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Hoy no hablaremos de pálidas. Ni de Bush y su presidencia imperial, ni del hundimiento de la clase media, ni del desastre provocado en la educación y el sistema de salud, ni de las corporaciones piratas que tienen al consumidor en sus manos. Ni de la creciente xenofobia impulsada por las cadenas Fox y CNN.
Hablemos de un pais que más que un país es un experimento de sociedad multinacional. Y esa parte, me tiene hipnotizado.
A cuatro cuadras de mi casa hay un barrio entero que parece Calcuta, con su calle principal llena de restaurantes hindúes alucinantes. Y para el otro lado, dos restaurantes de Etiopía, además de los consabidos griegos, chinos, mexicanos, tailandeses, japoneses, peruanos, etc., que pululan.
Pero la cosa va más allá del turismo gastronómico. Es una sensación intensa, y que crea hábito, el trabajar e interactuar a diario con gente de todas las culturas.
Y en la música, ni les cuento. Cuando este año se estrenó en la Lyric Opera de Chicago mi composición Los Cantos (basada en música indígena latinoamericana), la directora de la orquesta era coreana. La soprano, negra americana, Jonita Lattimore. En el coro había ocho nacionalidades diferentes.
Cuando presentamos la obra Yerma, de García Lorca, en el Festival Latino del prestigioso Goodman Theatre, parecido. El director del festival es puertorriqueño.
La directora de la obra y las actrices principales, de Colombia y Argentina. El coreógrafo que trabajó sobre mi música, cubano.
Este mismo equipo multinacional de Teatro Aguijón, acaba de hacer la tercera obra del uruguayo Dino Armas que se estrena en Chicago, intitulada La lujuria según Ramiro. Todo un éxito.
Un colmo fue cuando el año pasado armamos en Chicago la Orquesta Panamericana de Paquito D`Rivera.
Teníamos a Tito Carrillo, trompetista mexicano, Willy Cruz, saxo dominicano, Ángel Meléndez, trombón puertorriqueño, Oscar Stagnaro, bajista peruano, Joe Rendón, conguero chicano, Edmar Castaneda, arpista venezolano, Raul Jaurena, bandoneón uruguayo, Fareed Haque, guitarrista medio chileno medio pakistaní, Liam Teague, steel-pan de Trinidad -Tobago.
Y cuatro gringos capísimos: Jon Faddis, trompeta (negro), David Samuels en vibrafono, Marc Walker en batería y Howard Levy (judio, claro) en piano. Y sho, uruguasho, como arreglador y asistente de Paquito.
El cúmulo de experiencias diferentes, historias diferentes, diferentes trasfondos musicales y diferentes formas de ver el mundo, es completamente enriquecedor. Te da oxígeno y te abre los ojos y los oídos.
Los mussolinis que pululan a diario en la TV y la radio de Estados Unidos predicando el racismo, la xenofobia y la guerra, no se dan cuenta de que la mayor fortaleza de este país radica en su diversidad.
Además, si no fuera por la inmigración Estados Unidos estaría sumido en una crisis de población, porque el crecimiento vegetativo de los "blancos" es casi nulo.
Ahora que Estados Unidos ha generado una deuda externa descomunal con China y Arabia Saudita, la diferencia entre lo que le deberían pagar a los trabajadores latinos, y la miseria que les pagan, es lo que le pone un poco de vaselina a la crisis.
La integración es relativa y muy lenta. Hay una minoría más bien ilustrada, que se integra. Pero la mayoría de los negros viven en barrios negros, la mayoría de los mexicanos, hindúes, ucranianos, etc., en sus barrios.
Pero estas sociedades paralelas tienen frecuentes formas de intercambio y acción conjunta. Y en ese territorio comanche surgen las cosas más interesantes. Lo que me fascina, y lo que está gestando el futuro, no importa quien sea el inquilino de la Casa Blanca.