EXCAVACIONES EN LA CIUDAD VIEJA

El pozo que sacó a luz vestigios de la historia

Obreros, arqueólogos y curiosos se dan cita a diario alrededor de una zanja en una plaza emblemática.

Caño de OSE: todo comenzó cuando la Intendencia resolvió arreglar las antiguas veredas que circunvalan la histórica Plaza Zabala. Foto: A. Colmegna
Caño de OSE: todo comenzó cuando la Intendencia resolvió arreglar las antiguas veredas que circunvalan la histórica Plaza Zabala. Foto: A. Colmegna

¿Son tumbas etruscas?", pregunta una mujer que viene caminando por la circunvalación Durango y observa la excavación arqueológica que se está desarrollando frente a la Plaza Zabala.

"No, señora, estos son restos del fuerte de Montevideo", responde con paciencia la arqueóloga Nicolle de León, la profesional que se encuentra haciendo un relevamiento del lugar.

"Entonces, ¿lo van a dejar abierto para que la gente lo vea, como sucede en Barcelona y otras ciudades de Europa?", insiste la mujer que parece estar a punto de mostrar los sellos de su pasaporte. Esta vez la respuesta fue una evasiva amable y un previsible final de la conversación.

Todo comenzó cuando la Intendencia resolvió reparar las veredas que circunvalan la antigua plaza. El plan original era abrir 17 centímetros de profundidad, lo suficiente como para colocar el material nuevo. Sin embargo, en el cruce con la calle Alzaibar un caño de OSE obligó a cambiar los planes.

Al abrir unos pocos centímetros, quedó al descubierto un tubo negro de plástico. Dejarlo igual sería imposible, entendieron los ingenieros de la obra. Por tanto, se resolvió ampliar el agujero y así fue que se le dio intervención a la arqueóloga, ya que la zona tiene algunas reservas por ser de valor patrimonial.

"Esto se descubrió porque yo llamé a la OSE para avisar que había un caño que perdía agua", aseguró otra señora que miraba con atención el trabajo de los obreros.

"¿No podrán abrir la zanja con más delicadeza, por favor? Hay historia ahí abajo", inquirió otra vecina que asegura haber visto trabajos de ese tipo en México. Le sorprendió ver a un obrero abrir la tierra con un pico común y a la arqueóloga abrir la tierra con una pequeña cuchara triangular de albañil.

"¿Eso es un pedazo de la muralla?", preguntó un vecino de blancos bigotes a un obrero que colaborara con una agrimensora. "Creo que no, amigo. Dijeron que es parte del fuerte, no sé mucho más", respondió el trabajador desde la zanja.

El más antiguo.

Por definición, los arqueólogos profesionales dudan de lo que está escrito. Creen o desmienten, según corresponda, en base a los hallazgos que realizan y de la evaluación posterior de su contexto. Este caso volvió a certificar la máxima arqueológica ya que la descripción original de la obra del fuerte no se compadece con los restos localizados.

Mientras que en los textos históricos sobre el edificio se dice que el fuerte fue construido mediante "barro y fajina", en pocos días de trabajo arqueológico ya afloraron otros materiales, entre ellos ladrillos, una maza de tierra quemada y piedras, según indicaron a El País.

El hallazgo confirma que el fuerte se construyó con diversas técnicas y éste es el más antiguo localizado hasta el momento en la plaza.

Se trata de una construcción militar que se terminó levantar en el año 1725, un año después de la llegada de Zabala y las primeras familias. La monarquía española pretendía evitar que los portugueses volvieran a ocupar la zona y resolvió establecerse frente a la bahía.

Ahora, quedan algunas pequeñas señales de aquellas edificaciones coloniales. En los primeros días de la semana pasada se inició la apertura de las veredas que están alrededor de la plaza, frente a la parte de atrás del Palacio Taranco.

Fuentes de la Intendencia y de la Comisión de Patrimonio dijeron a El País que es "muy difícil" que se puedan mantener en exhibición los hallazgos arqueológicos ya que el material se "disgrega" con facilidad.

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