Juan Ignacio Calcagno
NACIDO EN Guatemala, Rodrigo Rey Rosa (1958) es una de las figuras fundamentales de la narrativa latinoamericana actual. Con un estilo preciso y filoso, Rey Rosa ha construido una obra que aborda la realidad guatemalteca en todo su esplendor y en toda su miseria. No es original afirmar que su obra lo ha convertido hoy en el escritor guatemalteco más importante, como lo han puesto de relieve muchos de sus colegas, entre ellos Roberto Bolaño, quien se refirió a él como "el escritor más riguroso de mi generación y al mismo tiempo el más transparente, el que mejor teje sus historias y el más luminoso de todos". Antes de él lo supo Paul Bowles, su maestro, quien tradujo sus cuentos al inglés y lo dio conocer al mundo anglosajón antes de que publicara en español.
PERFIL BAJO. A pesar de los elogios, Rey Rosa es cultor de un perfil bajo que lo mantiene alejado de los circuitos literarios y la farandulización de la literatura. Le disgustan las entrevistas y los encuentros con escritores. "Es muy aburrido hablar de uno mismo. Y más aburrido es oír que los demás hablen de sí mismos, que es lo que más les gusta hacer, me temo, a los escritores. Creo que nos damos a entender mejor por medio de lo que escribimos. Y creo que es más sano y más sabio comunicarse por medio de la lectura, que es una manera de conversar, que hacerlo en persona y entre muchos, como suele ocurrir en esos encuentros".
Quizás por ello una vez estuvo en Lisboa, conoció a colegas y firmó ejemplares de sus libros a entusiastas lectores, pero no se trataba de él, sino de un impostor. Quizás por eso en Internet circulan entrevistas que nunca dio. Cuando cuenta estos episodios, refiere: "Estaba en Marruecos, en el 94, creo. Un poeta portugués fue a visitar a Bowles, y yo estaba allí. Cuando nos presentaron, parecía incrédulo. Y me contó que hacía poco había conocido en Lisboa a un señor que le aseguró que era Rodrigo Rey Rosa y aun le autografió uno de mis libros. No dejé de sentirme halagado, debo confesarlo. Y sí, hace algunos meses me llevé la sorpresa de leer en un blog una entrevista que nunca di".
LITERATURA Y VIOLENCIA. Desde 1992, cuando publicó los cuentos de El cuchillo del mendigo; El agua quieta, hasta el año pasado, cuando la prestigiosa Anagrama dio a conocer su novela El material humano, Rey Rosa ha trabajado una escritura ágil y precisa -que quizás deba su claridad y economía a la influencia de Bowles- donde la violencia es un tema recurrente. "Es el tema que mejor se me da, lo que con más facilidad viene a mi pluma", aclara. Ocurre que Guatemala es "la pequeña república donde la pena de muerte no fue abolida nunca, donde el linchamiento ha sido la única manifestación perdurable de organización social. Prototipo de ciudad dura, donde la gente rica va en blindados y los hombres de negocios más exitosos llevan chalecos antibalas". Así la describe en su novela Piedras encantadas (2001). El país sufrió una guerra interna durante treinta y seis años, que ha marcado a fuego a su generación. Como en gran parte de los países centroamericanos, la paz llegaría a Guatemala recién en la década del 90.
La literatura que surgió en aquellas tierras ha dado pie a los críticos para referirse a una "estética del cinismo" o del "desencanto", que parece englobar a aquellos narradores que toman la violencia y la injusticia como eje de sus ficciones. "Parece natural que digan que somos escritores de posguerra, si comenzamos a publicar cuando la guerra terminaba. Pero como pasa casi siempre con las etiquetas que necesitan tantos críticos para darse a entender, no a todos se nos puede aplicar éstas con la misma justeza. ¿O justicia? Yo diría que los escritores centroamericanos de mi generación somos muy distintos unos de otros. A casi todos podría calificársenos de supervivientes. ¿Cínicos? ¿Desencantados? Por qué no".
El crudo retrato de Guatemala que se desprende de la obra de Rey Rosa ha valido una reacción defensiva dentro de su país, un distanciamiento que roza la crítica. "Más que criticada, creo que mi obra ha sido poco leída. Claro, el silencio puede entenderse como una especie de crítica. Supongo que lo que escribo no es lo que mis coterráneos suelen esperar de un escritor guatemalteco". ¿Esperan algo más folclórico? "Tal vez hay algo de eso".
LA FIGURA DE PAUL BOWLES. Hoy Rodrigo Rey Rosa reside en Guatemala, pero en su vida ha tenido más de una escala que lo llevó por distintos lugares del mundo. Cuando le preguntan acerca de su primer exilio, responde: "No sé si hablaría de exilio. Al terminar mis estudios estuve viajando un año por Europa, como hacían tantos jóvenes latinoamericanos, con muy poco equipaje y trabajando cuando era necesario. Luego volví a Guatemala, y casi dos años más tarde decidí irme de nuevo, esta vez a Nueva York. Eso fue en 1980 y entonces las cosas aquí estaban peor que nunca. Aunque en la capital se tenían muy pocas noticias de lo que ocurría en el interior -donde comenzaba a aplicarse la política de `tierra arrasada`- el ambiente era muy tenso y violento, estuvieras o no involucrado en política".
El instinto de conservación lo llevó a abandonar su tierra, y uno de los lugares que conoció lo marcaría para siempre: Tánger. ¿Por qué su arribo a aquella ciudad al norte de Marruecos, en las costas del Estrecho de Gibraltar? "Fui a Tánger sobre todo por curiosidad. Desde que recuerdo me interesó conocer el África y el mundo musulmán. También quería conocer un país donde estuviera permitido el uso del cannabis y en cambio el uso del alcohol estuviera mal visto".
Allí conoció a Paul Bowles, y en su taller de escritura trabajó sus primeros textos, aquellos que luego su maestro traduciría. "Bowles fue el primer escritor de ficción que conocí personalmente. En Guatemala no tuve contacto con ninguno. Claro, los que estaban en activo se habían exiliado o no hacían vida pública. Esto fue importante para mí: darme cuenta que era realmente posible organizar la vida en torno al ejercicio de la escritura. Bowles vivía muy austeramente, y la vida en Marruecos en ese tiempo era en extremo barata. Él decía que era poco aconsejable intentar ganar mucho dinero con los libros, pero sí creía que era posible vivir de los libros, con mucha suerte y haciendo sacrificios, o sea, viviendo lo más económicamente posible. Aparte de estas enseñanzas, que para mí fueron vitales, en su biblioteca entré en contacto con las novelas norteamericana, inglesa y francesa de la segunda mitad del siglo veinte, que conocía muy poco. Digamos que del ámbito más bien clásico de los autores citados por Borges, que era prácticamente lo único que yo leía por entonces, entré en un ámbito `moderno`".
De esta experiencia surgió La orilla africana (1999), una novela ambientada en Tánger que narra la vida de un adolescente marroquí y un ejecutivo colombiano, y que se cuenta entre las pocas expresiones literarias de Rey Rosa -junto con algunos cuentos- que no están situadas en Guatemala. Un homenaje a la tierra donde se formó este escritor que huye de la exposición pública, provoca la admiración de sus colegas y escribe ficciones que, lamentablemente, a veces se ven superadas por la realidad.