Santoro pisa fuerte en EE.UU.

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El retorno de Jack, Kate, Sawyer y compañía tiene un efecto colateral: mucha gente va a volver a perder el sueño intentando descifrar los números misteriosos de la isla. Si sirve de consuelo, una de las nuevas caras de Lost está tan perdido como los telespectadores. Se trata del brasileño Rodrigo Santoro, que interpreta al personaje de Paulo a partir del tercer episodio de esta temporada.

"Cuando llegué acá (Hawai, donde se graba la serie), la primera cosa que me dijeron fue `bienvenido al Club De Los Que No Saben Nada`", contó el actor de 31 años en entrevista con Globo. Por su participación en la serie, Santoro fue protagonista de una nota de ocho páginas en la última edición de la renombrada revista americana GQ. La publicación dice que Hollywood quiere transformar al actor en estrella, pero entiende que él pueda no querer eso. Santoro, que hace de villano en 300, blockbuster que se estrenará en cines a fines de este mes, dice que no piensa en ese tema. "Para mí, lo más importante es la experiencia y mi foco es siempre el presente", asegura.

¿Tomás tu participación en Lost como un mojón en tu carrera?

-Sin duda Lost ha sido una experiencia única. La estructura dramática de la serie es diferente de todo lo que he hecho. El actor no tiene información suficiente para construir el personaje y, en cierta forma, eso genera incomodidad. Por otro lado, es muy interesante la posibilidad de trabajar con el ahora, el momento, y recibir el guión poquísimos días antes de grabar, estudiar y estar pronto para ejecutar la escena con la frescura del momento, sin muchas referencias. El guión es el único material disponible. Nunca había trabajado de esa forma. Lo bueno de esta experiencia es confiar en lo que los autores están escribiendo y tener fe absoluta en lo que uno está haciendo. Creo que el motivo para que los autores entreguen el guión tan encima de las grabaciones es porque quieren hacer que el elenco se sienta perdido. Eso es Lost.

-Vivir en Hawai no debe ser precisamente algo malo, ¿no?

-Vivo en Rio hace algún tiempo, pero nací en Petrópolis. Ahí andaba en skate, pero siempre fui un apasionado del surf y veía muchos videos con mis amigos. Empecé este deporte de casualidad. Venía a Rio una vez cada dos meses y hacía surf en la playa de prestado. Poder surfear en Hawai es la realización de un sueño. Personalmente, es un momento muy especial para mí. Tengo el placer de estudiar el texto y cada vez que llega el guión, lo devoro. Nunca leí tan rápido y es muy bueno si se tiene un texto que inspira y estimula.

-¿Cómo definirías a tu personaje?

-No puedo definir lo que no sé… Y sobre las pocas informaciones que recibo durante las grabaciones, no puedo hablar.

-¿Imaginás cuál es el futuro de tu personaje en la serie? ¿Tenés alguna pista?

-Misterio… Cuando llegué allá, la primera cosa que me dijeron fue "bienvenido al Club De Los Que No Saben Nada". Pero puedo decir que el público va a conocer un poco más sobre Paulo.

-¿Cuál de las teorías relacionadas con la isla encontrás más estrafalaria y cuál la más interesante? -Todavía no conseguí llegar a una conclusión. Todo en Lost es un misterio, tanto desde el punto de vista de un espectador como de un actor que está participando de la serie. Dejo eso para los especialistas.

-Hace mucho que se habla de tu carrera internacional, ¿hasta dónde querés que llegue?

-No pienso en eso. Para mí, lo más importante es la experiencia, mi foco está siempre en el presente. Trato de aprovechar al máximo las oportunidades que surgen y me sumerjo de cabeza.

-¿Cómo fue filmar 300, adaptación del cómic homónimo de Frank Miller?

-Esta experiencia fue sensacional y me enseñó mucho. Nunca había trabajado con el "croma key" (técnica que permite filmar algo sobre un fondo azul o verde y después cambiar ese fondo por imágenes), no estaba familiarizado con el universo de las historias en cuadritos y nunca había hecho un personaje como Jerjes, una criatura sobrenatural. Cree que es un dios y se comporta como tal. Es megalomaníaco, egocéntrico, vanidoso e inseguro. Jerjes es un personaje ambiguo, demuestra una serie de conflictos y tiene una apariencia exótica, bizarra. Es un gigante de tres metros de altura, con la voz grave como un trombón. Cuando vi el resultado final, me sorprendí y quedé muy feliz. La película está muy bien hecha, quedé impresionado.

-¿Cuánto duró el rodaje?

-Mi trabajo duró un mes y, en la mayoría de las escenas, actuaba solo, con el fondo azul, usando cien por ciento mi imaginación. Eso sin hablar de la preparación física. Cuando hice la segunda temporada de la miniserie de TV Globo Hoje é dia de Maria tenía 11 kilos menos. Con la preparación de mi personal trainer, Roberto Rodrigues, en cuatro meses adquirí la masa muscular necesaria para interpretar a Jerjes. Y la construcción del personaje fue toda en torno al ego de alguien que dice ser Dios y crea un personaje para sí. También tuve una preparación vocal. A pedido del director, usé un tono más grave para que después él pudiera aplicar el efecto que daría una característica sobrenatural a la voz del personaje.

-Las personas que ya vieron la película dicen que tu personaje ganó más espacio en la película que en el cómic.

-No sé si el personaje ganó un espacio mayor en número de escenas en relación a los cuadritos, pero sin duda ganó más fuerza. El espectador está un buen tiempo oyendo hablar de él hasta que aparece. Sus características son tan exóticas que, materializado, Jerjes gana fuerza extra.

-Hablame un poco sobre el proyecto de filmar la vida de Carlos Gardel. ¿Alfonso Arau va a ser el director?

-Arau está al frente de ese proyecto y el texto se está escribiendo. Yo recibí la propuesta, pero todavía no acordé nada.

-¿En qué anda la película sobre Heleno de Freitas?

-Viento en popa. Hablé con el director, José Enrique Fonseca, y el texto está en el tercer o cuarto tratamiento. Es un proyecto en el que creo mucho. Es un personaje increíble, estoy muy entusiasmado.

-¿Cuál es la principal diferencia entre filmar en Estados Unidos y hacerlo en Brasil?

-En Estados Unidos, el cine tiene un mercado muy fuerte y competitivo, con mucho dinero en circulación. En Brasil, el mercado se está solidificando cada vez más y encuentro que la calidad de las producciones nacionales no deja nada en el debe. Talento Brasil tiene de sobra y siento mucho orgullo en ser parte de esta generación. Nuestro cine está en ascenso y, si la gente tiene condiciones para seguir, el camino es éste. Claro que existen cuestiones de distribución, exhibición, incentivos fiscales, que precisan ser resueltos, pero en relación a la materia prima, estamos en un nivel muy elevado. Es lindo ver a Brasil expresándose a través del cine. Está encontrando su voz.

-¿Ya viste la versión final de Desafinados?

-La película está en proceso de finalización, pero vi los dos últimos cortes y la adoré. Es una película de la que me gustó participar, que habla de la amistad, la música, las relaciones y, además, tiene toda la historia de la bossa nova. Yo sufría viendo a Walter Lima Jr., que es un director excepcional y extremadamente talentoso, con tantas dificultades para finalizar el proyecto. Espero, de corazón, que la película se estrene este año.

-¿Pensás en volver a hacer telenovelas?

-Trabajé en telenovelas durante diez años y, en este momento, le doy prioridad a proyectos más cortos y variados. Es una manera de reciclar. No tengo ningún preconcepto, al contrario. Hice escuela con la novela y encuentro que es un ejercicio importantísimo para un actor. El único problema es la duración.

-¿Recientemente te ha surgido algún proyecto en Estados Unidos?

-Tengo leído algunos guiones en Estados Unidos y en Brasil, pero no hay nada arreglado.

-¿Te preocupa la expectativa de cómo vas a ser recibido en el exterior, la discusión de si Rodrigo defraudó o no defraudó?

-Evito crear cualquier tipo de expectativa en mi vida porque mi foco está en el presente e intento vivirlo con la mayor intensidad posible. En el trabajo funciono de la misma manera. No tengo cómo controlar la opinión ajena y, por eso, no le doy importancia a las expectativas.

Bruno Porto (O Globo - GDA)

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