Música celestial

Le decían Satchmo y su trompeta hizo que el mundo fuera mucho más hermoso.

 20080704 louis amstrong 454x600
El País

Fernán R. Cisnero

El sonido de su trompeta, ese ritmo, su voz y un rostro que siempre se recuerda sonriente aún representan el sentir del jazz, un género que ayudó a fundar y que con sus cadencias, sus improvisaciones y sus ritmos sincopados seguirá siendo por siempre la banda de sonido de tiempos más inquietos y más esperanzadores. Todo eso se le debe a Louis "Satchmo" Armstrong. Mañana se cumplen 37 años de su muerte.

Empezó en lo más abajo de la sociedad de su época: pobrísimo nieto de esclavos en una tugurizada Nueva Orleans de comienzos del siglo pasado. Descubrió la música en los prostíbulos y, en lugar tan pagano, pronto se percató que Dios había dejado olvidada un montón de magia en sus enormes labios y en sus inagotables pulmones. Allí inició un viaje que lo llevó a conquistar el mundo, tocar para presidentes, aparecer en películas y, más que todo eso, darle alegría y consuelo a varias generaciones que bien los necesitaban.

Hace un tiempo, un guitarrista que no viene al caso mencionar, habló de los "músicos sanadores", aquellos que con su arte son capaces de hacer de quien los escucha una mejor persona. Louis Armstrong, quién lo duda, fue uno de ellos. Ese era otro de sus tantos dones. u

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar