UNA HERRAMIENTA CON DOS DÉCADAS DE VIDA

La pipa de la paz como solución a las disputas entre ciudadanos

Treinta mediadores procuran resolver 1.200 conflictos al año en Uruguay.

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Laura Lange es la directora del departamento del Poder Judicial. Foto: D. Borrelli

Un almacenero de un barrio carenciado de Montevideo había sufrido varios asaltos que lo llevaron a la desesperación. Cierto día, un carro tirado por caballo pasaba por la cuadra de su comercio. El hombre ya estaba cansado de tantos robos. La bronca ante la sospecha de otro asalto lo desbordó: salió con un revólver, apuntó contra el animal y le disparó, pensando que el hurgador era el que solía robar su almacén. Al caballo tuvieron que llevarlo a una veterinaria y pasó un tiempo sin volver a estar de servicio en la calle. Para ahorrarse un juicio, el almacenero y el dueño del animal acudieron a un centro de mediación. Allí se pusieron de acuerdo: el almacenero terminó pagándole todos los gastos del tratamiento del equino baleado.

Estos centros de mediación —hay 10 en Montevideo y unos cinco en el interior—, son los grandes salvavidas de los jueces para evitar que los expedientes se tranquen en sus escritorios.

Estos hábiles del diálogo —28 funcionarios en total— parafrasean, preguntan, cambian los tonos de voz y crean climas. Los mediadores del Poder Judicial y de la Defensoría del Vecino en Uruguay utilizan todas estas técnicas en unas 1.200 instancias por año en las que buscan acordar sobre diversos conflictos, desde ruidos molestos y problemas familiares hasta agresiones.

Los casos llegan por distintas vías: o porque un juez dispuso que es un conflicto solucionable mediante este instrumento, porque un policía sugiere que se resuelva por esta vía al recibir una denuncia, o porque un vecino o familiar le aconsejó su beneficio.

Es indispensable que las dos partes estén predispuestas a someterse a este proceso. Si una no lo está, no es realizable. Cuando los dos lo desean, los mediadores —lo ideal es que trabajen de a dos, aunque puede ser uno— hablan con cada parte por separado y luego los dos, de manera conjunta, en un lugar neutral. "Generalmente empiezan con malos entendidos", comentó Laura Lange, directora del Departamento de Mediación del Poder Judicial.

Allí dan las pautas y advierten: "No se van a permitir agresiones verbales. Se busca que puedan hablar y traten de encontrar una solución común". Luego de que exponen sus motivos, el mediador empieza a utilizar sus técnicas.

El parafraseo es una de las más importantes. "Se repite todo lo que expuso una de las personas y se le quita todo lo emotivo que tuvo", dijo Lange.

Hay conflictos que son zanjados en una hora y media. Otras llevan más de una instancia. Y otras sorprenden a los mediadores: "Una vez una mujer acudió porque temía que un árbol de una vecina cayera en su terreno. Cuando les pedimos a ambas que ingresaran a la sala, ya habían solucionado el problema porque habían estado hablando afuera", relató Lange.

Familia y mascotas.

Según el último anuario estadístico del Poder Judicial, el 64% de las instancias refieren a problemas familiares. Algunas de ellas engloban problemas de fondo y otras, inconvenientes menores. "Hemos tenido mediaciones de personas que se divorciaron y no querían ceder la mascota. Entonces, en el acuerdo final se ordenó un régimen de visitas", contó. Los problemas vecinales ocupan el segundo lugar: 17%.

La efectividad es altísima: alcanza un 95% de resultados positivos. El asunto finaliza con un contrato privado entre las partes. Allí se estipula una fecha de seguimiento que suele ser a los tres meses.

Mediador comunitario.

La Intendencia de Montevideo y la Defensoría del Vecino están preocupados por este asunto. Ana Agostino, la defensora de Montevideo, dijo ayer a El País que desde 2013 vienen realizando talleres de mediación comunitaria a todo el cuerpo inspectivo de la comuna. Hasta ahora, hay 500 capacitados. A los próximos que capacitarán serán a los inspectores de tránsito de la capital.

Dentro de la Defensoría, hay dos mediadores. Si bien llegaron "varias solicitudes", solo se concretaron tres instancias en las que hubo acuerdo. "Lo estamos ofreciendo como una alternativa", indicó Agostino.

Virginia Fernández integra este equipo. Según comentó a El País, uno de los conflictos que lograron solucionar este año fue entre dos hermanos que a su vez son vecinos. Uno acusaba al otro de que tenía tapado un caño que no le permitía usar el baño. Tras dos instancias, en las que participaron hasta las parejas de los dos lados, llegaron al acuerdo final. "Se le destapó el caño y, a cambio, uno de ellos le consiguió un empleo al otro en la empresa en la que trabaja", contó.

DATOS ESTADÍSTICOS DE LA MEDIACIÓN.

Familias.

El 64,4% de las solicitudes de mediación obedecen a temáticas familiares y el 17,4% a problemas de vecindad. El resto se debe a temas civiles, de tenencias, laborales y penales, según los datos del anuario estadístico del Poder Judicial.

Empleados.

Son los ciudadanos que más solicitan la mediación (38,6%). Le siguen las amas de casa (21,3%) y los desocupados (12,4%). El resto son jubilados, obreros, personas que hacen changas, estudiantes y profesionales, entre otros.

Salarios.

El 65% de las personas que solicitan mediación percibe entre 0 y 2 salarios mínimos nacionales (hoy equivalente a $ 12.265). En segundo lugar se ubican los consultantes que perciben entre dos a cuatro salarios mínimos (18.7%).

Edades.

La franja etaria en la que se verifican más solicitudes de mediación es la de 31 a 40 años (24.6%), seguido por la franja de 18 a 30 años (21%), 41 a 50 (20.9%), 51 a 60 años (15.8%), 61 a 70 años (9.8%), y más de 70 (6%). Sólo 1.6% son de menores.

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