Torres-García conquista la Gran Manzana

El gran retorno a Nueva York

La esperada gran retrospectiva en el Museo de Arte Moderno de Nueva York y el contundente catálogo razonado online también realizado en dicha ciudad, ponen al maestro uruguayo en el centro del universo artístico mundial. 

Museo de Arte Moderno de Nueva York, entrada por la calle 53 (Fotomontaje del Arq. Andrés Olivera sobre foto de Timothy Hursley).
Detalle de una ficha del catálogo razonado online de Torres-García.
Joaquín Torres-García en Nueva York (© Museo Torres-García)
Dibujo de Torres-García en el libro New York (2007) © Museo Torres-García
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László Erdélyi02 oct 2015

TORRES-GARCÍA volvió a conquistar el norte. En un par de semanas el museo top del arte moderno del mundo, el MoMA de Nueva York, inaugurará una amplia retrospectiva de la obra del maestro uruguayo, lo que traducido a idioma vulgar significa conquistar, de forma concluyente, un lugar entre las grandes celebridades del arte moderno del siglo XX, el club selecto de los Picasso,Dalí, Kandinsky, y Duchamp, entre otros. Meses antes, en un salón decorado de forma recargada del Institute of Fine Arts de la Universidad de Nueva York, se presentó el catálogo online de la obra de Torres-García (torresgarcia.com), hecho de importancia clave para comprender cómo, por qué, y dónde creó sus obras. Esto aporta una buena dosis de oxígeno puro, de data concreta para que los investigadores trabajen sobre terreno firme, dejando atrás los rumores y arenas movedizas que dejó, por ejemplo, el incendio de Río de Janeiro, el problema de las falsificaciones, o los conflictos entre herederos. Sobre esto último en particular Mari Carmen Ramírez, curadora del Museum of Fine Arts de Houston, Texas, destacó la pasión de Cecilia de Torres, directora del catálogo, pero sobre todo su "resiliencia ante lo que hoy son guerras intrafamiliares muy conocidas" para poder concretar la tarea de cuatro décadas, afirmó con especial cadencia y levantando la mirada hacia Cecilia, ante el auditorio colmado en Nueva York. Fue sólo esa frase, pero sorprendió su sinceridad; de ese tema poco se habla en público.

Por contraste en Uruguay, donde la iconografía de Torres-García es parte de la identidad nacional, estas dos noticias generaron poco interés, hay obra escrita publicada pero agotada, y la mayoría de sus escritos permanecen inéditos. Fue uno de los artistas modernos occidentales que más escribió, además de pintar. Pero los uruguayos casi no lo leen.

FORMATO ABIERTO.

El catálogo razonado, producido en Nueva York, presenta fichas con foto de 2.183 obras de Torres-García, desde un primer Retrato al óleo de 1892 hasta Objetos sobre plano gris, óleo de 1949. Es un hito que marca un antes y un después en la comprensión del legado del maestro. Hay cuadros, dibujos, juguetes, maderas, innumerables links a una amplia base de datos de apoyo, y es de libre acceso. Es útil para escolares, liceales, académicos o coleccionistas. La interfase diseñada por la empresa panOpticon, sencilla e intuitiva, resuelve la enorme complejidad del sitio sin complejos de programador. Ello permite navegar de forma aleatoria por placer o mera curiosidad, realizar comparaciones con obras similares, apreciar técnicas, distinguir la obra de acuerdo a estilos o épocas, por ejemplo los cuadros que pintó durante su estadía en Nueva York (1920-22), o los de la década del 40 en Montevideo. Todo fluye a golpe de click. Antes de Internet esto sólo era posible en libro impreso, lo cual impedía el ingreso de nuevos datos sobre obras existentes o perdidas, robadas o falsificadas, hasta una nueva —y costosa— reimpresión.

Pero además Cecilia de Torres compartió durante la presentación alguna de las historias que acumuló en estas décadas de trabajo junto a la asistente Susanna V. Temkin. Por ejemplo cuando recibió, a través de un amigo en común, un pedido del famoso pintor Jean Michel Basquiat a comienzos de los 80 para conocer más obra de Torres-García. Pero también un momento triste cuando descubrió en una foto del archivo Kandinsky del Centro Pompidou de París, que los nazis se habían robado una pintura de Torres-García. La foto muestra un montón de cuadros en una pieza, en la Francia ocupada, a punto de ser embarcados hacia Alemania. Allí colgado, junto a un Léger y un Picasso, aparece un constructivo de Torres-García. "Esa pintura se perdió", aclara Cecilia. Pudo haber sido destruida en un bombardeo. O quizá esté en el tren nazi lleno de oro y obras de arte que, dicen, está oculto en un túnel secreto de Polonia, en Baja Silesia, y que hoy ocupa los titulares de prensa.

Las 68 obras incineradas en el incendio de Río de Janeiro en 1978 tienen una sección aparte, bien destacada, que permite valorar el significado de estas pérdidas en el contexto de toda la producción. Sólo algunos trozos mínimos sobrevivieron al incendio, sobre todo del mural Pax in lucem (1944)del Hospital Saint Bois, que está siendo restaurado en los talleres del Museo Torres-García de Montevideo, casi 40 años más tarde.

EN LA CALLE 53.

La obra de Torres-García debió recorrer un largo camino para tener la amplia retrospectiva en el MoMA que abre al público el próximo 25 de octubre, y estará abierta hasta febrero 2016. Luego seguirá a Madrid y a Málaga. No vendrá a Montevideo.

Hay un hito "uruguayo" de la institución neoyorquina que merece ser recordado. En el catálogo del MoMA de 1948 su director y fundador Alfred H. Barr Jr. puso enfrentadas dos obras, una de Gottlieb y otra de Torres-García, a contracorriente de todos los chismes del mundillo artístico de la Gran Manzana que minimizaban el rol del pintor oriental. Luego siguió la muestra de Sydney Janis sobre Torres en 1950, o la del Museo Guggenheim en 1971 (a pesar de las críticas venenosas que recibió en el diario The New York Times, de que era pintura que la podía hacer hasta un niño). También la muestra en el Museo de Arte Moderno de París (1975), que trasladada al MAM de Río de Janeiro dos años más tarde es consumida por el fuego.

Y siempre la presencia en la colección permanente del MoMA, algo que cualquier visitante al museo en los 80, 90 y todo lo que va del siglo XXI podía comprobar en persona. A veces con un solo cuadro, a veces de a tres, Torres-García compartía salas con los Matisse, Braque y Picasso. Tener mayor o menor presencia dependía en parte del poder del lobby que cada patrocinador de Torres-García tenía en la interna de la institución, de cuánto dinero ponía, de qué cuadros donaba para el acervo. En esta gestión incansable estuvo Patricia Phelps de Cisneros, y también Estrellita Brodsky de la diáspora oriental. O el argentino Mario H. Gradowczyk y un curador persistente como Luis Pérez-Oramas, responsable de esta muestra que abre en tres semanas.

Un dato importante sobre la obra que se verá en la calle 53, a media cuadra de la 5ta. Avenida: la mayoría pertenece a colecciones del hemisferio norte, sobre todo norteamericanas. Sólo una fracción menor fue cedida desde Uruguay por la Fundación Torres-García, la Galería Sur y el Museo Nacional de Artes Visuales, mayormente.

MIRANDO DESDE EL SUR.

Estas dos noticias sobre Torres-García son un hito clave para la obra del maestro, y por extensión para la cultura uruguaya en el mundo; es lo mejor que le ha pasado a ambas en décadas. Pero más allá de ciertos círculos, pocos mostraron interés en Uruguay. Es que los orientales son como los irlandeses con el Ulises, la novela de Joyce: se apropiaron de su iconografía pero sin leerla.

Los uruguayos tienen el barquito y el pececito torresgarciano grabado en el termo o en el mate, y por todas partes reproducen su pintura en ámbitos públicos, o se las reinterpreta (adaptando la misma grilla y símbolos, no siempre con resultado decente). Las réplicas de juguetes en madera están en muchos hogares. Es un símbolo de identidad nacional, de uruguayez pura. Ahora, nadie se pregunta por qué hizo lo que hizo, cuáles eran sus ideas. Registran sí, de forma vaga, algunos tópicos: que Torres-García volvió a Uruguay luego de ser un pintor famoso por el mundo, pero no saben por qué. Leyeron que vivió casi siempre pobre y que, paradójicamente, hoy su obra vale millones de dólares (y luego de la muestra del MoMA valdrá más). Pero ignoran la existencia de una amplísima obra escrita, narrada de forma sencilla, como maestro de escuela, lo que permite entrar a su pensamiento por etapas, de forma didáctica. Obra que sólo en parte está publicada, pero casi agotada (o a precios siderales: un Universalismo Constructivo edición 1944 se ofrece en Babilonia Libros a U$S 1.300). Además, casi no está en los programas de Secundaria —excepto en Dibujo. Algunos profesores, en un noble esfuerzo, introducen por iniciativa propia algunos aspectos de su pintura (la regla áurea, por ejemplo) sin poder profundizar. Los uruguayos se apropian, entonces, de la forma sin su esencia, consumen a uno de los orientales más famosos del mundo en tópicos triviales, a veces dignos de revistas de chismes. Y eso no los atormenta en lo más mínimo.

Alejandro Díaz, director del Museo Torres-García de Montevideo, señala que este problema no es sólo uruguayo. Entiende que esta sucesión de exposiciones consagratorias que culminan en la gran muestra del MoMA cometen un desatino. "La omisión en estudiar el vínculo entre los escritos y la obra de Torres-García es algo que se ha reiterado. A veces se ignoran esos escritos, otras se los cita de forma parcial para sustentar puntos de vista del curador. Pero sin entrar realmente en el cuerpo de ideas de Joaquín Torres-García". Porque las tres cuestiones, la obra plástica, los escritos, y la biografía, no se pueden explicar por separado. Tal era su integridad.

Esos escritos, narrados en una prosa muy respetuosa del lector, aparecen nítidos por ejemplo en el libro que Torres-García escribió sobre la ciudad de Nueva York en la década del 20. Allí, hace casi 100 años, intuyó peligros de aterradora actualidad: "es la tierra en que la mediocridad vive a su placer - y progresa". Es un material que estuvo inédito por décadas, y que fue publicado por el Museo Torres-García y la editorial HUM en 2007 con el título New York, con texto introductorio de Juan Fló, y que hoy está agotado. Son 120 páginas de escritura llana, potente, que va directo a las entrañas del lector. Fascinado por la ciudad, Torres-García relata: "La enorme ciudad de los siete millones de habitantes – aplasta al artista. Desde la ventana de su estudio –  él, forzado al ocio – porque no es utilizable su trabajo – contempla la muchedumbre apresurada – abajo – seriamente ocupada –y, arriba –también – en todas las incontables ventanas de las anchas fachadas – en los millones de agujeros que perforan las tendidas murallas". El artista no sólo describe haciendo estallar las imágenes en la cabeza del lector; explica que está al margen, que su pintura no es percibida como trabajo, que todo es como una muralla que lo excluye. La empatía del lector con el artista debe ser inmediata: cuántas veces hemos estado en su lugar, viendo que el mundo pasa a nuestro lado sin poder sumarnos a él, porque tiene códigos que no compartimos.

Pero en esta época la empatía no abunda. Cualquier narciso con su iphone 6 en la mano, sin dejar de mirarlo, preguntará quién es este Torres-García que viene a decirnos que la pobreza material no importa, que lo peligroso es la pobreza espiritual. Alguien, además, que se fue de Nueva York tras dos años de estadía porque la consideraba una "civilización material" sin ideas, vacía de espíritu, y sin redención posible. Un hombre que volvió esperanzado a Uruguay en 1934 y, a las pocas horas de arribar, Juan Carlos Onetti lo trató de convencer de que se vaya (en el texto de Onetti "Infidencias sobre Torres García"). Un galerista de Nueva York, en 1920, le había dicho lo mismo: "Márchese de esta tierra, si puede". El comerciante creía que la pintura de Torres-García estaba por encima de la capacidad de comprensión de los neoyorquinos.

Es curioso lo que ocurre con genios como James Joyce, o Torres-García. Crearon obras únicas, imperecederas, pensando en su comunidad para que todos seamos mejores personas. Merecen que les dediquemos un esfuerzo mínimo, pues hicieron algo muy noble. Pero siempre, de una forma u otra, los estamos echando.

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