CATERINA NOTARGIOVANNI
La pareja llega a casa con su hermosa criatura recién nacida. Enamorados, los padres no se cansan de observarla, tocarla, de sentirle la respiración, de compararla con ellos mismos.
Así, de la noche a la mañana, las cuestiones mundanas se relativizan. Poco importa que de ahora en más el sueño esté condenado a cortarse, que la suegra visite la casa a diario (y se instale), que el dinero se vaya en pañales, que llueva o truene. Basta un esbozo de sonrisa para derretir al más helado de los humanos.
Las semanas pasan, la rutina continúa. Primero teta, segundo "provechito", tercero cambio de pañales, cuarto inducir el sueño del bebé, quinto aprovechar la tregua para descansar.
Entre tanto barullo infantil, la pareja queda relegada. La distancia sexual -que comenzó dos meses antes del parto-, continúa. Él intenta acercarse, pero ella se excusa: "Todavía no". Él comprende, sabe que la maternidad alteró la respuesta sexual de su mujer. La cuestión es hasta cuándo.
Efectos secundarios. No existen tiempos "ideales" para volver a tener sexo después del parto. Los expertos hablan de cuarenta días, pero eso dependerá de cada caso, cada parto, cada madre. Estudios internacionales indican que la mayoría de las parejas retoman su vida sexual completa después de la séptima semana.
El dato lo aporta Santiago Cedrés -profesor adjunto de Medicina Interna, sexólogo clínico y director técnico de la Clínica Plenus-, quien enumera la larga lista de alteraciones que sufre la sexualidad femenina con la maternidad.
Para empezar, después del parto se produce una caída de los niveles de estrógeno, hormona vinculada a la ovulación y a la lubricación de la vagina, lo que causa sequedad y falta de distensión de las paredes vaginales. En consecuencia, la penetración puede resultar dolorosa. Paralelamente, se registra un descenso de otra hormona llamada progesterona, que redunda en la pérdida del interés sexual.
"Además se evidencian un sinfín de sensaciones nuevas y distorsionantes a la hora de la penetración luego de la gran distensión vaginal producto del parto, cuando no fue cesárea", explica Cedrés. Y si esto fuera poco, falta considerar la episiotomía en la vulva (corte que facilita la salida del bebé), que muchas veces provoca dolores. "Y se puede complicar con una infección en los puntos de sutura, lo que aleja aún más el reinicio de las relaciones sexuales con penetración", ilustra el médico, "la situación se agrava con la presencia de desgarros o várices vulgares", agrega.
Pero a los factores hormonales y anatómicos hay que sumarle las repercusiones psicológicas. Para empezar, el cansancio. Es evidente que el cuidado de un bebé deja poco resto para el sexo. En tal sentido, la ginecóloga especializada en medicina sexual, María Luisa Banfi, recomienda incorporar al padre a las tareas de manera de no recargar a la mujer, evitando así que el cansancio atente contra el deseo sexual.
Por otro lado, la percepción del propio cuerpo se ve afectada como consecuencia de los cambios producidos durante el embarazo. Sabido es que quien no se siente lindo difícilmente tenga ganas de intimar.
Según la psicóloga Carolina Villalba, estos cambios también afectan emocionalmente a los padres. "Hay quienes disfrutan mucho del embarazo y de los cambios que éste genera en el cuerpo de sus mujeres. Pero hay otros que no. Esto es complejo ya que si el hombre rechaza a la mujer, ella suele angustiarse y vivir este período con los clásicos miedos que han alimentado las culturas machistas, como que mientras ella está embarazada él se busca otra", afirma.
Otro de los factores emocionales que pueden hacer cortocircuito con el deseo son las depresiones posparto, que se registran entre el 10% y 25% de las mujeres y que se caracterizan por cambios en el estado de ánimo, ansiedad, sentimiento de culpa y tristeza persistente, explica Cedrés. El médico enumera otros factores a tener en cuenta: "Las mamas provocan ahora sensaciones diferentes. Están dolorosas al tacto por la presencia de la leche y los pezones provocan dolor. A nivel intestinal, es común el estreñimiento por causas hormonales y también es frecuente la defecación dolorosa por los hemorroides, cicatriz de episiotomía y por los dolores musculares en general".
Alternativas. Los cambios en cuestión no necesariamente significan el fin del vínculo sexual de la pareja ni mucho menos. Es importante considerarlos para luego tener en cuenta algunas alternativas. "Es fundamental en este período no volver de entrada a la relación sexual completa, es momento de ampliar las conductas sexuales y entender, por ejemplo, que la sola estimulación táctil puede ser muy placentera para ambos. No hay que reducir la sexualidad a la genitalidad, olvidando la amplia gama de maneras en que se puede disfrutar", dice Cedrés.
Recurrir a los lubricantes es otra de las opciones, mencionadas por el médico y su colega Banfi. O utilizar posiciones "pasivas" para la mujer, hasta que termine de recuperarse. "De lado es lo más recomendable", señala Villalba. "Colocar una almohada debajo de los glúteos de la mujer", ilustra Banfi.
También existen técnicas para entrenar el aparato muscular femenino mediante ejercicios.
Por su parte Santiago Cedrés recomienda buscar horarios oportunos: durante la siesta del bebé o luego de amamantar.
En definitiva, el sexo no tiene porqué morir con cada nacimiento. Si bien existen cambios importantes, todas las situaciones son modificables con atención, dedicación, terapia sexual y, por qué no, innovación. Así lo resume Cedrés: "Hay que mantener el erotismo en la pareja, no sustituir con el nuevo rol de padres el lugar de hombre y de mujer pareja. Es momento de probar técnicas sexuales como el sexo oral, la ducha compartida, masajes eróticos o masturbación en pareja".
Las cifras
80% De las mujeres sufren lo que se llama "tristeza posparto": irritabilidad, rabia, angustia, inadaptación a los cambios.
10% De las madres padecen depresión posparto, porcentaje que puede subir al 25%. Conviene consultar a un especialista.
Un renacer para el vínculo sexual
Los tres especialistas consultados confirmaron que este es uno de los motivos que llevan a las parejas al consultorio, aunque no es el más frecuente.
En la experiencia de la ginecóloga especializada en medicina sexual, María Luisa Banfi, muchas veces el tratamiento consiste en "hablar" de ese recomenzar. "Para que el varón le dé el tiempo a la mujer y sepa entenderla en ese primer momento diferente que está viviendo", señala.
Similar es la experiencia de Santiago Cedrés, profesor adjunto de Medicina Interna y sexólogo clínico: "Muchas veces la pareja llega a la consulta sexológica cuando ya es tarde. Las alteraciones sexuales en la mujer, sobre todo la falta de apetito sexual y de lubricación vaginal, no son bien entendidas por el hombre, quien se siente rechazado, excluido. Esto provoca diferentes conductas que se evidencian en la pareja todos los días; como alejamiento, separación, infidelidad, soledad".
Los malos entendidos pueden ser desvastadores: "El hombre se aleja quedando la mujer desprotegida y sola cuando más precisa sentirse especial y amada, lo que provoca gran resentimiento. Todo esto era prevenible con el conocimiento de los cambios sexuales en este período y la asistencia médico-sexológica oportuna", indica Cedrés.