Cuñado uruguayo

| Roberto Peña, que interpreta a De Narváez en el ciclo de Tinelli, es minuano y quiere hacer un reality parecido por acá.

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De Minas a la casa de Gran Cuñado, en Showmatch. Ese fue el viaje del político opositor Francisco de Narváez, el ficticio, que en verdad se llama Roberto Peña (33 años); es uruguayo y participa del ciclo de Marcelo Tinelli desde 1997, donde ha interpretado a varios personajes: los jaimitos, los susanos, Cecilia Bolocco y otro que recibía patadas del dinosaurio Bernardo.

Pese a la década que lleva en el ciclo más exitoso de la tevé, pocos en Uruguay conocen el origen minuano de Peña, a diferencia de sus colegas Sebastián Almada y Álvaro Navia. "No he tenido la suerte de que me nombren tanto. Pero todo llega, es cuestión de tiempo", asegura el actor. También podría explicarse por las carreras diferentes: tanto Navia como Almada tuvieron en Uruguay alguna participación televisiva antes de partir al programa de Tinelli.

Peña, en cambio, empezó a estudiar teatro de niño en su Minas natal, entró luego a la Comedia Municipal y cursó finalmente dos años de la Escuela Municipal de Arte Dramático (EMAD). En cuanto a presentaciones, de adolescente tenía un grupo llamado Les Luthiers Serranos, que imitaba al conjunto humorístico por el interior del país. Realizó también un programa de humor en la TV cable minuana que se llamó Lengua verde.

Hoy, ya instalado en Buenos Aires, abrió una productora y quiere producir espectáculos a Uruguay, incluso un "Gran cuñado". "Tengo la idea de hacerlo, con actores uruguayos, que son muy buenos. De hecho, he hablado con varios canales sobre ese y otros proyectos. Ojalá salgan. Tengo muchas ganas de trabajar en mi país".

-¿Cómo y cuándo se dio tu ingreso al ciclo de Tinelli?

-Yo tenía un programa humorístico en el cable de Minas y un buen día, por impulso de mi familia, junté material del programa y lo presenté en Telefe, donde Marcelo tenía el programa en ese entonces. Esto fue a finales del `95. Y yo estaba convencido de que me iban a llamar; pasó más de un año, cuando en marzo de 1997 me convocaron para un casting. Había como 400 personas, pero los productores habían visto mi material y pasé sin problemas. Ingresé primero al equipo de Pablo (Granados) y Pachu (Peña) y después, de a poquito, me fui haciendo mi lugar, con pequeños personajes en vivo: hice imitaciones de Enrique Iglesias, de Michael Jackson, después los Jaimitos. Y después, cuando el programa pasa al formato de Bailando... nunca me dejaron en banda, tampoco. Trabajé con los Midachi, con Martín Bossi (Cristina Kirchner y Mauricio Macri en Gran cuñado) y ahora, reenganchamos con el humor.

-Cuando te dijeron que harías el papel de De Narváez, ¿qué fue lo primero que hiciste? ¿Cómo lo estudiaste?

-Lo miré mucho, en videos para ir sacando el cómo hacerlo. Igual, mi trabajo es una caricatura, tomé algunas bases de él, pero luego hay que construir un personaje lo más parecido posible, pero a la vez, distinto. No hay que olvidarse que hacemos humor, no político.

-En Intrusos, inclusive, te encontraste con el verdadero De Narváez.

-Me encontraron. Me reunieron con él y la verdad que fue un momento bastante incómodo. A mí me invitaron al programa para una nota y de repente, llegó él. No estaba previsto, pero bueno, De Narváez es el dueño del canal y uno tampoco puede levantarse e irse. Igual, él puso muy buena onda y le agradezco su predisposición hacia el personaje.

-¿Hay intencionalidad en Gran Cuñado?

-No, ninguna. Nosotros estamos haciendo humor. Si a los políticos les sirve o les deja de servir, es algo de lo que no participamos. A mí me pagan por interpretar a un personaje y yo no soy de los que por plata se meten en cualquier cosa. No. Yo entro al Gran Cuñado porque la línea es que estamos haciendo humor, no meter ninguna intencionalidad política. Además, yo nunca tuve ningún tipo de presión, trabajo con libertad.

-El ciclo ha tenido gran audiencia y ahora, le va a dar un día más...

-Sí, por suerte. Me siento orgulloso, feliz, por el cariño de la gente tanto acá en Argentina como en Uruguay. Ese cariño me da ganas de hacer muchas cosas; abrí mi productora (www.mirabril.com.ar) y tenemos muchos proyectos, incluso para Uruguay.

-¿Un Gran cuñado uruguayo?

-¿Por qué no? Y con actores de ahí, que son muy buenos. Tengo ese proyecto y también otros, de ficción, de programas para niños. Tengo muchos sueños.

-¿Todo se libreta o hay lugar para la improvisación en el ciclo?

-Hay un guión, pero se improvisa mucho también. Cada uno tiene su caracterización y se manda; además, muchas partes son en vivo así que manejate, manejame. Otras se graban por los compañeros que interpretan a dos personaje.

-Hubo reacciones de molestia del gobierno argentino, ¿cómo lo tomaron ustedes en la interna?

-Es natural que haya esas reacciones. Es normal que el gobierno exponga su opinión. Pero yo creo que se hace con respeto.

-¿Cómo es el backstage, la preparación?

-Poner cada máscara lleva unas dos horas de trabajo; es un látex que se premoldea y se acomoda en la cámara. Es bastante cómoda, pero al ser tantos políticos, para estar todos listos a las 10 de la noche, hay que llegar a las 10 de la mañana y uno se pasa todo el día con la máscara puesta.

-Además de Showmatch, estrenás una obra.

-Si, el 5 de junio presento Noche de Peña, donde hago imitaciones, sketch, chistes. Estoy haciendo tratativas para llevarla a Montevideo. Ojalá se dé. No me tienen tanto como uruguayo porque no he tenido la suerte de que me nombren. Pero todo llega. Y no me molesta. Lo que sí me lastima es cuando en Uruguay hay eventos a beneficio donde se llama a los artistas para dar una mano y no me convocan. Eso me enoja porque yo quiero estar.

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