Al mundo le falta un sentido

Juan de Marsilio

TRAS PUBLICAR Pogo, Derretimiento y Noviembre, Daniel Mella (Montevideo, 1976) no es una promesa de nuestra narrativa, sino una poderosa realidad. Esta versión revisada - "podada", como dice el autor, porque de los cortes podrían brotar nuevos desarrollos- lo confirma. Incluye bien el sello Irrupciones a este autor en su colección "Excéntricos", pues sus textos dejan una profunda extrañeza. En especial esta novela corta con tensión de cuento, objetivo de Mella al quitar cerca de treinta páginas y modificar algunos pasajes.

Ha dicho Henry Trujillo, otro "raro", de una promoción anterior, acerca de la primera versión de Noviembre, que los personajes descubren, y el lector con ellos, la falta de sentido de un mundo que no está hecho para que lo comprendamos. En esta "versión podada", se acentúa la atmósfera de miedo animal que creaba el texto original.

Todo comienza como la historia agridulce de una ex pareja de treintañeros recién separados, con las dudas del caso sobre la posibilidad o no de volver a unirse y sobre la naturaleza del sentimiento que los vinculaba. En este primer tramo, la narración se centra en la relación entre Guzmán y Maite, la hija de cinco años, y en los cambios de actitud que el hombre observa en Ana, su ex.

El punto de inflexión lo da la inesperada -y nunca explicada- muerte nocturna de Maite. Las reacciones de todos los personajes desconciertan. Guzmán descubre la muerte y actúa como si volviéndose a dormir el hecho desapareciese, de modo similar al Gregorio Samsa de La metamorfosis kafkiana. Del mismo modo demencial que los Samsa actúan ante el hijo-insecto, reaccionarán los familiares de Ana ante la desaparición de Maite.

Javier, un conocido que llega de visita la mañana de la muerte de la niña decide, de modo unilateral, desaparecer el cuerpo. Los personajes se mueven como centrados en sí mismos y sus necesidades, pasando la niña "perdida" a un escalofriante segundo plano, casi de excusa para sus acciones. Además, se describe con minucia cómo Guzmán se pierde en un episodio lateral, sin relación alguna con lo que le acaba de pasar. Ana llega a preguntarse ante Guzmán si de veras querían a la niña. Acierta Mella en los nombres de la familia protagónica, por sus etimologías: Guzmán (hombre bueno), Ana (benéfica, compasiva) y Maite (amada).

En el fondo está el Uruguay desesperanzado: una pareja que tiene que elegir entre ser casi mantenida por los padres de ella o que él tome un empleo frustrante, matrimonios inmigrantes que deben ver la emigración de sus hijos, domésticas con cama que mantienen esposos e hijos devenidos parásitos.

Tanto en Noviembre como en los cuentos los personajes quedan inmovilizados ante situaciones de pérdida, sin dejar de cumplir, de modo mecánico, ciertas rutinas. Perturba más aún la incapacidad de los adultos para proteger a los niños que aman y el daño que les causan.

Mella usa imágenes similares a las de Felisberto Hernández (véase el pasaje de Alejandra tocando el piano, en "Blanco"), pero sin sombra de humor. Puede notarse, como ya lo señaló Trujillo, la influencia de Kafka y un aire semejante al de Patricia Highsmith en Extraños en un tren. "La gota", cuento que cierra el volumen, cruza, aunque al modo de Mella, "La Inundación", de Martínez Estrada, con "El Hijo", de Quiroga. Una veintena larga de erratas -muchas de ellas serias- desmerece el libro.

NOVIEMBRE (Y DOS CUENTOS), de Daniel Mella. Irrupciones Grupo editor, 2010. Montevideo, 112 págs. Distribuye Ediciones del Puerto.

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