Pocos compatriotas están al tanto de los aconteceres del departamento de Río Blanco y su capital, la progresista ciudad de Río Blanco, que proclaman sin disimulo esta falta de notoriedad.
Según ellos, los rioblanquenses saben aún más cuentos que los treintaytresinos, tienen mejores playas que los rochenses, más mitos que los tacuaremboenses y son más productivos que los colonienses.
Pero su mayor orgullo es la humildad.
Los héroes departamentales son los Soldados Desconocidos de Lavalleja.
Todo el mundo sabe que los 33 Orientales eran como 47. Pero esos Orientales faltantes eran todos rioblanquenses y, de tan discretos, no quisieron salir en el cuadro de Blanes.
Claro que en esa época la capital departamental no se llamaba Río Blanco, sino Paso de la Chonga, en homenaje a una famosa madama que tuvo la pupila de poner casa en ese estratégico paso sobre el Arroyo Blanco.
Luego de la emancipación, los notables de la zona, que con la típica discreción rioblanquense apenas se hacían notar, opinaron que Paso de la Chonga no era nombre como para una capital. Un poco como los porongueros, cuando decidieron cambiar el nombre de su metrópoli a Trinidad.
Paso de la Chonga, que entonces contaba con 43 casas, lo de la Chonga, la pulpería anexa y una comisaría en pésimas condiciones, pasó a llamarse Río Blanco.
"Es que taba cantado el nombre", comentó Don Tifoideo Pelonga, primer Intendente de Río Blanco.
Don Tifoideo, veterano de la Revolución Tricolor, murió siendo hincha rabioso de Peñarol, una contradicción que hasta el día de hoy aflige e intriga a su nieto, el conocido psicólogo radial, Licenciado Jorge Pelonga.
Quizás en la falta de perfil del departamento influya que sus principales recursos son los postres Chajá, los serranitos y las tangerinas, rubros en los que otros departamentos cantaron primero.
La mayor crisis histórica enfrentada por los rioblanquenses comenzó el día que se fundió la ONDA.
En vez de aquel heroico ómnibus semanal, se tuvieron que conformar con un tren cada tanto, cuando a la AFE le daba por hacer milagros.
La llegada del ferrocarril es todavía una de las mercedes más solicitadas en la iglesia de Río Blanco, declara a SÁBADO SHOW su párroco, el Padre Carlos Del Mate.
El Padre Carlos rompió con las asordinadas costumbres locales al presentarse a las elecciones para Papa. El único voto le fue otorgado por Monseñor Johnny Deltomate, el cardenal hippie de San Francisco. Motivo por el cual ahora los graciosos del pueblo lo gozan y le dicen Padre Fadol. En cambio sus amigos lo llaman, afectuosamente, Juan XXIV. Ninguno de esos apodos molesta al campechano presbítero.
Junto con otros insignes rioblanquenses, como el actual Intendente Brillito Pérez, el Dr. Benqueisi Menéndez, Adalberto Pelonga (padre de Jorge) y el Prof. Armando Bardo, el Padre Del Mate supo vivir momentos difíciles.
Fue cuando alguien le engrasó las manijas del cajón al finado Intendente del proceso cívico militar, Ramsés Lambetta.
El féretro, escapando al control de la alelada guardia de honor, salió de la Intendencia escaleras abajo y como por un tubo, irrumpiendo en la plaza entre un desparramo de caballos encabritados, "chanchitas" frenando, peatones despavoridos y caos generalizado.
Las crónicas cuentan con orgullo que ciudadanos de todos los pelos, indagados personalmente por un tal Mayor Brusco, a la pregunta de: ¿QUIÉN LE ENGRASÓ LAS MANIJAS AL SEÑOR INTENDENTE?, respondieron, altivos y unánimes: ¡RÍO BLANCO!
Por más información leer Río Blanco en la génesis nacional, de Barrán y Nahum, y el trabajo pionero de Pivel Devoto en la Revista Histórica Nacional.
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