barilarius@yahoo.com
México es un país al que debemos respeto y admiración por muchas cosas.
Por haber recibido con los brazos abiertos a los exiliados de las dictaduras latinoamericanas, en primer lugar.
Por haber tenido líderes visionarios como Hidalgo, Morelos, Benito Juárez y Emiliano Zapata, que en su prédica política y social son hermanos de Artigas.
Por ser la patria de Octavio Paz y Carlos Fuentes.
Por haber dado músicos populares como José Alfredo Jiménez y Chabela Vargas, entre tantísimos otros.
Por haber artistas populares con la salud mental y la profunda autenticidad de un Cantinflas y un Chespirito.
La macana es que México también padece a Televisa.
Es como el caso de Argentina: el país de Borges, Cortázar y Piazzolla, es también el país de Marcelo Tinelli y Moria Casán.
No es aconsejable juzgar a los países por sus peores exponentes. Sería como juzgar al Uruguay por el Goyo Álvarez, por los Peirano o por este Sr. Bengoa.
Pero lo de Televisa es inenarrable.
El habitar en los Estados Unidos te pone en inevitable contacto con Televisa, gracias a su cómplice del norte, la no menos letal Univisión. Por eso estoy en condiciones de prevenirlos.
La dictadura que ejerce ese poderoso imperio comunicativo, emparejando para abajo los productos de la TV y la música, no tiene parangón.
Es cierto que Televisa tiene una competidora, su pariente pobre, TV Azteca, que compite haciendo lo mismo y peor. Así que no es consuelo.
En México no hay manera de sacar cabeza si Televisa no te quiere. Y para que Televisa te quiera, lo tuyo tiene que estar en el mínimo común denominador, tenés que jugar el juego de la farándula más descerebrada, hacer música inocua o telenovelas bodrio y tenés que quedar completamente en sus manos.
El gusto Televisa hace que las novelas sean esos culebrones infumables, donde nadie es hijo de nadie hasta que termina siendo hijo de un rico, y donde todo el mundo anda cada cinco minutos pidiéndole milagros a la Virgen de Guadalupe.
Es el gusto Televisa el que ha determinado que la música pop mexicana esté dominada por esa cosa blanduzca y empalagosa que bien conocemos.
Las estrellas son chicas como Thalía o Paulina Rubio, que nunca esperaron ser otra cosa que vedettes hasta que alguien las ha inventado como artistas de la canción.
Al pop mas bien terrajón de Alejandra Guzmán lo llaman "rock" y ella, porque se hace la loca y se viste onda sexy-groncha, le han hecho fama de "rockera".
Si eso es rock, yo soy Don Francisco.
Televisa es culpable de engendros artificiales, frankesteins de la música, como la banda Timbiriche, la farsa que es RBD o, peor aún, la "nueva" banda Timbiriche.
Gracias a Televisa, camadas de jóvenes en México y otras partes de América Latina creen que cantar jingles pop y hacer pasitos de coreografía, onda Menudo, es "rock".
En mexicano eso se llama ser "fresa", o sea frutilla, y nunca mejor puesto el nombre.
Gracias a la colonización que la TV argentina está sufriendo por parte de la TV mexicana, muy pronto los televidentes uruguayos podrán apreciar las virtudes de Televisa y TV Azteca hasta un grado hasta ahora inimaginable.
En vez de Moria Casán van a tener que bancarse a otra pulposa veterana recauchutada, de nombre Lorena Herrera. La única diferencia entre las dos, aparte del acento, es que la Herrera tiene el cabello rubio oxigenado.
Una de las ventajas del exilio económico y/o cultural, como es mi caso, es que uno, si no quiere, ni se entera de la existencia de Marcelo, de Moria, de Susana y el resto de la jauría. La alianza entre Televisa y Tinelli, Dios los cría y ellos se juntan, va a acabar con este sano privilegio.
Y ustedes, allá en la patria, vayan poniendo las barbas en remojo, porque todavía no han visto nada.