–¿De dónde surgió la idea de "Kamchatka"?
–Con el libretista Marcelo Figueras estábamos
trabajando en la idea desde hace una década y
ciertamente aquella historia original nacía donde
termina "Kamchatka" y se desarrollaba desde ahí. El
problema era que pasaba el tiempo y no
terminábamos de darle forma. Así que un día
decidimos que queríamos contar lo que pasaba antes
del punto de comienzo.
–Desde el punto de vista de la historia esta es la más
encerrada de tus películas, porque se concentra en
una familia y sus problemas, sin líneas paralelas de
narración...
–Tiene menos líneas narrativas que mis películas
anteriores, donde las líneas se entrecruzaban
continuamente. En este caso todo nos lleva a
encerrarnos con la familia protagonista y seguir su
historia. En el caso de "Plata quemada", que podia
tratarse de una película más claustrofóbica que ésta
desde el punto de vista del encierro, era más coral
desde el lado de las historias de los protagonistas.
Esta fue una película de mucha concentración, de
mayor trabajo con los actores, sin toda la parafernalia
exterior.
–¿También buscaste una mayor subjetividad desde
ese narrador infantil?
–Lo que aquí aparece es una subjetividad de primera
persona impresionante, seguramente en mi próxima
película vuelva a explorar por otro lado. Esto lo empece
a buscar en "Cenizas del paraíso", donde había una
pluralidad de voces del relato siempre en primera
persona y reflexionaba sobre esa estructura de voces
en el relato, sobre lo que oculta y lo que muestra. En
"Plata quemada" partimos de un relator omnisciente
para ir cada vez subjetivando más en las voces del
relato y acá parto de la subjetividad total. Estas son
cosas que vengo trabajando desde hace tiempo.
–¿Fue difícil conseguir a los niños protagonistas?
–Fue un casting para más de 700 chicos y hubo como
15 pruebas para los últimos, hasta lograr la pareja
final de Matías y Milton. Y me he dado cuenta que en el
caso de elegir niños hay elementos de juicio que
pasan por la intuición, porque hay cosas como la
resistencia a 10 semanas de rodaje que no sabés
bien cómo van a funcionar y eso no lo podés ver en un
casting. Por fuera de las pruebas de selección creo
que tuvimos una suerte bárbara.
–Es la primera vez que trabajás con niños, ¿qué tal fue
la experiencia?
–Las cosas les salen más naturales, es que actuar en
el fondo es jugar y para ellos es parte de la vida. De
repente para un adulto, que tiene más defensas, para
desarmar las defensas tiene que estudiar y prepararse
mucho. Yo me había armado una serie de teorías
antes de empezar a filmar y no me sirvieron para nada,
todo salió en el rodaje, jugando entre todo el equipo de
producción, bailando al ritmo que querían los chicos.
Dirigirlos fue una experiencia muy satisfactoria y ellos
cumplieron con seriedad.
–En un principio se había hablado de Leonardo
Sbaraglia como protagonista, en el papel que
finalmente interpreta Ricardo Darín...
–En realidad con Leo hicimos todas las películas
juntos y esta vez queríamos seguir la tradición. Pero en
un punto de desarrollo del guión nos aparecía la
imagen de Cecilia Roth como la madre y eso no
funcionaba con Leo haciendo de padre. Y ahí empecé
a darme cuenta que el personaje requería del actor
determinadas cosas que en Leo no son tan evidentes,
así que lo hablé con él y se lo terminé ofreciendo a
Ricardo, en quien pensaba cada vez más. Con la
película terminada me doy cuenta que eran la pareja
ideal para esta historia y por suerte el público lo ha
entendido así.
–Es la primera vez que en tu carrera tocás el tema de
la dictadura militar de manera tan directa, si bien había
sido el telón de fondo de tu primera película...
–"Kamchatka" conecta mucho con "Tango Feroz", que
en definitiva contaba los comienzos de la maquinaria
asesina de la dictadura. Si bien son películas
diferentes les veo conexiones profundas. En términos
de peripecias se relaciona con "Plata quemada". Pero
ésta sería el positivo de todas aquellas películas.
–¿ Es Kamchatka" una película política?
–En el fondo toda película es política, aunque no me
considero un director político. En realidad soy un
director de historias de gente arrasada por los marcos
históricos en los que les tocó vivir.
–Dado el éxito de tu cine en el extranjero y dada la
situación económica de la región, ¿no te dan ganas de
ir a filmar a otro lado?
–Filmo muy cómodo acá. Siento que puedo hacer
mejores películas acá que en otro sitio. El compromiso
que tengo con una película como "Kamchatka", que
creo es mi mejor película, no creo poder tenerlo con
una película hecha en otro sitio.
–Quizás poca gente sepa la importancia de tus
consejos en el desarrollo inicial de la película de
Diego Arsuaga "Corazón de fuego", que comenzó a
gestarse mientras filmabas "Plata quemada" en
Montevideo. ¿Viste la película?
–Sí y me gustó mucho. Por eso me pareció injusto
como la trató la crítica en Argentina. Y me alegró
mucho como le ha ido a nivel internacional.
En Buenos Aires, Gonzalo Sobral