simon está divorciado y lo ha estado por cuatro años. Todos en nuestras vidas, juntos y por separado, nos desean nada más que lo mejor, y viceversa. Estos son los hechos. Cuídense y nos vemos en febrero. Besos".

¿GORDA? Como no podía ser de otra manera, la fama de Adele la llevó a cumplir con los pasos que toda celebridad internacional que se precie no puede eludir en la prensa: tras la crítica profesional y los rumores sobre su vida privada, llega la opinión sobre su imagen.

Luego de elogiarla por su frescura y sencillez, que la colocan al otro extremo de la aparatosa producción de Lady Gaga, varias voces empezaron a posarse en su figura "excedida de peso". Ella ha asegurado una y otra vez que el tema no le quita el sueño. "No quiero ser una flaca maldita. No quiero. Y no quiero que la gente se confunda con qué soy. No soy alucinante, solo me paro y canto", había expuesto en entrevista televisiva.

Pero solo semanas atrás, el diseñador Karl Lagerfeld disparó una opinión que parece haber calado hondo en la artista: "Está un poco demasiado gorda, pero tiene una cara preciosa y una voz divina". Tras la esperable polémica, intentó retractarse aludiendo a la ya clásica justificación: sus palabras habían sido "malinterpretadas". El ensayo de disculpa incluyó un regalo; le mandó un bolso Chanel a la cantante, tras enterarse por el diario The Sun que ella colecciona esos accesorios.

La cuestión es que, después de jurar y perjurar que poco le importaba verse flaca, Adele se puso a dieta. Sus allegados dicen que es una cuestión de salud antes que de estética. Es verdad que para completar la buena recuperación de su operación de cuerdas vocales (ver apoyo), dejó de fumar y hace Pilates. Parece que el régimen está dando frutos. Medios británicos la fotografiaron paseando junto a su novio Simon y su perro Louie por las calles de Notting Hill, vestida con leggings negros y un abrigo a tono. En las imágenes del Daily Mail, su figura estaba más estilizada y delgada, y la prensa hasta cuantificó en "más de seis kilos" lo perdido por la cantante. Según la industria, es lo que le falta para ser insuperable.

Le prohibieron hablar por dos meses, y volvió

A principios de noviembre pasado, Adele tuvo que someterse a una operación de garganta debido a una hemorragia producida por pólipos en sus cuerdas vocales. La cirugía fue láser y no sólo le reportó un retiro obligado de los escenarios por varios meses, sino que incluso los médicos le prohibieron hablar por al menos 60 días. Durante ese lapso, se comunicó por una aplicación del celular que pronunciaba todo lo que ella escribía. Para tranquilidad de sus fans, la recuperación fue un éxito. La gala de los Premios Grammy, el 12 de febrero, significó su primera aparición luego de la cirugía, y sirvió no sólo para dejar en claro que podía seguir cantando sino para convertirla en la artista más galardonada de la noche. Se llevó seis premios: 21 fue elegido Mejor Álbum y Mejor Álbum Vocal Pop; Rolling in the deep fue Mejor Grabación, Tema del Año y Mejor Video; Someone like you fue Mejor Actuación Pop. La demanda de 21 reportó una leve alza de las ventas globales de discos, de 1,3%, por primera vez desde 2004, y la volvió la artista más vendida del siglo en el Reino Unido.

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