La moda espectáculo

| Anna Wintour, la admirada y temida directora de la revista Vogue, organiza un baile de gala para el Metropolitan Museum de Nueva York que cada año se convierte en un show mayor.

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Anna Wintour habrá sonreído, con esa expresión entre aburrida y maléfica que Meryl Streep le puso en la pantalla. Y que, se asegura, es la verdadera. Una vez más, la admirada y temida directora de la edición estadounidense de la revista Vogue se salió con la suya, como cuando manda repetir producciones fotográficas de miles de dólares porque no le gustaron algunas de las tomas.

La Costume Institute Gala anual del Metropolitan Museum de Nueva York, un baile que celebra la apertura de las exposiciones sobre moda en esa muy distinguida institución, volvió a ser un éxito días atrás, en gran medida por la acción de Wintour como organizadora.

Artistas, políticos, empresarios, además del mundillo de la moda, convirtieron a la gala en un espectáculo tan esperado por el público como la entrega de los premios Oscar. También las autoridades del Met lo aguardan con ansiedad, porque recauda fortunas. Este año, según se informó, ingresaron once millones y medio de dólares a la tesorería del museo.

Hace tiempo que el Met descubrió que, junto a los templos del antiguo Egipto, las armaduras medievales y las colecciones de arte, también la industria de la moda es una expresión cultural y interesa a sus visitantes, por lo cual organiza muestras temáticas.

La que estará abierta este año, del 10 de mayo al 19 de agosto, se titula "Schiaparelli y Prada: conversaciones imposibles" y presenta trabajos de dos de las diseñadoras italianas más importantes de todos los tiempos, Miuccia Prada y Elsa Schiaparelli.

El año pasado, la exposición estuvo dedicada al fallecido diseñador Alexander McQueen y fue visitada por 661.509 personas, según el preciso recuento del museo. El éxito empezó con la amplia difusión mediática de la fiesta de apertura, que combina la fascinación por ver qué visten las celebridades para el baile de gala con la presencia masiva de marcas y diseñadores.

"Cuando empecé a ocuparme de la fiesta, traté de incorporar al mundo de la política, la literatura y la música para que no fuera un asunto puramente de moda. Es como producir un espectáculo", dijo Wintour el año pasado al diario The Wall Street Journal.

Este año, la fiesta contó con 800 invitados, desde Mick Jagger a Scarlett Johansson. Faltó, eso sí, la actriz y presentadora Kim Kardashian, una de las celebridades especializadas en trabajar de celebridad, vetada por Wintour. El diario Daily Mail señaló que Anna "odia el show de Kim y todo lo que ella representa".

La tradición es que los diseñadores lleguen junto a una modelo, cantante o actriz a la que visten. Valentino fue con Sarah Jessica Parker, Nicolas Ghesquière con Kirsten Stewart, Stella McCartney con Cameron Diaz y Sarah Burton con Cate Blanchett.

Anna Wintour eligió un vestido blanco de Prada con una enorme langosta dorada estampada en un lateral, en homenaje al vestido-langosta de Schiaparelli, más una piel, para disgusto de las organizaciones defensoras de los animales, que ya han tenido varios choques con la directora de Vogue.

INFLUYENTE. Wintour nació en Londres en 1949, hija de un periodista inglés y una estadounidense. A los 17 años dejó los estudios para sumarse al circuito de la moda londinense en plena ebullición. Fue periodista de varias revistas de moda en Inglaterra y Estados Unidos, aunque se asegura que siempre tuvo en su mira la dirección de Vogue.

En lo suyo, Wintour es más que una celebridad. Se afirma que está más allá de la moda: no es que vista siempre como lo indiquen las caprichosas tendencias, sino que lo que ella usa directamente es moda.

"Antes de conocerla, en conversaciones con amigos, aparece como alguien brillante o estúpido, como una artista, una matona, una heroína, un chivo expiatorio, alguien con gran poder y la responsable de los trastornos alimentarios de las mujeres. El hecho de que se la imagine como todo eso es un indicativo de su influencia, y aunque afirme que no es consciente de su carácter de ícono, lo reafirma constantemente, y se diría que fanáticamente. Aunque esté harta de que la gente hable de sus gafas de sol de Chanel, eso no basta para que deje de llevarlas", escribió sobre ella The Guardian de Londres.

Su figura promovió dos películas. La primera, El diablo viste a la moda, se basaba en una novela escrita por una excolaboradora en Vogue, que la reflejaba como una mujer tiránica, verdaderamente insoportable y mereció una fantástica interpretación de Meryl Streep. Su título original en inglés se puede traducir como "El diablo se viste de Prada". Al estreno, en 2006, la Wintour concurrió… vestida de Prada. En 2007 se produjo el documental El número de setiembre, que mostró a la directora y su staff en la preparación de la mayor edición en la historia de la revista, un monstruo de papel satinado con 840 páginas, de las cuales 727 contenían avisos. La imagen que allí se presentaba de Wintour era más amigable, aunque tampoco demasiado.

Durante una conferencia de prensa en China le preguntaron si de verdad era tan dura en el trabajo. "Por supuesto que es cierto, les pego a todos mis asistentes, los encierro en un armario y no les pago", respondió con ironía pero sin sonreír.

El alto nivel de exigencia que aplica para sus colaboradores se basa en su concepción de la importancia de la moda como negocio y en su conciencia sobre la influencia que ejercen sus decisiones como directora sobre ese ámbito. En 2009 le propuso al alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, la creación de una noche de compras, la Fashion`s Night Out, para sacar de la depresión a la industria textil de la ciudad. Por supuesto, la escucharon.

"Incluso alguien como yo, que difícilmente puede combinar una corbata y una camisa, sabe que la moda significa dinero para la ciudad de Nueva York. Además, detrás de la gracia y la compostura de Anna, hay una muy firme determinación. No es alguien a quien le quieras decir que no", comentó Bloomberg.

"A los políticos la moda les suele poner tremendamente nerviosos, porque les parece frívola. No quieren parecer demasiado elitistas, atolondrados o lo que sea. Y, francamente, me irrita muchísimo, porque es un sector enorme en cualquier país, y tengo la sensación de que los políticos deberían aceptarlo, en lugar de apartarse", afirmó ella a The Guardian.

"Me gustaría que el gobierno británico se implicara más en la moda y acudiera a algunos de los desfiles. Me parece que es realmente insultante para este sector, porque hace mucho por Gran Bretaña. El país está produciendo enormes talentos y deberían alegrarse de ello", añadió. Debe aclararse que, por gusto o por patriotismo, suele dar a su revista un cierto toque británico.

En Estados Unidos, en cambio, parece sentirse más reconocida. En 2009, el presidente Barack Obama la designó para integrar la Comisión de Artes y Humanidades junto a otras 24 personalidades, entre ellas la actriz Sarah Jessica Parker, los actores Forest Whitaker y Edward Norton, el chelista Yo Yo Ma y el arquitecto Thom Mayne, bajo la presidencia honoraria de Michelle Obama. La misión principal del grupo es "trabajar en el fomento de las artes y las humanidades y en utilizar la cultura como arma diplomática entre Estados Unidos y el resto del mundo".

The Wall Street Journal, más preocupado por los negocios que por la moda, concluyó: "Su influencia es mucho más amplia de lo que sugiere su caricatura: una déspota con lentes de sol redondos de Chanel que domina el mundo a su alrededor con gusto impecable, terror y sarcasmo. Su autoridad está oculta adentro de una red intrincada de poderosos amigos y aliados, con muchos de los cuales ha trabajado por décadas. Esa red comprende Estados Unidos, de Hollywood a Washington, y atraviesa tanto el Atlántico como el Pacífico. Pese a su imagen imperiosa, es más empresaria que emperatriz".

Consejos para Obama

Anna Wintour contó que hubo lágrimas en la redacción de Vogue cuando el mandatario estadounidense Barack Obama anunció su apoyo al matrimonio entre personas homosexuales. Eso sí, la directora de la revista no se contuvo de criticar al presidente Obama por su forma de vestir y le recomendó que asumiera "más riesgos" a la hora de elegir su ropa, especialmente las corbatas.

"Estoy muy contenta. Había lágrimas en la oficina de la revista esta mañana por el apoyo del matrimonio gay. Estamos entusiasmados con el presidente. Esto era algo que estábamos esperando hace mucho", dijo Wintour en una entrevista por televisión.

La periodista fue siempre entusiasta seguidora de Obama. Según el periódico británico Telegraph, ella organizó tiempo atrás una cena con personalidades del sector de la moda con el objetivo de recaudar fondos para la campaña de reelección presidencial. El resultado fue nada despreciable: un aporte de medio millón de dólares.

Además, por su iniciativa, 22 diseñadores realizarán próximamente una colección compuesta de camisetas, bolsos, pañuelos y pulseras, entre otros artículos, inspirados en la primera dama, Michelle Obama (de quien también es admiradora), bajo el lema "Pasarela a la victoria".

Ni niñas, ni flaquísimas

Las directoras de 19 ediciones internacionales de la revista Vogue, entre ellas Wintour, firmaron días atrás un compromiso llamado "Iniciativa para la salud", por el cual se comprometen a no publicar fotos de menores de 16 años ni modelos con aspecto de sufrir desórdenes alimenticios. El objetivo es "fomentar un acercamiento más saludable al cuerpo de la mujer dentro de la industria de la moda". También se proponen alentar a los diseñadores para que garanticen condiciones de trabajo saludables en los desfiles, lo que incluiría, según el documento, el acceso a una "dieta equilibrada" y "respeto a la privacidad". "Estaremos en contacto con los diseñadores para que profundicen en las consecuencias de los talles pequeños y poco realistas de su ropa; lo que por un lado limita el rango de las mujeres que pueden ser fotografiadas con sus diseños y alienta el uso de modelos extremadamente delgadas; y por otro, genera un conflicto en la compradora, que hace suyo el problema de que el talle 38 le quede chico", afirmó Yolanda Sacristán, directora de Vogue en España. El pacto puede tener gran impacto en el mundo de la moda, ante la influencia de Vogue. En el pasado no muy lejano, algunas de sus publicaciones despertaron polémica por publicar fotos de niñas maquilladas y vestidas como mujeres adultas o imágenes de modelos delgadas al extremo.

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