CIENCIA & SALUD

Invierten millones en tecnología para reducir daños del tabaco

La industria pide más debate sobre alternativas de productos sin combustión.

"El Cubo". vista del centro de innovación y desarrollo de Philip Morris en Suiza. Foto: PMI
"El Cubo". vista del centro de innovación y desarrollo de Philip Morris en Suiza. Trabajan más de 400 científicos. Foto: PMI

Reducción de daños. Esa es la lógica que se proclama en los dos gigantes que tiene Philip Morris en Suiza e Italia. Dos edificios, en Neuchatel (Suiza) y Bolonia (Italia), en donde un ejército de científicos y obreros empujan la nueva tecnología de calentar el tabaco en vez de quemarlo bajo el amparo de la expresión "potencialmente menos dañino" para la salud de los fumadores. Para eso, el coloso tabacalero impuso 430 investigadores y 3.000 millones de dólares para diluir los agentes más nocivos del humo de tabaco, unos 100 en los más de 6.000 compuestos químicos de los cigarrillos tradicionales, a través de un dispositivo que está inspirado en el control de la temperatura y calentamiento del metal de la industria automotriz.

Estamos cursando los primeros 50 años de la era posindustrial, que nació hacia 1964 con la computación digital. Y con ello un valor solemnemente probado como razón máxima desde el punto de vista empresarial: la inteligencia.

Un dato de esa robótica industrial se llama IQOS, un dispositivo que se creó a orillas del Lago de Neuchatel, en el noroeste de Suiza, en una estructura acristalada denominada "El cubo", principal centro de innovación y desarrollo de la multinacional.

El IQOS es un dispositivo que calienta el tabaco electrónicamente a una temperatura inferior a los 300 grados, lejos de los 800 grados de la combustión de un cigarrillo tradicional. No hay humo ni ceniza, y se consume en unas 16 pitadas: "El vapor de IQOS contiene en promedio, niveles inferiores al 10% de componentes dañinos presentes en el humo del cigarrillo de toda la vida", replica la compañía. Y agrega: "Es un producto que tiene riesgo, que tiene nicotina, pero lo importante es que no tiene combustión, que es la principal causante de las enfermedades provocadas por el consumo de tabaco. Y de ahí la disminución del riesgo".

Al visitante le muestran estudios que establecen una reducción del riesgo cardiovascular y pulmonar; que la calidad del aire se mantiene (no necesita oxígeno para quemar); que la recaída hacia cigarrillos tradicionales es casi residual; y que también es bajísimo el volumen (1%) de jóvenes que se inician en el hábito de fumar a través del dispositivo.

La lógica de la alternativa entonces es la complicidad de los fumadores para consolidar "un futuro sin humo de tabaco". El CEO de la empresa, André Calantzopoulos, lo dice con todas las letras: "No sé cuándo, pero espero que sea pronto". La sentencia dispara hacia el desafío de enterrar los cigarrillos tradicionales bajo la premisa básica de un cambio radical de la estrategia para abrirse paso en la ola de restricciones sanitarias que empujan a una prohibición total del tabaco en muchos países.

Proyecciones.

A nivel global, las proyecciones de la Organización Mundial de la Salud sobre la prevalencia del tabaquismo, combinadas con las proyecciones de crecimiento poblacional, muestran que habrá más de 1.000 millones de fumadores en un futuro cercano.

A partir de allí comparece en el horizonte el concepto de reducción de daños causados por el tabaquismo a través de la regulación de productos alternativos, y los organismos y expertos que insisten con la política prohibicionista como trinchera principal de combate. Y la polémica se derrama. "Al haber combustión no se producen ciertas sustancias tóxicas del tabaco como el monóxido de carbono. Sí, este tipo de productos son menos perjudiciales que el cigarrillo tradicional, pero también tienen sustancias tóxicas. No podemos decir que sea un producto inocuo, es algo tóxico para la salud", asegura Carlos Jiménez, neumólogo y director del programa en investigación en tabaquismo de Separ, en España.

¿Qué argumenta Philip Morris? Según Moira Gilchrist, directora científica de la compañía, "los resultados hasta la fecha demuestran que el valor de IQOS tiene niveles significativamente inferiores de componentes dañinos y que el producto es satisfactorio para el fumador adulto, mientras que tiene un atractivo insignificante para aquellos que han dejado de fumar como para los que nunca lo han hecho. Estos resultados apuntan claramente en la dirección de la reducción de riesgo".

Philip Morris ha ingresado con el nuevo dispositivo en Canadá y Colombia (en el caso de las Américas), en casi toda Europa, Rusia y Japón, este último un mercado que crece de manera exponencial (es más del 10%).

Ahora, la batalla que libra la tabacalera está dirigida a "convencer" a las autoridades sanitarias de los países sobre la reducción de la toxicidad. Y por eso reclama "todos los análisis" y "más debate científico".

Y sobre todo en los países en donde va por la aprobación como Estados Unidos, en donde la FDA (Food & Drug Administration) anunció un cambio de política más amplio para fomentar el desarrollo de alternativas menos nocivas.

Un juicio que hizo historia.

Uruguay le ganó un juicio a Philip Morris en el año 2016, que tuvo una gran repercusión internacional. El arbitraje "desestimó los reclamos de los demandantes" y obligó a la tabacalera a pagar los 7 millones de dólares que Uruguay gastó para la defensa. Además, se hizo responsable de la totalidad de los gastos del tribunal, 1,5 millones de dólares más. La demanda se fundó en el tamaño de los pictogramas de las cajillas y la obligación de una única presentación de las marcas, eliminando los términos "light" o "suave". Philip Morris no apeló y planteó que los fumadores adultos del Uruguay pudieran tener acceso "a productos alternativos de riesgo reducido".

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