Hugo Fontana
DOMINGO ARENA nació en una pequeña villa de Calabria, Italia, en 1870. Cuando apenas tenía 7 años su numerosa familia emigró a Uruguay y se estableció en Tacuarembó, donde su padre se ganó la vida durante mucho tiempo como zapatero. Desde chico Domingo se desempeñó en los más diversos trabajos, desde peón rural, empleado de una pulpería y simple changador. No obstante, en su primera juventud se trasladó a Montevideo para ingresar a la Facultad de Medicina y recibirse de farmacéutico, y más tarde a la Facultad de Derecho, para obtener el título de abogado.
En la última década del siglo XIX escribe su primer artículo periodístico, una crítica de teatro que se publicará en el diario El Día. El hecho, que inauguraría su larga trayectoria como periodista, le permitiría además conocer y acercarse a José Batlle y Ordóñez. En 1904 ya ejercía la dirección del diario y se transformaría al poco tiempo en un parlamentario brillante, ocupando escaños en ambas cámaras del Poder Legislativo, integrando la Asamblea Constituyente de 1917 y el Consejo Nacional de Administración entre 1919 y 1925. Participó en la redacción de algunas leyes de avanzada promulgadas en aquel entonces por el batllismo, entre ellas la que estableció el máximo de ocho horas para las jornadas laborales.
Entre toda su actividad, tuvo tiempo también para escribir algunos relatos marcados por la peripecia del hombre rural, que él había conocido de cerca durante su infancia y adolescencia; entre ellos se destacó "El Burro de oro", incluido en diversas antologías como Panorama del cuento nativista del Uruguay, de Serafín J. García (1943), Los mejores cuentos camperos del siglo XIX, de Diego Pérez Pintos (1966), y El cuento uruguayo. De los orígenes al modernismo, de Emir Rodríguez Monegal (1965). En 1939, el año de la muerte de Arena, el editor Claudio García publicó los libros Batlle y los problemas sociales en Uruguay y Cuadros criollos y escenas de la dictadura de Latorre, el que ahora, con prólogo de Eduardo Roland, ha merecido una cuidada reedición.
El volumen recoge siete relatos, algunos de ellos no son otra cosa que estampas donde se retratan dramáticas escenas de la vida campesina, y cuatro artículos que Arena escribió entre febrero y marzo de 1896 y publicó en El Día ante el rumor -y el temor- de que el coronel Lorenzo Latorre volviera al país desde su prolongado exilio en Buenos Aires. Tres de los relatos giran en torno a resistidos idilios -diferencias sociales, el gaucho y la hija del patrón- con desenlaces disímiles y trágicos. Otros se detienen en diversas tareas rurales -la esquila, la yerra, la doma-. El relato "El Burro de oro" es el más ambicioso y mejor estructurado. Allí se narra la historia de un hombre avaro sometido a una gruesa broma que concluye de mala manera. En cuanto a los artículos, con suma brevedad y terrible dramatismo, Arena rememora algunas escenas de brutal violencia provocadas y celebradas por Latorre durante los años de su dictadura.
La literatura uruguaya demoró décadas en acercarse a la ciudad. Podría decirse que en un principio fue el gaucho y sus amplios y desolados dominios, retratados generalmente desde las equívocas gestas de las guerras civiles, y que tuvo en la pluma de Javier de Viana a su más afortunado exponente. Hubo que esperar a Paco Espínola para que el protagonista de Sombras sobre la tierra (1933) se acercara a los bordes de la ciudad, y a Juan Carlos Onetti para que, con El Pozo (1939), diera comienzo el reino de lo urbano. Estos textos de Arena están escritos desde la intemperie y, desde allí, aún conservan una impronta de sostenido valor histórico.
CUADROS CRIOLLOS Y ESCENAS DE LA DICTADURA DE LATORRE, de Domingo Arena, Irrupciones, 2011. Montevideo, 100 págs. Distribuye F. Levy Libros.