La tortura como show

Preguntas "a lo Guantánamo" en parque de juegos y atracciones

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La feria de atracciones de Coney Island, en las afueras de Nueva York, es uno de los paseos más tradicionales para los habitantes de la Gran Manzana.

El parque de juegos y diversiones es tan familiar que escritores como F. Scott Fitzgerald y cineastas como Woody Allen han ambientado historias entre la montaña rusa de madera y las exhibiciones de freaks de todo tipo, como la mujer barbuda o el hombre tragasable.

Desde hace unos días hay una nueva atracción para los visitantes: una sesión de tortura, inspirada en las que se realizan en la base militar estadounidense en Guantánamo, Cuba.

Según relata la corresponsal del diario español El País, Andrea Aguilar, la sesión simulada comienza apenas el interesado paga un dólar: "A través de una reja, se ve a un robot vestido con uno de los mamelucos naranja de los prisioneros de la base estadounidense. Está tumbado y atado a una tabla. Otro, con sudadera de capucha negra, sujeta una jarra de metal con agua. Cuando el billete entra en la ranura, el agua cae sobre la cara del preso, que se revuelve y gime. El artista recaudó 140 dólares el primer día".

La idea fue de Steve Powers y la polémica se instaló inmediatamente. Un activista de una ONG llamada El Mundo No Puede Esperar, se instaló al lado de la atracción para repartir folletos entre los que asisten al espectáculo. "Un gobierno que tortura es criminal. Pinochet en Chile o Ríos en Guatemala negaban las torturas. El gobierno de Bush las reconoce", dicen los panfletos, aludiendo a que las técnicas de interrogación, defendidas por la actual administración, son condenadas por la Convención de Ginebra.

Pero otros defendieron la idea de Powers. Uno de los consultados por El País en la feria dijo que "el artista quiere demostrar que esto es tortura aunque el gobierno lo niegue, y lo hace de una manera algo simple. Porque la gente no presta atención a esto, lo que más les preocupa es el precio de la gasolina".

Otro asistente se quejó de la falta de verosimilitud y reclamó actores de carne y hueso: "Si se trata de sorprender y dar miedo, sería más efectivo si se mostrara tal y como ocurre", afirmó uno de los que pagaron un dólar. Por las dudas, Powers puso un texto al lado de la nueva atracción: "Tranquilo. Es sólo un sueño".

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