POR GONZALO SOBRAL
Cuando a principios de los 80 buena parte del cine de género dejó de interesar a un público cada vez más joven y con otros hábitos de consumo de entretenimiento, Hollywood encontró en la serialidad una buena manera de hacer rentable la industria del cine.
Ese fenómeno se extendió en el siglo XXI, con el agregado que hoy en día son las sagas fantásticas los que atrapan a los espectadores. Así lo demuestran las taquillas de Harry Potter, El Señor de los Anillos y Las crónicas de Narnia.
En pocas semanas será el estreno montevideano de La brújula dorada, primera entrega de la trilogía La materia oscura, del británico y contemporáneo Philip Pullman.
Alguien puede preguntarse qué novedades va a encontrar en otra historia con niños protagonistas de aventuras en mundos imaginarios. En la película no lo sé porque aún no la vi. Pero en los libros seguramente encuentren uno de los mejores relatos fabulados de las últimas décadas, con una acción que no se detiene, un interesante desarrollo de personajes y un uso inteligente de lo simbólico, escapando a los lugares comunes.
La historia encanta y entretiene, pero también cuestiona. Ojalá los productores de la película lo hayan entendido y no lo desperdicien.