Aldo (Diego Peretti) es un hombre metódico al extremo. Es dueño de un lavadero de autos, su heladera está llena de recipientes con la comida de cada día, ve religiosamente a su padre (el uruguayo Andrés Pazos) todo los domingos y vive en una casa dividida en dos departamentos del cual alquila uno. Su nueva inquilina es Andrea (Carolina Peleritti), una fotógrafa que es su antítesis: ha pasado los últimos 15 años viviendo en distintas partes del mundo, no tiene horarios ni rutina, y está embarazada de no sabe quién porque su vida sexual es completamente liberal. Por aquello de que los opuestos se atraen, estos dos no tardarán en caer en las redes del amor que, mientras sólo de ceder a las pasiones se trate, estará todo bien, pero cuando entre a tallar la convivencia la cosa se complicará porque ninguno querrá dar el brazo a torcer (en eso sí se parecen). Juan Taratuto, que ya sorprendiera con Nos sos vos, soy yo, vuelve a un relato de personajes en Quién dice que es fácil, presentando con calidez una historia de amor en la que quizás se cae en estereotipos, pero no por ello se pierde la frescura y la credibilidad que llevan a pensar que a veces los cambios no son sólo buenos, sino necesarios.