INNOVACIÓN - WOBI

Innovar para sobrevivir

Estar atento a las nuevas tendencias, la clave para la supervivencia de las organizaciones del siglo XXI.

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Clave. Innovar es fundamental en una era donde las empresas vuelven a tener ciclos de vida más cortos.

En el transcurso del último medio siglo, la vida promedio de una compañía incluida en el índice S&P 500 cayó de 60 años a solo 18. Para un grupo de expertos citados por el Financial Times no se trata de algo casual, sino de un retorno al patrón vigente hasta el siglo XIX, cuando las empresas tenían ciclos de vida mucho más cortos.

En cualquier caso, es una realidad que pone a la innovación en el centro de la escena: para sobrevivir, las organizaciones deben mantenerse al día y aprovechar oportunidades que parecen ocultas a primera vista. A continuación, algunas de las tendencias en boga.

¿Smartphones al museo?

El futuro de la tecnología no vendrá de la mano de un único dispositivo que englobe todas las tareas posibles, sino que recorrerá el camino inverso. Esa es la visión de David Rose, quien cree en el valor de los «objetos encantados». «Me tomó algo de tiempo comprender por qué el smartphone, aunque conveniente y útil para algunas tareas, es un callejón sin salida para las interfaces entre computadoras y seres humanos», escribe en su libro Enchanted Objects: Design, Human Desire and the Internet of Things.

El autor toma objetos clásicos, como termostatos o cerraduras, con la idea de conectarlos y hacerlos más simples de usar. Estos aparatos, exponentes de la Internet de las Cosas (IoT), «pueden ser mucho más simples que un smartphone. No tienen que hacer demasiadas cosas», agrega. GlowCap, un packaging para medicamentos conectado a Internet que emite alarmas como recordatorio al paciente, es uno de los proyectos en ese sentido desarrollado por Vitality, una startup fundada por Rose.

Las proyecciones de los especialistas parecen darle la razón. Como parte de su estudio «Internet of Everything», Cisco pronosticó que para finales de esta década habrá casi 1 billón de aparatos conectados a la red, de los que solo una parte corresponde a computadoras, tabletas o smartphones. El impacto económico de ese crecimiento será más llamativo: rondará los US$ 14,4 billones.

Tiempo de compartir.

La economía colaborativa se ha masificado. ¿Cómo implementar características que se mostraron exitosas en compañías como Uber o Airbnb en organizaciones que, históricamente, desarrollaron modelos de negocio opuestos?

Kurt Matzler, Viktoria Velder y Wolfgang Kathan, investigadores de la Universidad de Innsbruck, relevaron en un artículo de MIT Sloan Management Review una serie de caminos adoptados por compañías de todo el mundo y que partían del concepto madre del consumo colaborativo: desarrollar valor en base al potencial de los bienes que no están siendo enteramente explotados por sus propietarios.

Ikea encaró una táctica similar. El sitio web Ikea Family, lanzado en Suecia en 2010, funcionaba como espacio de compraventa de objetos usados por el que la marca no recibía ningún tipo de compensación. Si bien algunos analistas temían que el proyecto canibalizara las ventas, ocurrió lo contrario. Al ayudar a desprenderse de muebles viejos, permitió a sus clientes hacerse de más lugar para adquirir nuevos ítems en Ikea.

Otra alternativa, particularmente útil en tiempos de vacas flacas, es la puesta a disposición de terceros de los recursos subutilizados, tanto físicos como humanos. En este sentido, FedEx sacó provecho del know how acumulado en la reparación del instrumental de misión crítica que utilizan sus empleados con el lanzamiento de TechConnect, una iniciativa de servicio técnico de dispositivos electrónicos. Los clientes llevan los equipos a las oficinas de FedEx para su reparación, que luego son enviados a domicilio por los carteros. Fred Smith, CEO de la compañía, estima que los ingresos por este tipo de servicios pueden llegar a los US$ 15.000 millones.

Mercados adyacentes.

«Encontrar grandes oportunidades de negocios en industrias adyacentes es bastante sencillo», asegura Peter Diamandis, uno de los fundadores de la Singularity University y coautor del libro Abundance: The Future Is Better Than You Think, publicado en 2012. Para lograrlo, explica, es necesario encontrar respuestas a tres inquietudes diferentes. En primer lugar, descubrir qué activos de la compañía podrían ser usados de otro modo y generar impacto en cientos de millones de personas. Luego, analizar en qué parte de la cadena de suministros se está haciendo un mal trabajo, o que al menos se podría desarrollar de otro modo. Por último, entender qué necesidades tienen los clientes de la empresa, en qué aspectos están siendo desatendidos y cómo se podrían resolver esas inquietudes. Así, «es posible iniciar el camino para trabajar sobre mercados adyacentes lucrativos y actuar de forma disruptiva», concluye.

Un ejemplo destacado por Diamandis es el del conglomerado japonés Fujifilm. Los equipos de innovación y desarrollo de la compañía trabajaron durante décadas en prevenir la oxidación producida por los rayos UV, responsable de la pérdida de los colores en las fotografías expuestas al sol. El proyecto los llevó a trabajar con la astaxantina, un compuesto presente en una microalga marina, con un poder antioxidante 14 veces superior al de la vitamina E y 1.000 veces más alto que el de la coenzima Q10. El éxito del hallazgo llevó a la compañía a ir un paso más allá: además de utilizar la astaxantina en los laboratorios fotográficos, comenzó a experimentar su uso para el cuidado de la piel. El proceso desembocó en el lanzamiento de Astalift, una marca propia de cosméticos que hoy se comercializa en más de una decena de mercados de Asia y Europa.

Finanzas 3.0.

¿Qué será de los bancos tal como los conocemos? «Para 2025, las instituciones financieras más grandes del mundo serán empresas tecnológicas. Las entidades que basaron su crecimiento a finales de siglo en la expansión física, ampliando su red de sucursales, estarán en problemas», vaticinó Brett King, fundador de Moven, un servicio de banca móvil. Jay Sidhu, CEO de Customers Bancorp, otra compañía que desarrolla aplicaciones móviles para la industria, fue aún más allá.

«¿Qué sentido tiene instalar pantallas en los bancos si todos tenemos pantallas en nuestros bolsillos? No importa cuánto busquen actualizarse, las filiales bancarias parecen diseñadas en los ’60. Son mausoleos», aseguró a la cadena CNBC.

El cambio de paradigma no solo afecta a la banca de personas, sino también a las entidades orientadas a empresas o especializadas en procesos de inversión.

OurCrowd, una startup fundada en Israel, ofrece la posibilidad a individuos con prácticamente cualquier nivel de ingresos de invertir en compañías en desarrollo en los mismos términos que los grandes fondos de capital de riesgo. Payoneer, también nacida en Israel, resuelve transacciones de comercio exterior de forma online, simplificando el proceso de cambio de divisas.

Máquinas que aprenden.

La consultora Gartner publica cada año un listado de «tendencias estratégicas» que, estima, modelarán el futuro de la tecnología en el mundo. El último informe, presentado en octubre de 2015 en una convención en el estado de Florida, prevé un crecimiento exponencial de los sistemas de inteligencia artificial.

Parte de ese desarrollo estará en manos de los llamados «agentes autónomos», que permitirán «liberar a las personas, de modo que puedan realizar las tareas que solo un humano puede hacer», aseguró David Cearley, vicepresidente de la firma, quien agregó que «se trata de un fenómeno de largo plazo, que continuará evolucionando durante los próximos 20 años».

Otro proceso destacado es el de los sistemas de aprendizaje avanzado, por el que los robots logran percibir el mundo por sus propios medios. Las denominadas «redes neuronales profundas» automatizan las tareas de clasificación y análisis de información, en una consecuencia lógica de los sistemas de big data. «Se trata de un área de rápida evolución, y las organizaciones deben comenzar a entender y aplicar este tipo de tecnologías para obtener ventajas competitivas», reza el informe.

Cuatro exponentes del cambio.

Nakamura Yoshisada, líder de desarrollo de laboratorios farmacéuticos de Fujifilm: «Invertimos mucho para lograr que la piel se vea bella en nuestro negocio de películas fotográficas. Esa acumulación de tecnologías nos permitió trasladar esfuerzos a esta nueva área».

Jay Sidhu, CEO de Customers Bancorp: «¿Qué sentido tiene instalar pantallas en los bancos si todos tenemos pantallas en nuestros bolsillos? No importa cuánto busquen actualizarse, las filiales bancarias parecen diseñadas en los ‘60. Son mausoleos».

David Rose, experto en Internet de las Cosas: «Tenemos necesidad de resolver el hecho de que nuestra atención está capturada por pantallas. Por eso me interesa tomar objetos clásicos, como termostatos o cerraduras, conectarlos y hacerlos más simples de usar».

Peter Diamandis, uno de los creadores de la Singularity University en Silicon Valley: «Encontrar grandes oportunidades de negocios en industrias adyacentes es bastante sencillo»; «es posible trabajar sobre mercados adyacentes lucrativos y actuar de forma disruptiva». (WOBI)

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