Mundo juvenil

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Alfredo Alzugarat

LA NOVELA Rugby de Manuel Soriano, comienza así: "Buenos Aires es un circo. Un desfile de pintorescas inequidades". La afirmación corresponde a una mirada juvenil, audaz, capaz de captar a la gran ciudad como una farsa perpetua, una retahíla de triunfantes hipocresías, un escenario donde diariamente circulan dos extremos inconciliables, los "chetos" y los "negros", con su carga de prejuicios, estigmas y viejas desigualdades. "Yo no soy un negro", adelantará el narrador en el segundo episodio, en un intento de separar claramente las aguas. "Los negros son los villeros, los que te roban", rubrica, repitiendo un discurso elitista que a partir de allí procurará vaciar de contenido. El tercer episodio se sitúa en el Christian School, un colegio privado para jóvenes de clase alta, un espacio impregnado de nostalgia inglesa donde los varones recios, o por lo menos "los que no son maricas ni le tienen miedo a los golpes", juegan al rugby. Con ese marco preliminar la historia echa a andar.

Conducido por el discurso irónico del narrador-protagonista, con sus agudas observaciones y su desenfadado vocabulario, el lector asiste a un universo cerrado, coto de privilegio, de casonas inmensas y enseñanza bilingüe, que se entroniza como ideal, autosuficiente, calculado para perdurar, donde toda desviación a la norma puede ser fácilmente corregida porque "los melones del sistema se acomodan solos". Allí los "chetos" comparten una existencia de comodidades y de diversión. Se encierran en barrios privados, temen todo el tiempo la presencia de los "negros", y a veces, por rebeldía adolescente, escuchan y bailan cumbia villera. El rugby les proporciona no solo la posibilidad de demostrar sus condiciones físicas sino que también pretende inculcarles ciertos valores imprescindibles para reglamentar sus vidas: la solidaridad, el compañerismo y el sacrificio. Esta tríada ética debe hallar su mayor expresión cuando el juego ha culminado, en el llamado "tercer tiempo", momento de confraternidad entre los integrantes de ambos equipos. Es allí, sin embargo, donde se desatan los ánimos, se quiebran las barreras y los personajes revelan su verdadera identidad. En ese momento los "negros", es decir, "los otros", hasta entonces fantasmas amenazantes, pueden convertirse en víctimas.

El recorrido por la peatonal Florida, sitio de concentración del orbe bonaerense con que se inicia la obra, sella la presencia de una ciudad en la que se refleja, con las mismas características, ese antagonismo social. Para colmo la acción transcurre el 13 de octubre de 2007, día previo a que el seleccionado de rugby de Argentina, más conocido como Los Pumas, dispute la semifinal del campeonato mundial de ese deporte: "ese sábado casi no se hablaba de otra cosa".

Con acierto Soriano entrelaza esta historia con el relato del origen oculto de su protagonista, nacido en Perú y lector de Arguedas. El mundo dividido en que transcurre la novela iguala o al menos aproxima la realidad bonaerense a la sociedad limeña. El "bautismo" de los jugadores recuerda momentos similares en el Colegio Leoncio Prado, en La ciudad y los perros, de Mario Vargas Llosa. La prepotencia y la impunidad que ostentan los jóvenes de clase alta, con parecidas connotaciones de violencia, es ferozmente retratada en una novela reciente de Jaime Bayly, El cojo y el loco.

LO BREVE Y LO FRAGMENTARIO. Abogado, nacido en Buenos Aires en 1977 y residente en Montevideo desde 2005, Manuel Soriano se dio a conocer por su libro de cuentos La caricia como método de tortura (2007). La inclinación a lo breve y a lo diverso complementario parece ser lo que más seduce a este joven escritor. Si era prueba de ello Rugby, nouvelle donde un argumento mínimo es ilustrado y profundizado en su significado por episodios convergentes, algunos de ellos de probable factura autobiográfica, se suma ahora Variaciones de Koch, colección de cuentos premiada en 2010 por la Fundación Lolita Rubial de Uruguay. Cuentos como "Taibí", donde mirar por televisión un viejo partido de fútbol se convierte en un disparador de recuerdos, de flecos aislados que terminan por amalgamarse en una sola historia, o como "London Archer", que describe las travesuras de un ejecutivo durante su estadía en hoteles a la vez que fantasea sobre su vida futura, insisten con eficacia en esa inclinación. En otros, como "Cordón roto" o, tal vez el mejor logrado, "Doble cabina", lo que se encuentra en el camino nutre la narración, instala la desconfianza de los personajes y la sensación de que algo desagradable puede ocurrir en cualquier momento.

Los textos de Soriano son fragmentos de vida, abiertos en sus finales. Por eso el protagonista siempre se llama Koch, un "alter ego" del autor, las más de las veces un intelectual (periodista cultural, artista plástico) o un profesional, en algún caso devenido en vendedor de mangueras. Persiste en todos los casos la óptica juvenil, el humor cómplice, las alusiones sexuales, las referencias literarias o a la música popular moderna. Otra constante, la intromisión del narrador haciendo visible su manejo de la historia, se despliega sobre todo en "El olor del trabajo". "No podemos acceder al pensamiento de las alemanas. No tenemos ese privilegio en esta historia", afirma, recortando su escritura y direccionando al lector. Esta conciencia de escribir y de contar complementa y a la vez contiene la espontaneidad digresiva, la ilusión divagante con que parece armar los relatos.

EL OLOR DE LA NARRACIÓN. Resulta difícil explicar el porqué pero el olor es una sensación que recorre Variaciones de Koch. Desde los apenas percibidos olores a comida de perros o al cuerpo del armenio en el catre, pasando por el olor a muela quemada del recuerdo familiar o al del trabajo en el cuento homónimo, hasta alcanzar su máxima eclosión en el olor envolvente, insoportable, que abruma a los personajes de "Ropa sucia" y "¿Qué tiene de malo la lechuga?". En ocasiones también el tiempo, con sus plazos fijos, apremia al protagonista. El olor fétido debe terminarse antes de la visita de los jefes del estudio jurídico, y la aventura con la alemana, así como las andanzas del ejecutivo, deben cumplirse antes de que todos los relojes cucú, amontonados en una antigua casa, marquen con su estruendo las doce de la noche.

"Como un remolino de agua escurriéndose por una rejilla" es una comparación válida para un cuento como para otro. Son todas recurrencias que forman parte de un zurcido casi invisible que, junto al invariable nombre de los protagonistas, otorgan una tenue unidad a la estructura del libro. El desencanto, la demolición de lo cómodo o lo rutinario por la ironía o el sarcasmo, la atrevida mirada no dispuesta a concesiones, son algunos de los temas de un escritor que busca su mundo propio.

RUGBY, de Manuel Soriano. Alfaguara, 2010. Buenos Aires, 151 págs. Distribuye Santillana.

VARIACIONES DE KOCH, de Manuel Soriano. Ediciones de la Banda Oriental, 2011. Montevideo, 153 págs.

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