NUEVA GENERACIÓN DE ESCRITORES

La industria literaria uruguaya sueña con despegar

En la última década la ficción nacional perdió casi la mitad de sus lectores. No es que se lea menos, sino que el gusto cambió hacia otros géneros. Ante esta situación, las obras más elogiadas no llegan a ser best sellers y venden menos de mil ejemplares.

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Foto: Fernando Ponzetto

Estos escritores ganan premios mal pagos, apenas cobran por las ventas y sus libros no se editan afuera. Sin embargo, el impulso de una camada de autores jóvenes y la creación de programas estatales para apoyar la venta de su obra en el exterior podría darle una vuelta de tuerca a esta historia.

Para el novelista y ensayista Amir Hamed, el verdadero milagro nacional es la literatura y no el fútbol. "En este país hay una industria enorme dispuesta para encontrar al nuevo jugador estrella, en cambio los escritores somos una especie de seres autistas que producimos en solitario. A pesar de tener todo en contra, nunca dejaron de surgir autores con gran talento", dice. Pero la calidad no siempre cabe en una caja registradora. Aunque vender libros sigue siendo un buen negocio para los grandes grupos editoriales españoles con filiales en Montevideo, la ficción nacional viene perdiendo lectores y hoy tiene la mitad que hace una década.

Según Julián Ubiría, gerente editorial de Penguin Random House, dueño del 40% del mercado literario local, "los uruguayos somos muy buenos lectores, pero lo que pasó fue que hubo un cambio en el gusto". Son tendencias, dice. "Los temas que antes se veían en novelas de ficción, ahora están vehiculizados en el género policial y en la no ficción que configura la identidad uruguaya de comienzos de siglo XIX a través de personajes históricos, o en la biografía de personajes políticos del momento", explica.

Como consecuencia, para la mayoría de los escritores este oficio es una ilusión que se fue apagando hasta quedar relegado a un segundo trabajo. Lejos del modelo anglosajón según el cual el escritor es una figura que sobrevive publicando cuentos en la prensa, en Uruguay escribir se transformó en una vocación que se atiende en la madrugada y que de vez en cuando da alguna alegría y pocas veces un ingreso económico.

"El primer problema que tenemos es que hay más literatura que lectores para este tipo de obra, entonces, salvo algunas excepciones, no es redituable publicar. Esto no quiere decir que a la gente no le interese leer, lo que pasa es que se perdió la familiaridad con la ficción nacional", dice Gabriel Sosa, escritor y dueño de la editorial Irrupciones, una empresa tan pequeña que no tiene sede ni empleados, pero lleva editados seis libros en lo que va del año. Sosa también opina que una obra tiene que funcionar en el mercado local para poder pensar en cruzar fronteras. Por eso, los best sellers son casos excepcionales.

Cuando los hay, son obras obras infantiles o juveniles (como las de Roy Berocay, Cecilia Curbelo y Susana Olaondo), o libros periodísticos acerca de José Mujica (en especial Una oveja negra al poder, de Andrés Danza y Ernesto Tulbovitz, que lleva vendidos 30.000 ejemplares en el país y más de 150.000 fuera de él), o manuales de psicología (como Educar sin culpa, de Alejandro De Barbieri, con 25.000 ejemplares) o espirituales (del estilo Yo me perdoné, de Alejandro Corchs). O novelas protagonizadas por personajes históricos que bordean el género de la no ficción. Entre estos autores están Mercedes Vigil, Ruperto Long, Hugo Burel y Diego Fischer, este último ganador en 2015 y 2016 del Libro de Oro que otorga la Cámara Uruguaya del Libro a los éxitos de ventas. Estas obras integran los catálogos de editoriales transnacionales como Penguin Random House y Planeta, y venden entre 10.000 y 30.000 ejemplares.

Porfiados.

En un universo literario paralelo, hay otros 200 escritores generando narrativa y publicando en editoriales independientes con un modelo comercial como Hum/Estuario, Fin de Siglo, Banda Oriental y Criatura. Estas empresas publican entre seis y 30 títulos y tienen un tiraje de entre 500 y 4.000 libros (en el caso del premio Lolita Rubial de Banda Oriental, que premia una obra por año). Para ellas publicar es un riesgo y solo en algunos casos recuperan la inversión, que ronda los $ 50.000. Suponiendo que un libro venda 1.000 ejemplares (en un escenario muy favorable) a un precio que promedia los $ 370, la ganancia que recibirá el escritor será del 10%, es decir $ 37.000.

Ramiro Sanchiz publicó más de 20 libros y logró cruzar fronteras con seis ediciones en Argentina y una en España. Ahora publicará El orden del mundo en Bolivia y probablemente en Cuba. Con esta obra ganó en 2015 el Premio Nacional de Literatura del Ministerio de Educación y Cultura (MEC), el más prestigioso de los galardones locales. A pesar del calibre del reconocimiento, la recompensa es de $ 40.000.

Ninguno de los principales premios de escritura superan este monto. El Lolita Rubial de Banda Oriental, que asegura la edición de 3.500 ejemplares para su Club de Lectores y otros 500 para librerías, también es de $ 40.000. La misma cifra ofrece la Intendencia de Montevideo al ganador del premio Juan Carlos Onetti. Fin de Siglo tiene el Gutenberg para escritores menores de 35 años, que es un viaje a Bélgica y la publicación de la obra. Y cada año la Cámara del Libro reconoce la buena calidad de la narrativa con el Bartolomé Hidalgo: una estatuilla. La Fundación Itaú tiene un concurso de cuentos cortos que premia al primer puesto con US$ 2.000 y con US$ 1.000 al segundo, pero no pueden presentarse escritores con más de tres obras publicadas. Sanchiz, experto en narrar escenarios de ciencia ficción, lo resume así: "Es lógico, porque la escena es tan pequeña que todo parece proporcional a su tamaño".

En Uruguay, la inmensa mayoría de los escritores de ficción sobrevive y se estimula en base a una fama que circula entre críticos, colegas y ciertos lectores fieles. Pero son porfiados y los títulos se multiplican. Carlos Rehermann, autor de obras como Dodecamerón, El auto y Tesoro, es uno de los impulsores del Colegio de Escritores, un gremio fundado el año pasado que quiere agrupar a este tipo de trabajadores sin patrón ni jornadas laborales. Aunque ya hubo varios intentos sin éxito en el pasado —y ya existe la Casa de los Escritores del Uruguay—, Rehermann explica que se proponen "defender cosas muy específicas de la profesión y manifestarse cuando sea necesario un punto de vista especializado, profesional y bien fundado acerca de asuntos que tienen que ver con la escritura". En definitiva, "queremos ponerle una voz a la nada, que es lo que sabemos hacer", dice.

Escritores como Rehermann, Hamed y Carlos María Domínguez, los editores Gabriel Sosa (Irrupciones), Estefanía Canalda (Fin de Siglo), Martín Fernández (Hum/Estuario) y Julián Ubiría (Penguin Random House), y los críticos literarios Gabriel Peveroni, Francisco Álvez Francese, Débora Quiring y László Erdélyi coincidieron en que, contra todo pronóstico, no solo aumentó la cantidad de obras de ficción publicadas, sino que hay una camada de escritores de entre 25 y 45 años que está sacudiendo los estándares de su calidad.

Algunos de los que tienen mayor proyección, según estos expertos, son Daniel Mella, Damián González Bertolino, Horacio Cavallo, Mercedes Estramil, Agustín Acevedo Kanopa, Ramiro Sanchiz, Carolina Bello, Martín Lasalt, Andrea di Candia, Marcia Collazo, Diego De Ávila, Matías Núñez, Martín Bentancor, Manuel Soriano (nacido en Argentina), Carolina Cynovich, Sofía Rosa, Natalia Mardero, Rodolfo Santullo, Pedro Peña, Valentín Trujillo. Y la lista podría continuar.

Según Amir Hamed, las obras que se están publicando ahora serán mejor recordadas que las de "los supuestos autores consagrados de la década de 1980 y 1990", cuando surgió por primera vez una generación de novelistas. Fueron aquellas obras las que atrajeron a los grupos editoriales españoles, que se instalaron en el país por los años 90.

Consagrado: Daniel Mella tiene cinco libros publicados, uno en España. Foto: Archivo El País
Consagrado: Daniel Mella tiene cinco libros publicados, uno en España. Foto: Archivo El País

Promesas varias.

Gabriel Peveroni fue uno de los autores publicados en esa época por Alfaguara (La cura en 1997 y El exilio según Nicolás en 2004). "Hubo una primera sensación de que su presencia iba a ayudar a colocar la literatura uruguaya en el exterior, pero no fue eso lo que sucedió. De hecho, Alfaguara y Planeta, que son los que más publicaron en los últimos 20 años, han trabajado como editoriales absolutamente locales, de manera mucho más cerrada que las propias editoriales independientes", opina.

Ubiría, el gerente de Penguin Random House (que reúne a 32 sellos bajo su ala), reconoce que "si bien los contratos que se firman incluyen derechos para todo el mundo, esto no significa que serán editados fuera porque cada país tiene su propio plan editorial". Dice que lo más común es que los libros viajen poco.

Ante la acumulación de buenas obras editadas en los últimos años, sobre todo en 2015 y 2016, Ubiría adelanta que la editorial "está dando pasos para pensar en una estrategia que incluya en su catálogo a nuevos escritores de ficción". Agrega: "A mí me interesa mucho tenerlos, pero suelen ser autores que venden muy poco. Tenemos que encontrarles el espacio para lograr un sello que tenga su identidad y pensar en un proceso comercial que los acompañe". Uno de los que ya tuvo una reunión con él es Ramiro Sanchiz.

Otra que atendió a las potencialidades de la narrativa fue la Dirección Nacional de Cultura del MEC, que a través del Departamento de Industrias Creativas generó un sistema de becas de formación y creación, un fondo concursable para proyectos editoriales (que busca ponerse al día con la tendencia editorial de libros objeto), y para fomentar la internacionalización de la literatura —como hizo antes con el teatro, la música y el cine— creó un programa de traducción y el programa Books from Uruguay, que pone por primera vez a un agente literario a disposición de los escritores.

Damián González Bertolino encabeza la lista de promesas. Foto: Archivo El País
Damián González Bertolino encabeza la lista de promesas. Foto: Archivo El País

Esta figura nunca había existido en el mercado local; los escritores representados por agencias literarias se cuentan con los dedos de una mano. Algunos de ellos son Carlos María Domínguez, Milton Fornaro, Mauricio Rosencof y Mario Delgado Aparaín.

Nueva idea.

La luz al final del túnel de los escritores de ficción se llama Omaira Rodríguez. Tiene 44 años, 18 de experiencia como publicista y lleva cuatro concretando ventas de derechos literarios en las ferias de Frankfurt, Guadalajara, Bolonia (especializada en literatura infantil y juvenil) y Buenos Aires. Según informa Lys Gainza, asistente técnica encargada del sector editorial, el programa tiene un presupuesto anual de $ 600.000. Por su trabajo, Rodríguez recibe un sueldo "fijo y básico" y el 15% de los derechos que vende y de las regalías por ventas de ejemplares. Su situación monetaria no es tan lejana de la de los escritores que representa, porque tiene otros dos trabajos para llegar a fin de mes.

"Yo estoy fascinada con mi trabajo, pero tienen que saber que es muy complejo. En el mundo hay editoriales para cada una de las obras que se publican en Uruguay, pero concretar una venta puede llevar meses. Para que te hagas una idea, en la Feria de Frankfurt hay 7.000 expositores buscando y ofreciendo manuscritos: es tan grande que hay que tomarse micros para ir de un hall al otro", cuenta. Esta agente prepara cada feria con tres meses de anticipación. "Investigo las editoriales, qué publicaron, qué pueden estar buscando y mando unos 450 mails para llegar a concretar unas 50 entrevistas, de 15 minutos cada una, en un total de tres días".

Cada año Books from Uruguay selecciona unas 10 obras de ficción y no ficción, y otras 10 de literatura infantil e ilustradores. "La selección debe ser buena porque estos ejecutivos no pierden el tiempo y si yo no les llevo buenas obras, no vuelven a recibirme", asegura.

En estas ferias lo más fácil de vender es la ficción y los territorios más receptivos a nuestros escritores vienen siendo México y Brasil. El valor de las ventas hechas ronda los US$ 500 y US$ 4.000. Los scouts —una especie de sabuesos en busca de obras para editoriales— están atentos a los nuevos talentos latinoamericanos. "Cuando se acercan al stand lo que buscan es al próximo Mario Levrero o Juan Carlos Onetti", cuenta la agente.

Felipe Polleri es uno de los autores más vendidos para Estados Unidos, Chile, Francia e Italia, y será editado por la prestigiosa editorial Tusquets en México. Un monstruo de mil cabezas, de Laura Santullo, se vendió a Indonesia. El miserere de los cocodrilos de Mercedes Rosende, a todos los territorios de habla alemana. El mar, de Pablo Casacuberta, a Francia, El vestido de mamá, de Dani Umpi, a Brasil (autor que ahora trabaja con un agente internacional), y algunas novelas de Ercole Lissardi a México, España y Argentina.

Por estos días, Rodríguez está recibiendo varias consultas por Damián González Bertolino y por Valentín Trujillo, los dos escritores uruguayos seleccionados por el famoso festival Bogotá 39, que reúne a los jóvenes más prometedores de Latinoamérica. Del otro lado del teléfono, González Bertolino —antiguo caddie y cuidador de autos en el Club de Golf Cantegril, profesor de literatura en liceos de Maldonado, y el primer nombre en la lista de los escritores que están a punto de despegar— se queda sin palabras. "Cuando me eligen para estas cosas me siento un poco extraño. Me sorprende verme a mí en estos lugares, generando este interés, porque miro a mi alrededor y hay tantos buenos escritores de mi edad en Uruguay que me pregunto si está bien que el que esté acá sea yo".

Otro que no sabe qué decir es Daniel Mella, profesor de inglés, autor de varias obras y recientemente consagrado gracias al éxito local de la novela El hermano mayor, que ya va por su tercera edición. Mella acaba de firmar contrato con un agente catalán que, en solo un mes, vendió los derechos de dos de sus obras para España. Su última novela también se editará en Perú y en Argentina. "Es un alivio saber que hay alguien que se va a ocupar del dinero y que ese no tengo que ser yo. A mí siempre me gustó pensar que mis libros se movían de maneras misteriosas, y la verdad es que yo no hice nada para que esto sucediera, solo escribir", dice.

Martín Fernández, editor de Hum/Estuario, la editorial que lleva 18 años editando a estos jóvenes que quieren cambiar la escena, dice que a pesar de que el programa Books from Uruguay está funcionando bien hay algo curioso, y es que "la mejor difusión para un libro es el boca a boca, el rumor, un post en un muro de Facebook". Cuenta que fue el escritor mexicano Mario Bellatin el que llevó el nombre de Felipe Polleri por el mundo. Y fue el escritor peruano Diego Trelles Paz el que recomendó a Daniel Mella a su agente. "¿Te das cuenta de que al final lo más importante sigue siendo el lector?", plantea.

Así, entre políticas culturales y golpes de suerte, está empezando a tomar forma un camino nuevo para la ficción, que enfrenta muchos más problemas que saber qué decir en una página en blanco.

Un urgente programa de traducción a medio camino.

Carlos María Domínguez cuenta que en Argentina hay un programa estatal de traducción de obras al que pueden postularse editoriales de todo el mundo y reciben un monto para alivianar la inversión. “Esto es lo que se necesita acá. Te diría que sería más eficaz que el tema del agente literario”, opina. Carlos Rehermann también piensa que es urgente “tener un programa serio de traducciones, porque el que hay no sirve, está mal hecho, no se entiende cuáles son los méritos para acceder”, dice. Lys Gainza, desde el MEC, explica que el programa fue lanzado el año pasado con una inversión de un millón de pesos. Se tradujeron 17 obras, en especial al italiano, al alemán y al portugués, de autores como Horacio Quiroga, Felipe Polleri, Felisberto Hernández, Mario Levrero y Eduardo Galeano, entre otros. Debido a demoras administrativas, los pagos se atrasaron, lo que hizo caer el programa. Sin embargo, se encontró una solución más ágil y a fin de año se anunciará un nuevo llamado.


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