La fama y el rating son hijos de la misma madre: la gente. Sin ella no hay contratos, no hay mediciones, no hay consagraciones, no hay nada. Sólo frío, indiferencia y frustraciones. Es la gente la que levanta el pulgar del éxito o baja el dedo del fracaso. Pero esa misma gente elige muchas veces, qué es bueno o malo para su provecho. Pero no siempre lo disfruta. Es como cuando todo un pueblo se vuelca a las urnas y elige su candidato. que resulta electo, tiene decisión mayoritaria y cuenta con el apoyo de la gente. Pero después, siendo gobierno, no cumple con las expectativas, defrauda y termina lastimando.
Algo parecido pasa con la fama y el rating, soberanos de las grandes elecciones populares. Pero sería bueno repasar para adentro las raíces que originan estos destinos. Porque se puede ser famoso desde la vergüenza, la delincuencia, la morbosidad, la humillación... ¿Quién va a objetar la triste fama de un Al Capone? ¿Quién puede obviar la trascendencia bíblica de un Judas traidor? Y ellos hicieron historia y nadie los olvida, pero a qué precio.
Y lo mismo puede ocurrir con el rating. Podés romper con todas las mediciones. Podés desbordar de llamados telefónicos un programa... Pero también debería importar la forma. Y la gota que desbordó el vaso fue el baile del caño que implementó Tinelli, en el que Nazarena Vélez se quedó a un milímetro de la pornografía. Una cosa es una coreografía erótica, otra cosa es cumplir con un ritual casi porno, cuando se veía que en el estudio donde se realizaba el baile había chicos menores de 10 años que participaban del espectáculo.
¿Era necesario? Que Nazarena pasara su enjugada lengua longitudinalmente por la redondez de un caño que supo ser prostibulario y hoy resulta de moneda corriente, podía haber sido evitado. Sobre todo cuando el programa era grabado. Pero igualmente se buscó el efecto, como cuando se sacó el sutién para dejar sus pechos al aire, que ni siquiera tapó cuando terminó su rutina y se fue a hablar con Marcelo.
La censura sigue sin ser el camino, pero quienes manejan los destinos de los canales y de los programas deberían bajarse por un ratito de las dictaduras de la fama y el rating y pensar en el atrás de cámaras. Hay chicos. Sería muy, pero muy fácil hacer televisión trasmitiendo en cadena con el Canal Venus y la repercusión y las mediciones no fallarían, pero cuál sería el costo de semejante decisión... ¡Muchachos, somos grandes! Chau, hasta el Sábado... Show.