Tony Ramos: el griego

| Es uno de los grandes actores de la escena brasileña y lo volvió a demostrar con la gran composición de un griego bohemio que hizo el año pasado para Belíssima, telenovela que hoy emite Teledoce.

Nikos Petrakis es el típico bohemio que frecuenta la movida nocturna de la isla griega en la que vive. Su esposa se escapó a Brasil con un turco, llevando en el vientre un hijo suyo que ahora Nikos quiere conocer.

-¿Cómo es su personaje?

-Es un "self made man" que trabajó mucho en todo y hace de todo un poco. Trabajó en turismo, restaurantes, en la Marina Mercante, fue guía turístico en una isla. Es un hombre de mundo, un ciudadano del mundo que habla griego, italiano y un poco de francés y de inglés. Tiene una nobleza de espíritu muy fuerte. Cuando se entera de que tiene un hijo en Brasil, lo quiere conocer y esa es su lucha.

-¿Qué puede esperar el público de Belíssima?

-Es una telenovela llena de suspenso porque el autor, Silvio de Abreu, adora la obra de Hitchcock y siempre escribe buenas tramas policiales, como La próxima víctima o Torre de Babel. Es una historia llena de sorpresas en la que ninguno, ni siquiera nosotros en el elenco, puede armar su rompecabezas. Además hay amor, afecto y relaciones de este tiempo.

-¿Cómo fue el clima tras bastidores?

-¡El mejor posible! Un grupo de buenos compañeros, amigos queridos, desde los más viejos actores a los más jóvenes. Todos trabajamos juntos y no lo digo por ser parte del elenco. Fui a Grecia dos veces y las imágenes de allá son deslumbrantes. Como los propios griegos dijeron: pocas veces la televisión mostró en una ficción imágenes tan bonitas acopladas a una historia que las hizo tan pertinentes.

-En la historia, usted es un griego en Brasil, ¿cómo ve el tema de la inmigración?

-Todo inmigrante, cuando sale de su tierra natal y deja a sus parientes más queridos, amigos, etc., lo hace por necesidad. Cuanto más globalizado es el mundo, más ocurre. Ya pasó con nuestros abuelos y bisabuelos. Yo soy de una familia hispano-ibérica porque la Península Ibérica tiene españoles, portugueses y también italianos; es una mezcla adorable. Mi familia vino de Europa hace ciento y pico de años. Por eso sé cuán importante es la historia de la inmigración y cuán importante es un inmigrante para la historia de un país. Un país, cuando es demócrata, se hace con todas las fuerzas, con todos los brazos y manos. Es claro que hoy tenemos una serie de problemas con la inmigración que deben ser discutidos, como la inmigración ilegal. Pero, en general, la inmigración es bienvenida, necesaria y hace a la integración de todos los pueblos. Además, genera un mercado nuevo en el propio mercado nacional. Siempre habrá inmigración porque, de alguna forma, siempre habrá alguien buscando nuevos caminos, nuevos momentos en otros países con mejores condiciones de trabajo. Incluso, en países donde la gente tiene mejores condiciones laborales, también emigran, como ya pasó varias veces de Estados Unidos a Brasil. En el Estado de San Pablo hay una ciudad fundada por los americanos que se llama Americana. También tenemos inmigración inglesa, suiza y, principalmente en el sur del Brasil, alemana y polaca. Creo que la inmigración es una contingencia natural y normal de los pueblos. Pero es claro que es duro, que muchas veces quienes emigran les gustaría no tener que hacerlo, pero eso es otra historia.

-¿Cómo compuso al griego que interpreta?

-Para empezar a estudiar a Nikos Petrakis, comencé con clases de griego con dos profesores griegos: uno de la Universidad de San Pablo USP, muy grande aquí en Brasil, el profesor Dimitris, y el otro el profesor Manoles de la UERJ, otra Universidad de Rio de Janeiro. Durante la telenovela, una griega, doña Yula, nos ayudó. En todos los momentos, ella estaba presente y discutíamos términos, porque como estábamos haciendo una telenovela en portugués, no podíamos hablar todo el tiempo en griego. Pero todas mis escenas en Grecia son habladas en griego con subtítulos en el idioma del país en que se emite. También tuve acceso a una serie de investigaciones realizada por la división de arte de la novela, que me dio varios libros para que leyese. Además, antes de grabar fui a Grecia y filmaba cosas con mi propia cámara: bares, misas de domingo, fútbol, restaurantes. Dejaba la cámara encima de la mesa y me preocupaba por los sonidos. Empecé por el sonido de la lengua y por la forma de manifestarse las personas. A partir de allí fui creando a Nikos. Y, a partir de la convivencia con los griegos que conozco de Brasil, fui entendiendo el acento. El cambio que tenía que haber entre un portugués hablado por mi personaje y el portugués que uso normalmente en Brasil. Por una serie de factores que se fueron juntando, tengo el placer de decir que me volví medio griego. ¡Soy griego! Pasé un buen tiempo intentando comprender cada vez más la sabiduría griega. Se trata de un pueblo que tiene seis mil años de historia... no son apenas seiscientos o sesenta. ¡Son seis mil! Y qué historia rica y encantadora tiene el pueblo griego.

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